Capítulo 67: Autorrealización, parte 2
En las alturas de Hogwarts, donde las habitaciones y los pasillos cambiaban a diario, donde el territorio en sí era incierto y no solo el mapa, donde la estabilidad del castillo empezaba a deshilacharse en sueños y caos sin cambiar su estilo arquitectónico ni su aparente solidez… en las alturas de Hogwarts, pronto iba a librarse una batalla.
La presencia de tantos estudiantes estabilizaría los pasillos durante un tiempo, por fuerza de observación constante. Las habitaciones y los pasillos de Hogwarts a veces se movían incluso mientras la gente los miraba directamente, pero no cambiaban. Incluso después de ocho siglos, Hogwarts seguía siendo un poco tímido a la hora de cambiar delante de la gente.
Pero pese a aquella permanencia transitoria —había dicho el profesor de Defensa—, las zonas altas de Hogwarts seguían teniendo un realismo militar: había que aprenderse el terreno de nuevo cada vez, y volver a comprobar cada armario por si había pasadizos secretos.
Era domingo, domingo uno de marzo. El profesor Quirrell se había recuperado lo suficiente para volver a supervisar batallas, y todos estaban poniéndose al día con el retraso acumulado.
El general Dragón, Draco Malfoy, observaba dos brújulas que sostenía, una en cada mano. Una brújula era del color del Sol, la otra tenía un brillo multicolor e irisado para indicar el Caos. Los otros dos generales, lo sabía Draco, habían recibido sus propias brújulas; solo la mano de Hermione Granger y la mano de Harry Potter sostendrían una brújula rojo anaranjada que parpadeaba en sus reflejos como fuego, apuntando siempre hacia la dirección del contingente activo más grande del Ejército Dragón.
Sin aquellas brújulas podrían haberse pasado días buscando y no encontrarse nunca, lo cual era un peligro territorial propio de luchar en los niveles superiores de Hogwarts.
Draco tenía un mal presentimiento sobre lo que ocurriría cuando el Ejército Dragón encontrase a la Legión del Caos. Harry Potter había cambiado desde que Bellatrix Black había escapado; el Heredero de Slytherin había empezado a parecer verdaderamente señorial ahora —¿y cómo había sabido el profesor Quirrell que eso ocurriría?—. Draco se habría sentido mucho mejor con Hermione Granger junto a él, con sus veintitrés soldados Sunshine a remolque, pero no: la general Sunshine estaba siendo estúpidamente orgullosa y se negaba a aceptar ayuda contra el general Potter.
Quería derribar a Potter ella sola, le había dicho.
La Noble y Antiquísima Casa de Malfoy había mantenido su influencia sobre Gran Bretaña durante siglos entendiendo que no siempre podías ser el más poderoso. A veces otro lord sencillamente era más fuerte, y tenías que conformarte con ser su principal teniente. Podías construir una posición considerable de riqueza y poder a lo largo de una docena de generaciones siendo el segundo al mando. Solo tenías que tener cuidado, cada vez, de no dejar que tu Casa cayera arrastrada por la caída del lord al que servías.
Esa era la tradición Malfoy que siglos de experiencia habían afinado…
Y por eso Padre le había explicado exhaustivamente a Draco que, si se encontraba con alguien que era obviamente más fuerte que él, Draco no debía resentirse por ello ni negarlo ni montar una rabieta que pudiera sabotear su posición potencial, sino asegurarse de que su lugar en la estructura de poder de la siguiente generación no fuera inferior al segundo.
Granger, por lo visto, nunca había recibido esa charla de sus propios padres, y seguía negando el hecho obvio de que Harry Potter se estaba volviendo más fuerte que ella.
Así que Draco se había reunido en secreto con el capitán Goldstein, la capitana Bones y el capitán Macmillan, y habían acordado hacer todo lo posible para asegurarse de que Dragón y Sunshine no se enfrentaran entre sí antes de enfrentarse a la amenaza mayor del Caos.
En realidad no violaba el acuerdo contra traidores; no estabas solicitando traidores si sinceramente pretendías ayudar al otro ejército.
Un tono alto y cristalino resonó por los pasillos para señalar el comienzo de la batalla, y un momento después Draco gritó:
—¡Vamos!
Y los Dragones echaron a correr. Cansaría a sus soldados, les costaría algo incluso después de detenerse y recuperar el aliento, pero tenían que poner al Caos directamente entre ellos y el Regimiento Sunshine.
Harry y Neville caminaban a paso tranquilo por los pasillos, Harry observando la brújula amarillo-dorada que apuntaba hacia la ubicación del Regimiento Sunshine, y Neville vigilando por si se encontraban con alguien más.
Sus pasos sonaban un poco pesados, si uno escuchaba con atención.
—Así que —dijo el teniente Caótico después de un rato—, por eso nos hiciste practicar duelos con todo ese peso atado encima.
Harry asintió, manteniendo los ojos en la brújula que conducía a Sunshine; si la dirección aparente empezaba a cambiar rápidamente, significaría que se estaban acercando.
—No quería decir nada delante de los demás, pero un par de semanas no es mucho tiempo para ganar músculo extra —dijo Neville—. Y el equilibrio es distinto, y creo que en realidad esto pesa más, y ¿no cuenta esto como transformar un artefacto muggle?
—Nope —dijo Harry—. Lo comprobé de antemano. Se puede ver en las estatuas de Hogwarts, así que algunos magos solían llevarlo, aunque solo fuera por moda en la Edad Media. —Y como nadie intentaría jamás eso si no estuviera luchando contra alumnos de primero que usaban hechizos débiles como el Hechizo de Sueño, tampoco contaba como regalar buenas ideas.
Llegaron a una bifurcación en Y, una de las molestas; ninguno de los dos pasillos giraba de forma que los pusiera en una trayectoria directa de intercepción hacia donde iría Sunshine mientras seguían a la Legión del Caos siguiendo al Ejército Dragón. Así que Harry eligió la que parecía la mejor de las dos opciones, y Neville lo siguió.
—Será mejor que intentemos un rápido encantamiento silenciador sobre esta cosa cuando estemos cerca —dijo Neville—. Hace bastante ruido, podrían darse cuenta.
Harry asintió, y luego dijo:
—Buena idea.
Por si Neville no lo había estado mirando.
Siguieron avanzando pesadamente por el pasillo de suelo de piedra de la zona alta de Hogwarts, iluminado por ventanas de vidrio transparente o vidrieras, pasando de vez en cuando junto a estatuas de brujas y dragones e incluso algún que otro mago-caballero con armadura de placas o cota de malla.
Los soldados Sunshine avanzaban por un pasillo largo y ancho con las varitas fuera y apuntando. No podían usar el Escudo Prismático mientras maniobraban, pero Parvati Patil y Jenny Rustad mantenían ahora mismo Contegos alrededor del grupo de oficiales, que serían los primeros blancos de cualquier emboscada.
Su táctica para la siguiente batalla, habían decidido ella y sus oficiales, sería mezclarse directamente con los soldados enemigos lo más rápido posible, después de haber practicado entre ellos cómo apoyarse unos a otros, evitar darse entre sí y ponerse en posiciones en las que los soldados enemigos vacilarían antes de disparar. Solo habían tenido cuatro horas de práctica, pero Hermione pensaba que sus tropas ya serían mejores en esa clase de combate mezclado que soldados que no hubieran practicado nada.
Parecía el tipo de táctica que usaría el Caos, aunque ellos todavía no la habían usado.
Era una buena estrategia, creía ella. Y aun así, por mucho que hubiera sermoneado a sus soldados, estos habían persistido en susurrar rumores temerosos sobre lo que Harry y Neville estaban aprendiendo a hacer. Finalmente se había marchado a hablar con el capitán Goldstein, que entendía cosas como la moral de las tropas, y Anthony había sugerido…
—Eso es raro —dijo de pronto el capitán Macmillan, frunciendo el ceño ante las brújulas ardiente e irisada que sostenía, una en cada mano. Ernie era, como lo habría llamado Harry, «bueno en visualización espacial», y por eso había sido designado para sostener ambas brújulas e intentar descifrar qué estaban haciendo sus enemigos—. Creo que… Dragón ya no se mueve rápido… Creo que llegaron antes al otro lado del Caos respecto a nosotros… y parece que el Caos se mueve para atacarlos en vez de intentar maniobrar para salir de entre ambos.
Hermione frunció el ceño, intentando entender, y vio ceños similares en los rostros de Anthony y Ron. Si Caos y Dragón se atacaban directamente, y gastaban todas sus fuerzas luchando entre sí, eso era prácticamente concederle la batalla a Sunshine…
—Potter cree que estamos aliados, así que está atacando a Malfoy ahora, antes de que Dragón pueda enlazar con nosotros —dijo Blaise Zabini desde las filas comunes de soldados—. O Potter sencillamente cree que puede vencer a ambos ejércitos seguidos si los ataca por separado. —El chico de Slytherin soltó un suspiro condescendiente—. ¿Vais a ascenderme de nuevo a oficial ahora? Sois inútiles sin mí, ya sabéis.
Todos ignoraron los ruidos parlantes que salían de la boca de Zabini.
—¿Seguimos moviéndonos en la dirección correcta? —dijo Anthony.
—Sí —dijo Ernie.
—¿Nos estamos acercando a ellos? —dijo Ron.
—Todavía no…
Fue entonces cuando las enormes puertas de madera negra al final del pasillo se abrieron de golpe y chocaron contra la pared, revelando dos figuras casi completamente envueltas en capas grises, con tela gris tensada sobre los rostros bajo las capuchas grises; una de aquellas figuras ya estaba alzando una varita y apuntándola directamente hacia ella.
Y entonces la faz de la partida cambió drásticamente, cuando la voz de Harry, aguda y tensa por el esfuerzo, gritó la palabra:
—¡Stupefy!
El aturdidor de grado de duelo salió disparado hacia ella; Hermione estaba tan sorprendida que no empezó a moverse hasta casi demasiado tarde, cuando el chorro de luz roja atravesó limpiamente el escudo Contego que tenían delante y ella apenas logró esquivarlo; sintió un hormigueo en el brazo cuando la luz roja pasó a su lado, y por el rabillo del ojo vio cómo Susan era alcanzada y salía despedida de sus pies contra Ron…
—¡Somnium! —bramó la voz de Anthony, seguida un momento después por una docena de voces gritando—. ¡Somnium!
Hermione se impulsó frenéticamente hasta ponerse de pie, y al levantarse vio que las dos figuras de capas grises seguían allí de pie.
No podías ver los Hechizos de Sueño, el hechizo era demasiado débil…
Pero no había forma de que todos hubieran fallado.
—¡Stupefy! —chilló la voz de Neville Longbottom, y otro chorro rojo salió disparado hacia ella; Hermione cayó en un montón indigno al retorcerse desesperadamente para apartarse, y cuando se incorporó a trompicones, jadeando, vio que esta vez el rayo aturdidor había alcanzado a Ron mientras este se levantaba del suelo.
—Hola, Sunshine —dijo la voz de Harry desde debajo de su capucha.
—Somos los Caballeros Grises del Caos —dijo la voz de Neville.
—Seremos vuestros oponentes en esta batalla —dijo la voz de Harry—, mientras el otro ejército del Caos masacra a los Dragones.
—Y por cierto —dijo la voz de Neville—, somos invencibles.
Los dos chicos con sus capas y túnicas grises, tela gris sobre los rostros, estaban de pie frente a todo el ejército Sunshine, al parecer imperturbables ante una docena de Hechizos de Sueño.
Daphne oyó un suave suspiro a su lado, y cuando volvió la cabeza vio que los labios de Hannah estaban entreabiertos, y que los ojos de la chica de Hufflepuff eran enormes, y que estaba mirando a…
Habría sido difícil describir la maraña de pensamientos que cruzó por la mente de Daphne cuando se dio cuenta de que Hannah estaba mirando a Neville y no a Harry, lo cual a su vez pareció activar alguna parte de ella que reparó en que, de hecho, Neville se había vuelto últimamente bastante interesante como chico; de hecho, ahora mismo el Último Vástago de Longbottom parecía francamente guay, y algo despertó dentro de ella y sus propios labios se entreabrieron, y todo lo que lady su Madre le había enseñado sobre porte recatado y halagos y champú perfumado salió volando de su mente con tanta fuerza que debería haberle esponjado el pelo alrededor de las orejas, porque había visto a Hermione y Harry y sabía cómo quería que fuera su propio cortejo…
Lady su Madre también la había instruido recientemente en unos cuantos hechizos que podría resultar embarazoso no conocer si pertenecías a la Noble y Antiquísima Casa de Greengrass.
La varita de Daphne giró para apuntar a su izquierda, y ella gritó:
—¡Tonare!
La varita pasó por encima de su cabeza, y pronunció el conjuro:
—¡Ravum Calvaria!
Y por último aferró la varita con ambas manos y chilló:
—¡Lucis Gladius!
El enorme drenaje mágico casi la hizo caer de rodillas, pero lo resistió, y cuando la forma ardiente se hubo formado por completo y estabilizado, el drenaje fue un poco menor.
Aun así, tenía la sensación de que sería mejor no intentar luchar con aquello durante mucho tiempo.
Que todo el mundo la estuviera mirando caía por su propio peso, y debería haber saltado hacia delante para enfrentarse a Neville con el pelo ondeando a su alrededor, pero todo lo que pudo hacer fue avanzar con paso firme para apuntar con su Espada Antiquísima a Neville Longbottom. Que todo el mundo se apartara y le abriera paso también caía por su propio peso.
—¡Yo me llamo Daphne, de la Noble y Antiquísima Casa de Greengrass! —gritó—. ¡Greengrass de Sunshine! —Las formas de duelo se le habían ido por completo de la cabeza; había visto suficientes obras de teatro para recordar desafíos a muerte y desafíos de sangre, pero no podía recordar en absoluto qué era apropiado para esto, así que simplemente apuntó la espada incandescente hacia el objeto de su flechazo y gritó—: ¡A ver qué tienes, Nevvy!
Una vez más la voz de Harry chilló:
—¡Stupefy!
Y más tarde, cuando lo recordaba, Daphne nunca terminaba de creerse que hubiera logrado hacerlo, pero lanzó un tajo con su hoja de luz como si fuera el bate de un golpeador y golpeó el rayo aturdidor de vuelta hacia Harry, que apenas consiguió retorcerse para apartarse.
—¡Tonare! —gritó Neville, de la Noble y Antiquísima Casa de Longbottom—. ¡Ravum Calvaria, Lucis Gladius!
Durante unos segundos nadie hizo nada salvo mirar a Neville y Daphne mientras empezaban a darse mandobles el uno al otro. Ambos se movían despacio, y Hermione supuso que el hechizo les estaba quitando mucha fuerza. No resultaba muy impresionante en comparación, si eras hija de muggles y habías visto ciertas películas.
Pero aun así había que concederles puntos extra por usar sables de luz.
—Cuestión de orden —dijo la voz de Harry—. Sé que el profesor de Defensa está mirando, pero aun así tengo que preguntar: ¿alguien sabe si se partirán por la mitad si llegan a darse…?
—No —dijo Hermione distraídamente. Eso había aparecido en uno de sus libros de historia, aunque no tenía ni idea de que la espada mágica de duelo tuviera ese aspecto—. La lanzan de forma que solo aturda si toca.
—¿Conoces ese hechizo?
—Oh, no, es el Encantamiento de la Espada Antiquísima, solo es legal que lo usen las Casas Nobles y Antiquísimas…
Hermione dejó de hablar y miró a Harry, o más bien a la capucha gris de Harry.
—Bueno —dijo la voz de Harry—, supongo que entonces puedo derribar yo solo al resto del Regimiento Sunshine. —Hermione no podía verle la cara, pero su voz sonaba como si estuviera sonriendo.
—Esquivaste cuando Daphne te devolvió tu propio hechizo —dijo Hermione—. Así que, hicieras lo que hicieras, no eres invencible. Un Stupefy todavía puede darte.
—Interesante teoría —dijo la voz de Harry desde debajo de la capucha—. ¿Tienes a alguien en tu ejército que pueda ponerla a prueba?
—Leí sobre el Hechizo Aturdidor una vez —dijo Hermione—. Hace unos meses. Me pregunto si recordaré bien las instrucciones. —Su varita se alzó para apuntar a Harry.
Hubo una ligera pausa, mientras cerca de ellos un chico y una chica que respiraban con jadeos audibles se daban mandobles lentamente con sables de luz.
—Por supuesto —dijo Harry, nivelando su propia varita hacia ella—, yo puedo simplemente usar Somnium contigo. Eso requerirá mucho menos esfuerzo.
Nuevos escudos Contego surgieron delante de Hermione, lanzados por Jenny y Parvati, mientras Harry hablaba.
La punta de la propia varita de Hermione empezó a hacer pequeños movimientos en el aire: un diamante dentro de un círculo, un diamante dentro de un círculo, ensayando el gesto para que coincidiera exactamente con lo que recordaba haber visto en el libro. Sería una hazaña difícil incluso para ella, pero tenía que lanzar bien el hechizo a la primera; no podía permitirse ningún lanzamiento fallido que drenara su energía.
—Sabes —dijo Hermione Granger—, entiendo que no es realmente culpa tuya, pero estoy cansándome de oír a la gente hablar del Niño-Que-Vivió como si fueras… como si fueras una especie de dios o algo así.
—Lo mismo digo, debo decir —dijo Harry Potter—. Es triste cómo la gente sigue subestimándome.
Su varita seguía ensayando el diamante dentro del círculo, una y otra vez. Harry estaría recuperando su propia fuerza, lo sabía, incluso mientras ella practicaba todo lo que podía antes de su ataque.
—Estoy empezando a pensar que necesitas que te bajen los humos, general Caos.
—Puede que tengas razón —dijo Harry con tono ecuánime. Sus pies empezaron a deslizarse por lo que ella reconoció como una danza de duelista—. Por desgracia, ya no queda nada que pueda derrotarme salvo otro Harry Potter.
—Déjame ser concreta, señor Potter. Yo voy a bajarte los humos.
—¿Tú y qué otro ejército?
—Te crees bastante guay, ¿no? —dijo Hermione.
—Pues sí —dijo Harry—. Sí, lo creo. Algunos podrían llamarlo arrogante, pero ¿se supone que tengo que ser la última persona de Hogwarts en darme cuenta de lo impresionante que soy?
Hermione levantó la mano izquierda en el aire y cerró el puño.
Era una señal. Ocho soldados designados de su ejército estarían apuntándole con sus varitas y lanzando en silencio Wingardium Leviosa.
También habían practicado eso, una vez que Hermione había renunciado a sermonear a sus soldados y, siguiendo la sugerencia de Anthony, había intentado darles una general Sunshine que pareciera capaz de derrotar enemigos invencibles.
—Tú finges que eres Superman —dijo Hermione. Levantó más el puño izquierdo, y los ocho soldados que la apoyaban la elevaron del suelo.
—¡Pues aquí está Super Hermione!
Su mano empujó hacia delante, y mientras salía disparada por el aire hacia Harry, lamentando solo no poder ver la expresión de su cara, su varita hizo un diamante dentro de un círculo y ella convocó toda la magia que pudo; se sintió como imaginaba que se sentiría tocar un cable con corriente cuando el hechizo demasiado poderoso fluyó a través de ella y su voz gritó:
—¡Stupefy!
El rayo rojo brotó de su varita, perfectamente formado.
Harry lo esquivó.
Y entonces, como no habían practicado hacer esa parte dentro de pasillos, Hermione se estrelló contra una pared.
—¡Somnium! —chilló Draco, y luego, tras solo unos segundos para recargarse—. ¡SOMNIUM, MALDITA SEA!
Sabía que estaba alcanzando a Theodore; el otro chico ni siquiera intentaba esquivar, pero el vástago de Nott solo sonreía con tanta maldad como su padre y alzaba su varita…
Draco logró saltar a un lado justo cuando Theodore dijo:
—¡Somnium!
Pero Draco se estaba quedando sin aliento, no podía seguir así; Theodore ni siquiera se molestaba en esquivar mientras Draco tenía que seguir moviéndose, aquello era una locura.
Ahora tenía fuerza suficiente para disparar de nuevo, pero…
La estupidez consiste en hacer lo mismo y esperar un resultado diferente, había dicho Harry; aquello era obra de Harry de algún modo, ya no podía ser un artefacto muggle, pero Draco no conseguía imaginar qué podía ser, y debería estar pensando hipótesis y formas de ponerlas a prueba, pero estaba demasiado ocupado esquivando frenéticamente mientras Theodore reía y disparaba otro Hechizo de Sueño contra él; Draco sintió un poco de entumecimiento en el costado esa vez al retorcerse, había sido un fallo muy, muy por poco, y al fin Draco no pudo soportarlo más; no se molestó en determinar qué teoría estaba poniendo a prueba ni por qué, simplemente…
—¡Luminos! —gritó Draco, y Theodore quedó rodeado por un halo de luz roja—. ¡Dulak! —y se apagó de nuevo, de modo que Theodore seguía siendo afectado por la magia—. ¡Expelliarmus! —y la varita de Theodore salió volando; ese había sido un buen hechizo que lanzar de todos modos, ahora que Draco se daba cuenta. Pero Theodore se precipitaba hacia Draco con los brazos extendidos para forcejear, así que Draco gritó—: ¡Flipendo!
Y los pies del otro chico fueron arrancados bruscamente hacia arriba…
…y la espalda de Theodore golpeó el suelo con un estrépito sorprendentemente fuerte y metálico.
La visión de Draco nadaba ya por haber lanzado cuatro hechizos en una sucesión tan rápida, y Theodore ya se estaba incorporando a gatas, así que ni siquiera había tiempo para pensar con palabras, pero Draco aun así logró decir:
—¡Somnium!
Y esta vez apuntó a la cara de Theodore en vez de al pecho.
Theodore esquivó —¡esquivó!— y el chico gritó:
—¡Código siete sobre Malfoy!
—¡Prismatis! —gritó la voz de Padma, y de pronto hubo una pared arcoíris centelleante delante de Draco, justo cuando cuatro voces Caóticas gritaron:
—¡Somnium!
Y hubo una pausa, mientras todos miraban la enorme Esfera Prismática que protegía los restos del Ejército Dragón.
Lanzar aquel quinto hechizo había hecho caer a Draco sobre manos y rodillas, pero alzó la vista y consiguió decir, tan claramente como pudo:
—Si el Hechizo de Sueño… no funciona… apuntad a la cara… Creo que los tenientes llevan camisas de metal.
—Ya has perdido demasiados soldados —dijo Finnigan en voz alta desde el otro lado de la barrera—. Os venceremos de todos modos.
Y entonces el chico de Gryffindor rió maléficamente. Ya hacía la risa malvada casi tan bien como Harry Potter, y los demás legionarios Caóticos empezaron a reír con él poco después.
Draco podía ver por el rabillo del ojo dónde yacían inconscientes Gregory y Vincent. Padma seguía sosteniendo la Esfera Prismática, la más grande que Draco la había visto lanzar nunca; pero respiraba con dificultad, todavía visiblemente sudorosa desde que todos habían trotado para ponerse en posición; la chica de Ravenclaw era una bruja fuerte, pero no atlética.
Draco esperaba de verdad que la general Granger llegara pronto y golpeara al Caos por detrás. El general Potter y Neville del Caos estaban ausentes, y Draco podía adivinar adónde habían ido, pero dos soldados no podían retrasar demasiado tiempo ellos solos a todo el Regimiento Sunshine, ¿verdad?
Sabía que no era justo, que la otra chica había dado todo lo que podía, pero Hermione aun así deseó que Daphne hubiera durado más.
—¡Lagann! —dijo la voz de Neville detrás de ella mientras volaba, y se oyó el sonido de un Muro Prismático al hacerse añicos; la voz de Hannah gritó desesperadamente—: ¡Somnium! —y unos momentos después la voz de Neville dijo con calma—: Somnium.
Y se oyó el golpe sordo de otra de sus soldados al caer.
Y la fuerza que mantenía a Hermione en el aire disminuyó de nuevo; Hermione podía sentir cómo la sujeción de los Encantamientos de Levitar se tensaba, pero ahora sencillamente no era suficiente.
Su vuelo se detuvo y empezó a caer en cámara lenta hacia el suelo, y debería haber hecho una señal a sus soldados para que simplemente la soltaran, pero estaba demasiado furiosa y confusa y no pensaba con suficiente rapidez, y seguía intentando reunir fuerzas para un último Hechizo Aturdidor, así que no había ningún sitio adonde ir cuando Harry apuntó su varita hacia ella y dijo:
—Somnium.
Y esa fue la última palabra que Hermione Granger oyó de su batalla.