Capítulo 58: El experimento de la prisión de Stanford, cognición restringida, parte 8
N. del A.: un tráiler de la película El ejército de las tinieblas, parecido al que vio Harry, es THV1KkPXIxQ en YouTube.
La cita clave es la siguiente, dicha por un hombre de tiempos modernos a oyentes de la Edad Media:
«¡Muy bien, panda de primitivos! ¡Escuchad! ¿Veis esto? Esto… ¡es mi palo de truenos!»
En una oscuridad absoluta, un niño permanecía de pie sosteniendo su varita contra la sólida pared metálica de Azkaban, ensayando una magia que solo otras tres personas en el mundo habrían creído posible, y que nadie salvo él podía blandir.
Por supuesto, un mago poderoso podría haber cortado la pared en segundos, con un gesto y una palabra.
Para un adulto medio quizá habría sido cuestión de unos pocos minutos de trabajo, y después habría quedado sin aliento.
Pero para lograr lo mismo como estudiante de primer curso de Hogwarts, tenías que ser eficiente.
Por suerte —bueno, no por suerte, la suerte no tenía nada que ver—, concienzudamente, Harry había practicado Transfiguración una hora extra todos los días, hasta el punto de ir por delante incluso de Hermione en aquella asignatura; había practicado Transfiguración parcial hasta el punto de que sus pensamientos habían empezado a dar por sentado el universo verdadero, de modo que solo requería un poco más de esfuerzo mantener presente su naturaleza cuántica atemporal, incluso mientras mantenía una firme separación mental entre el concepto de Forma y el concepto de sustancia.
Y el problema de que aquel arte se hubiera vuelto tan rutinario…
…era que Harry podía pensar en otras cosas mientras lo hacía.
De algún modo, sus pensamientos habían conseguido no ir allí, no enfrentarse a lo obvio, hasta verse ante la perspectiva de hacerlo de verdad en apenas unos minutos.
Lo que Harry estaba a punto de hacer…
…era peligroso.
Muy peligroso.
Peligroso en plan alguien-podría-morir-de-verdad.
Enfrentarse a doce dementores sin un Encantamiento Patronus había dado miedo, pero solo miedo. Harry podría haber lanzado el Encantamiento Patronus, lo habría lanzado en cuanto creyera estar en peligro de no poder hacerlo, en cuanto sintiera que su resistencia empezaba a fallar. E incluso si eso no hubiera funcionado… aun así, a menos que los dementores hubieran recibido instrucciones de Besar a cualquiera que encontraran, el fracaso no debería haber sido fatal.
Esto era distinto.
El artefacto muggle Transfigurado podía explotar y matarlos.
La interfaz entre la tecnología y la magia podía fallar de cualquier número de maneras y matarlos.
Los aurores podían acertar un disparo por suerte.
Era solo que, bueno…
Gravemente peligroso.
Harry había pillado a su mente intentando convencerse de que era seguro.
Y sí, todo aquello podía funcionar, pero…
Pero incluso dejando aparte que a los racionalistas nunca se les permitía convencerse a sí mismos mediante argumentos interesados, Harry sabía que no habría podido convencerse de estimar menos de un 20% de probabilidad de morir.
Pierde, dijo Hufflepuff.
Pierde, dijo la voz del profesor Quirrell en su mente.
Pierde, dijo su modelo mental de Hermione y la profesora McGonagall y el profesor Flitwick y Neville Longbottom y, bueno, básicamente todos los que Harry conocía salvo Fred y George, que se habrían lanzado a ello en un suspiro.
Debería ir a buscar a Dumbledore y entregarse. Debería hacerlo, de verdad que debería, era lo único sensato que podía hacer en aquel punto.
Y si Harry hubiera sido el único en la misión, si solo su propia vida hubiera estado en juego, lo habría hecho; sin duda lo habría hecho.
La parte que casi estaba haciéndole perder la concentración en la Transfiguración parcial que estaba realizando, la parte que amenazaba con abrirlo a los dementores…
…era el profesor Quirrell, todavía inconsciente, todavía una serpiente.
Si el profesor Quirrell iba a Azkaban por su papel en la fuga, moriría. Probablemente no duraría ni una semana. Era así de sensible.
Era así de simple.
Si Harry perdía allí…
Perdía al profesor Quirrell.
Aunque probablemente sea malvado, dijo en voz baja la parte Hufflepuff de él. ¿Aun así?
No era una decisión que Harry hubiera tomado de ninguna manera consciente. Sencillamente no podía hacerlo. Perder era para los puntos de las Casas, no para las personas.
Si crees que tu propia vida es lo bastante valiosa como para no estar dispuesto a asumir un ochenta por ciento de probabilidad de morir para proteger a todos los prisioneros de Azkaban, observó su lado Slytherin, no hay forma de justificar asumir un riesgo del veinte por ciento para tu vida con el fin de salvar a Bellatrix y al profesor Quirrell. Las cuentas no salen, no puedes estar asignando utilidades consistentes a los resultados.
El lado lógico de él observó que Slytherin acababa de ganar el argumento.
Harry mantuvo la Forma en su mente, siguió lanzando el hechizo. Siempre podía abortar la misión cuando terminara la Transfiguración; no quería perder el esfuerzo que ya había invertido.
Y entonces Harry pensó en otra cosa que de pronto hizo muy difícil mantener la magia, muy difícil sostener su resistencia a los dementores.
¿Y si el traslador no nos lleva adonde dijo el profesor Quirrell?
Fue obvio en retrospectiva en cuanto lo pensó.
Aunque la fuga planeada saliera completamente bien, aunque el artefacto muggle funcionara y no explotara y no interactuara mal con el objeto mágico apareado, aunque los aurores no acertaran un disparo por suerte, aunque Harry llegara lo bastante lejos de Azkaban como para usar el traslador…
…podía no haber ningún sanador psiquiátrico al final.
Eso era algo que Harry había creído cuando confiaba en el profesor Quirrell, y había olvidado reevaluarlo después de que el profesor Quirrell dejara de ser digno de confianza.
No puedes hacer esto, dijo Hufflepuff. Llegados a este punto estamos hablando de pura estupidez.
El frío pareció extenderse por la habitación, pero Harry mantuvo la Transfiguración en marcha, incluso cuando su resistencia contra los dementores flaqueó.
No puedo perder al profesor Quirrell.
Intentó matar a un agente de policía, dijo Hufflepuff. Ya lo perdiste en ese momento. Bellatrix probablemente sea exactamente lo que todos creen que es. Recupera tu Capa, busca a Dumbledore y dile que te engañaron.
No, pensó Harry desesperadamente, no sin hablar con el profesor Quirrell, puede haber una explicación, no lo sé, quizá estaba lo bastante lejos de mi Patronus como para que los dementores lo afectaran… no lo entiendo, no tiene sentido bajo ninguna hipótesis, por qué haría eso… no puedo simplemente…
Harry apartó la mente de aquella cadena de pensamiento antes de que rompiera por completo su resistencia al miedo, porque no podía pensar en entregar al profesor Quirrell a los dementores mientras seguía resuelto contra la Muerte; era una imposibilidad cognitiva.
Tu razonamiento está artificialmente deteriorado, observó con calma la parte lógica de él; encuentra una forma de quitarle el deterioro.
Muy bien, vamos solo a generar alternativas, pensó Harry. No elegir, no ponderar, y desde luego no comprometernos… solo pensar en qué otra cosa podría hacer aparte del plan original.
Y Harry siguió cortando el agujero en la pared. Estaba usando Transfiguración parcial sobre una fina cáscara cilíndrica de metal, de dos metros de diámetro y medio milímetro de grosor, que atravesaba toda la pared. Estaba Transfigurando ese medio milímetro de espesor metálico en aceite de motor. El aceite de motor era un líquido y se suponía que no debías Transfigurar líquidos porque podían evaporarse, pero él y Bellatrix y la serpiente llevaban todos Encantamientos Casco-Burbuja.
Y Harry lanzaría Finite sobre el aceite inmediatamente después, deshaciendo su propia Transfiguración…
…tan pronto como el pedazo separado y lubricado de metal se deslizara fuera de la pared y cayera al suelo de la celda; lo había inclinado para que la gravedad tirase de él hacia dentro en cuanto la Transfiguración estuviera terminada.
Si Harry y Bellatrix no salían en su escoba por el agujero resultante en la pared…
El cerebro de Harry sugirió que podía intentar Transfigurar una cubierta superficial sobre el agujero de la pared, dejando un espacio para que Bellatrix y el profesor Quirrell se escondieran allí, llevando la Capa, mientras Harry se entregaba. Y el profesor Quirrell acabaría despertando, y él y Bellatrix podrían intentar averiguar cómo salir de Azkaban por su cuenta.
Era, primero, una idea tonta, y segundo, seguiría habiendo un enorme pedazo de metal en el suelo de la celda, lo cual lo delataría.
Y entonces el cerebro de Harry vio lo obvio.
Deja que Bellatrix y el profesor Quirrell usen la ruta de escape que inventaste. Tú quédate atrás y entrégate.
Bellatrix y el profesor Quirrell eran quienes tenían sus vidas en juego.
Ellos ganaban, no perdían, al asumir el riesgo.
Y no había ninguna razón, ninguna razón sensata en absoluto, para que Harry fuera con ellos.
Una calma cayó sobre Harry al pensarlo; el frío y la oscuridad que habían estado vacilando en los bordes de su mente se retiraron. Sí, eso era, esa era la ruta creativa fuera de la caja, esa era la tercera alternativa oculta. La falsedad del dilema resultaba obvia en retrospectiva. Si Harry se entregaba, no tenía que entregar a Bellatrix y al profesor Quirrell. Si Bellatrix y el profesor Quirrell tomaban una ruta de escape peligrosa, Harry no tenía por qué ir con ellos.
Harry ni siquiera tenía que enfrentarse a la vergüenza de admitir que lo habían engañado, si ordenaba a Bellatrix que borrara el recuerdo. Todo el mundo asumiría simplemente que lo habían secuestrado, incluido el propio Harry. Admitidamente, no había ninguna razón plausible por la que el Señor Tenebroso fuera a pedirle a Bellatrix que hiciera eso; pero Harry podía limitarse a sonreír y decirle a Bellatrix que no se le permitía saberlo, y asunto arreglado…
Su equipo de aurores había bajado alrededor de tres cuartas partes por Azkaban, igual que los otros dos equipos en las otras dos espirales. Amelia ya se estaba poniendo más tensa, aunque apostaba a que los criminales se escondían en la penúltima planta; parte de ella deseaba que Dumbledore hubiera pensado en revisar esa planta concreta con más cuidado y parte de ella se alegraba de que no lo hubiera hecho.
Y entonces se oyó un sonido distante, como un pequeño «tinc» que llegaba desde muy lejos. Como, por ejemplo, un sonido muy fuerte que viniera de la penúltima planta.
Amelia miró a Dumbledore antes de darse cuenta, antes de lograr detenerse.
El viejo mago se encogió de hombros, le dedicó una pequeña sonrisa, dijo:
—Ya que lo has preguntado, Amelia.
Y se marchó otra vez.
—Finite Incantatem —dijo Harry al aceite que cubría el gigantesco bloque de metal en el suelo. Apenas se oyó hablar; todavía le zumbaban los oídos por el tremendo golpe del sólido metal al deslizarse fuera de la pared y caer.
(Debería haber puesto un Encantamiento Silenciador, en retrospectiva, aunque eso no habría impedido que el ruido se propagara por el suelo de metal macizo.) Y entonces Harry lo dijo de nuevo:
—Finite Incantatem.
Al aceite que cubría el agujero de dos metros en la pared, extendiendo el efecto ampliamente; era su propia magia lo que Harry estaba cancelando, lo que hacía que el hechizo fuese casi sin esfuerzo. Harry se sentía algo cansado ahora, pero aquel era el último uso de magia que necesitaría.
Ni siquiera había necesitado hacerlo, en realidad, pero Harry no quería dejar líquido Transfigurado por ahí, y tampoco quería delatar el secreto de la Transfiguración parcial.
Parecía muy… invitador, aquel agujero de dos metros que llevaba a la libertad.
La luz del exterior que entraba… no era exactamente el Sol brillándole en la cara, pero era más brillante que cualquier cosa en el interior de Azkaban.
Harry estuvo tentado de simplemente ir con ellos, de saltar a la escoba con Bellatrix y la serpiente. Había muchas probabilidades de que salieran a salvo. Y si salían a salvo, y Harry iba con ellos, entonces él y el profesor Quirrell podrían volver atrás en el tiempo y parecer perfectamente inocentes, todo podría volver a la normalidad.
Si Harry se quedaba atrás y se entregaba… entonces incluso si todos asumían que Harry había sido rehén, que Harry había mentido al Patronus de la profesora McGonagall bajo amenaza de varita… incluso si el propio Harry salía relativamente bien parado, bueno…
No era probable que el profesor de Defensa siguiera enseñando en Hogwarts.
El profesor Quirrell habría llegado al final predestinado de su carrera, en febrero del curso escolar.
Y sí, la profesora McGonagall mataría a Harry, y sí, sería lento y doloroso.
Pero quedarse atrás era lo sensato, seguro y cuerdo, y Harry se sentía más relajado que arrepentido.
Harry se volvió hacia Bellatrix; abrió la boca para darle una última instrucción…
Y hubo un siseo, un siseo débil, un siseo que sonaba lento y confuso, y el siseo dijo:
—¿Qué ha ssido… esse ruido?
Por el corredor avanzaba el viejo mago. Llegó a una puerta metálica y la abrió, sabiendo ya por memoria que las celdas de dentro estaban vacías.
Siete poderosos y perspicaces encantamientos pronunció entonces el mago, antes de seguir adelante; sería un esfuerzo bastante pequeño en total, con tan pocas celdas restantes que comprobar.
—Maesstro —siseó Harry. Tantas emociones burbujeaban en él, todas a la vez. Sabía, aunque no podía verla, que la serpiente verde sobre los hombros de Bellatrix estaba levantando lentamente la cabeza para mirar alrededor—. ¿Esstáis… bien, maesstro?
—¿Maesstro? —llegó el siseo débil y confundido—. ¿Dónde esstá essto?
—Prisión —siseó Harry—, la prisión con devoradores de vida; íbamos a rescatar a una mujer, vos y yo. Intentassteis matar al hombre protector, bloqueé vuesstra maldición asesina, hubo una resonancia entre nossotros… caíssteis inconsciente, tuve que derrotar al hombre protector yo mismo… mi Encantamiento guardián fue disipado, los devoradores de vida podían decir a los protectores que la mujer había escapado. Hay alguien aquí que puede ssentir mi Encantamiento guardián, probablemente el director…
Así que tuve que disipar mi Encantamiento guardián, encontrar otra forma de ocultaros a vos y a la mujer de los devoradores de vida sin Encantamiento guardián, aprender a protegerme sin Encantamiento guardián, espantar a los devoradores de vida sin Encantamiento guardián, luego diseñar un nuevo plan de escape para vos y la mujer, y finalmente cortar un agujero en la gruesa pared metálica de la prisión aunque solo soy un estudiante de primer curso. No hay tiempo para explicar, debéis iros ahora.
Si nunca volvemos a vernos, maesstro, entonces me alegró conoceros durante un tiempo, aunque probablemente seáis malvado. Es bueno tener la oportunidad de decir al menos essto: adiós.
Y Harry tomó la escoba y se la presentó a Bellatrix, diciendo simplemente:
—Sube.
Había decidido conservar los recuerdos. Por un lado, eran importantes. Por otro, él y el profesor de Defensa habían empezado a planear aquello una semana antes, y Harry no estaba dispuesto a obliterar toda la última semana, ni a explicarle a Bellatrix exactamente qué debía ser Obliviado. Harry probablemente podría engañar al Veritaserum, y si Dumbledore insistía en que Harry bajara sus escudos de Oclumancia para un examen más profundo… bueno, Harry había actuado heroicamente en todo momento.
—¡Detente! —dijo la serpiente. Su voz era más fuerte ahora—. ¡Detente, detente, detente! ¿Qué quieres decir con adiós?
—El plan de escape es arriesgado —dijo Harry—. Mi vida no esstá en juego, solo las vuesstras y la de ella. Así que me quedo y me entrego…
—¡No! —dijo la serpiente. El siseo fue enérgico—. ¡No debes! ¡No esstá permitido!
Bellatrix montó en la escoba; Harry pudo sentir, aunque no ver, que ella volvía la cabeza para mirarlo, no dijo palabra. Esperándolo, quizá, o meramente esperando sus órdenes.
—Ya no confío en vos —dijo Harry simplemente—. No dessde que intentassteis matar al hombre protector.
Y la serpiente siseó:
—¡No intenté matar al hombre protector! ¿Eres idiota, muchacho? Matarlo no tendría ssentido, malvado o no.
La Tierra dejó de girar sobre su eje, se detuvo en su órbita alrededor del Sol.
El siseo de la serpiente era ahora más furioso que nada que Harry hubiera oído jamás del profesor Quirrell humano.
—¿Matarlo? Si hubiera buscado matarlo, habría muerto en ssegundos, muchacho imbécil, no era rival para mí. Buscaba ssubyugarlo, dominarlo, obligarlo a bajar los escudos sobre su mente; necesitaba leerlo, saber quién esperaba su respuesta, conocer detalles para el hechizo de memoria…
—¡Lanzassteis la maldición asesina!
—¡Sabía que esquivaría!
—¿Valía tan poco su vida? ¿Y si no esquivaba?
—¡Lo habría empujado fuera del camino con mi propia magia, muchacho idiota!
Otra vez la pausa en el giro del planeta. Harry no había pensado en eso.
—Patán estúpido de conspirador —siseó la serpiente, con tanta furia que los siseos parecían superponerse y deslizarse unos sobre las colas de otros—, imbécil ingenioso, idiota astuto, tonto de un Slytherin sin entrenar; tu desconfianza mal colocada ha arruinado…
—Esste no es un momento jussto para discutir —observó Harry suavemente. La oleada de alivio que intentaba inundarlo quedó cancelada por el aumento de tensión—. Ya que no puedo enfadarme con vos como es debido sin abrirme a los devoradores de vida. Debemos darnos prisa, alguien puede haber oído el ruido…
—Explica el plan de escape —dijo la serpiente imperiosamente—. ¡Rápido!
Harry lo explicó. La lengua pársel no tenía palabras para la tecnología muggle, pero Harry describió la función y el profesor Quirrell pareció entender.
Hubo unos pocos siseos breves, el equivalente serpentino de un ladrido de risa sorprendida, y luego órdenes secas.
—Di a la mujer que mire a otra parte, lanza hechizo de silencio, coloca Encantamiento guardián fuera de la puerta. Me transformaré, haré unas mejoras rápidas a tu invento, daré a la mujer poción de emergencia para que pueda protegernos, me transformaré de nuevo antes de que disipes Encantamiento. El plan será más seguro entonces.
—¿Y debo creer —siseó Harry— que de verdad nos espera un sanador para la mujer?
—¡Usa el sentido común, muchacho! Supón que soy malvado. Terminar de usarte aquí obviamente no es lo que planeaba. La misión es objetivo de oportunidad, inventada después de ver tu Encantamiento guardián; todo el asunto debía pasar inadvertido, nos ocultamos al salir del lugar de comer. ¡Obviamente verás a una persona fingiendo ser sanador al llegar! Vuelves después al lugar de comer, el plan original continúa sin alterarse.
Harry miró fijamente a la serpiente invisible.
Por un lado, que lo dijera así hizo que Harry se sintiera bastante tonto.
Y por otro lado, no era exactamente tranquilizador.
—Entonces —siseó Harry—, ¿cuál es vuestro plan para mí, exactamente?
—Dijiste que no había tiempo —llegó el siseo de la serpiente—, pero el plan es que gobiernes el país, obviamente; incluso tu joven amigo noble lo ha entendido ya, pregúntale al volver si quieres. No diré más ahora, es hora de volar, no de hablar.
El viejo mago tendió la mano hacia otra puerta metálica, desde detrás de la cual llegaba un interminable murmullo muerto:
—No hablo en serio, no hablo en serio, no hablo en serio…
El fénix rojo-dorado sobre su hombro ya estaba chillando con urgencia, y el viejo mago ya estaba haciendo una mueca de dolor, cuando…
Otro grito atravesó el corredor, parecido al de un fénix pero no la llamada del verdadero fénix.
La cabeza del mago se volvió, miró a la criatura plateada resplandeciente sobre su otro hombro, incluso mientras unas garras efímeras e insustanciales lanzaban a la entidad-hechizo al aire.
El falso fénix voló por el corredor.
El viejo mago salió corriendo detrás, con las piernas bombeando como un joven vigoroso de sesenta años.
El fénix verdadero chilló una vez, dos veces y una tercera, flotando ante la puerta metálica; y luego, cuando quedó claro que su amo no volvería pese a todas sus llamadas, voló tras él a regañadientes.
El profesor Quirrell había asumido su forma verdadera, esta vez —el Polyzumo solo duraba una hora sin redosificar—, y aunque el profesor de Defensa estaba pálido, apoyado contra los barrotes metálicos de la celda más cercana, su magia era lo bastante fuerte como para apoderarse de su varita sin una palabra, incluso mientras Bellatrix se quitaba la Capa y la colocaba obedientemente en la mano expectante de Harry.
La sensación de condena volvía a aumentar, aunque no en toda su fuerza, a medida que regresaba el poder del profesor de Defensa y los bordes de su vasta fuerza chocaban con el aura leve e infantil de Harry.
Harry dijo en voz alta la descripción de su artefacto muggle, nombrándolo para el mago observador, y luego un Finite de Harry convirtió todo su duro trabajo de vuelta en un cubito de hielo. El profesor Quirrell no podía lanzar hechizos sobre algo que Harry hubiera Transfigurado, pues eso sería una interacción, por ligera que fuera, entre sus magias, pero…
Tres segundos después, el profesor Quirrell sostenía su propia versión Transfigurada del artefacto muggle. Una sola palabra ladrada y un barrido de su varita, y el residuo de pegamento desapareció del objeto mágico; tres encantamientos más tarde, lo mágico y lo tecnológico quedaron fusionados como si fueran una sola cosa, y sobre el artefacto muggle se habían lanzado Encantamientos de Irrompibilidad y funcionamiento impecable.
(Harry se sintió mucho mejor al hacer aquello bajo supervisión adulta.)
Una poción fue lanzada a Bellatrix, y el profesor Quirrell y Harry ordenaron ambos:
—Bebe.
Como si hablaran con la misma voz. La mujer demacrada ya la estaba llevando a sus labios, sin esperar; pues para cualquiera era evidente que aquel animago serpiente era un sirviente del Señor Tenebroso, y uno poderoso y de confianza.
Harry terminó de bajarse la capucha de la Capa de Invisibilidad sobre la cabeza.
Una magia breve y terrible azotó desde la varita del profesor de Defensa, restregando el agujero de la pared, marcando con cicatrices el enorme bloque de metal que yacía en medio de la habitación; tal como Harry había pedido, diciendo que el método que había usado podría identificarlo.
—Guante izquierdo —dijo Harry a su bolsa, y lo sacó, y se lo puso.
Un gesto del profesor de Defensa hizo aparecer un arnés sobre los hombros de Bellatrix, y otro dispositivo de tela más pequeño sobre su mano, y algo parecido a esposas en sus muñecas, incluso mientras la mujer terminaba de beber la poción.
Un color extraño y malsano pareció invadir el rostro pálido de Bellatrix; se enderezó, sus ojos hundidos parecieron más brillantes y mucho más peligrosos…
…pequeños jirones de vapor le salían de las orejas…
(Harry decidió no pensar en esa parte.)
…y Bellatrix Black rió entonces, una risa loca y súbita que resonó demasiado fuerte entre las pequeñas celdas de Azkaban.
(Muy pronto, había dicho el profesor de Defensa, Bellatrix caería inconsciente y permanecería así durante bastante tiempo, el precio de la poción que había tomado; pero durante solo unos momentos recuperaría quizá una vigésima parte del poder que antaño había blandido.)
El profesor de Defensa lanzó su varita hacia Bellatrix, y un instante después se difuminó en una serpiente verde.
Un instante después de eso, el miedo de los dementores regresó a la habitación.
Bellatrix se estremeció solo ligeramente, atrapó la varita y gesticuló sin una palabra; la serpiente salió volando hacia arriba y quedó insertada en el arnés de su espalda.
Harry dijo:
—¡Arriba!
A la escoba.
Bellatrix sujetó la varita al soporte en su mano.
Harry saltó a la escoba de dos personas en la posición delantera.
Bellatrix lo siguió detrás, tomó los dispositivos semejantes a esposas de sus muñecas y encadenó sus manos a los agarres de la escoba, incluso mientras la mano derecha de Harry empujaba su varita dentro de su bolsa.
Y los tres salieron disparados hacia delante por el agujero de la pared…
…emergiendo al aire libre, directamente sobre la fosa de los dementores, en el interior del vasto prisma triangular que era Azkaban, con el cielo azul ahora claramente visible por encima de ellos, derramando su luz del día.
Harry inclinó la escoba y empezó a acelerar, hacia arriba y hacia el centro del espacio triangular. Su mano izquierda, enguantada para impedir el contacto directo entre su piel y algo que el profesor Quirrell había Transfigurado, sostenía el interruptor del control del artefacto muggle.
Muy por encima de ellos, resonaron gritos distantes.
¡Muy bien, panda de primitivos!
Aurores en veloces escobas de carreras se inclinaron desde el cielo, lanzándose en picado directamente hacia ellos, con tenues chispas de luz ya lloviendo hacia abajo mientras se efectuaban los primeros disparos.
¡Escuchad!
—¡Protego Maximus! —gritó Bellatrix con una voz poderosa y quebrada, seguida de una carcajada mientras un campo azul resplandeciente los rodeaba.
¿Veis esto?
Desde la fosa en descomposición del centro de Azkaban, más de cien dementores se elevaron en el aire, apareciendo ante algunos como una gran masa de cadáveres, un cementerio volante; apareciendo ante otro como un conglomerado de ausencias que parecían formar un vasto desgarrón en el mundo mientras se deslizaban hacia arriba.
Esto…
La voz de un mago antiguo y poderoso bramó un terrible encantamiento, y una gran llamarada de fuego blanco-dorado salió disparada del agujero en la pared de Azkaban, informe solo durante un momento antes de empezar a formar alas.
Es…
Y los aurores activaron el Contrahechizo Anti-Antigravedad que se había incorporado a las protecciones de Azkaban, deshabilitando todos los hechizos de vuelo cuyo encantamiento no hubiera sido lanzado con la contraseña recientemente cambiada.
La sustentación de la escoba de Harry se apagó.
La gravedad, por otra parte, siguió encendida.
El ascenso de su escoba se ralentizó, empezó a decelerar, inició el proceso de convertirse en una caída.
Mi…
Pero los encantamientos que mantenían la escoba apuntando en una dirección y permitían dirigirla, los encantamientos que mantenían sujetos a los jinetes y los protegían en cierta medida de la aceleración, esos encantamientos seguían funcionando.
¡ESCOBA!
Harry pulsó el interruptor de ignición del cohete de combustible sólido, propelente compuesto de perclorato de amonio, clase N, modelo Berserker PFRC, fabricado por General Technics, que había sido apareado con su escoba biplaza Nimbus X200.
Y hubo ruido.