En un corredor marcado por cicatrices y ruinas, iluminado por tenues lámparas de gas, un niño avanzó despacio, una mano extendida, hacia la serpiente inmóvil que era el cuerpo de su profesor.

Harry estaba solo a un metro del cuerpo de la serpiente cuando lo sintió por primera vez, cosquilleándole en el borde de la percepción.

Muy débilmente, una sensación de fatalidad…

Entonces el profesor Quirrell estaba vivo.

El pensamiento no le provocó alegría alguna, solo una especie de desesperación vacía.

A Harry lo atraparían pronto de todos modos, y por más que intentara explicarlo, aquello seguiría sin tener buena pinta. Nadie volvería a confiar en él, pensarían que era el próximo Señor Tenebroso, no lo ayudarían cuando llegara el momento de combatir a lord Voldemort, Hermione lo abandonaría, probablemente incluso Dumbledore buscaría otro héroe…

…quizá simplemente lo mandarían a casa con sus padres.

Había fracasado.

Harry miró el cuerpo desplomado del agente de policía al que había aturdido, la sangre ya secándose en los cortes y tajos menores, las zonas quemadas de las túnicas rojas intrincadamente bordadas.

Había sido estúpido. No debería haber aturdido al agente, debería haberse limitado a su historia original de que el profesor Quirrell lo había secuestrado…

Quizá aún no sea demasiado tarde, susurró una voz dentro de él. Quizá todavía puedas arreglar tu error. El auror te vio, recuerda que lo aturdiste… pero si él estuviera muerto, si el profesor Quirrell estuviera muerto, si Bellatrix estuviera muerta, no habría nadie que contradijera tu historia.

Lentamente, la mano de Harry empezó a elevarse, apuntando la varita al agente de policía y…

La mano de Harry se detuvo.

Tenía una vaga sensación de estar comportándose de una forma que no era característica de sí mismo, de algún modo. Como si hubiera olvidado algo, algo importante, pero le costaba recordar qué era exactamente.

Ah. Eso era. Él era alguien que creía en el valor de la vida humana.

Una sensación de perplejidad acompañó al pensamiento; no lograba recordar muy bien por qué las vidas de otras personas le habían parecido valiosas…

Muy bien, dijo la parte lógica de él, ¿por qué ha cambiado mi mente entre entonces y ahora?

Porque estaba en Azkaban…

Y se le había olvidado volver a lanzar el Encantamiento Patronus…

Hacer cualquier cosa, de algún modo, parecía un esfuerzo tremendo, como si el pensamiento mismo de actuar fuera un peso demasiado grande para levantarlo; pero sí parecía buena idea volver a lanzar el Encantamiento Patronus, porque aún era capaz de tener miedo de los dementores. Y aunque no podía recordar qué se sentía al ser feliz, sabía que aquello no lo era.

La mano de Harry se alzó para sostener la varita ante él, y sus dedos adoptaron las posiciones iniciales.

Y entonces Harry se detuvo.

No podía… recordar del todo… qué había usado como pensamiento feliz.

Eso era raro; había sido algo muy importante, de verdad debería poder recordarlo… ¿algo que tenía que ver con la muerte? Pero eso no era feliz…

Su cuerpo estaba temblando. Azkaban no le había parecido tan fría antes, y parecía estar enfriándose aún más mientras pensaba. Era demasiado tarde para él, ya se había hundido demasiado, nunca podría lanzar ahora el Encantamiento Patronus…

Puede que eso sea la dementación hablando y no una estimación precisa, observó la parte lógica de sí mismo, hábitos que habían quedado codificados en puro reflejo, sin requerir energía alguna para activarse. Piensa en el miedo de los dementores como un sesgo cognitivo, e intenta superarlo como superarías cualquier otro sesgo cognitivo. Tus sentimientos de desesperanza quizá no indiquen que la situación sea realmente desesperada. Quizá solo indiquen que estás en presencia de dementores.

Todas las emociones negativas y todas las estimaciones pesimistas deben considerarse ahora sospechosas, falaces hasta que se demuestre su validez.

(Si hubieras estado mirando al niño mientras pensaba, habrías visto una arruga distante, abstracta y perpleja cruzarle la cara, bajo las gafas y la cicatriz con forma de rayo. Su mano permanecía en la posición inicial del Encantamiento Patronus, y no se movía.)

La presencia de dementores interfiere con la parte de ti que procesa la felicidad. Si no puedes recuperar tu pensamiento feliz por asociación mnemónica en la clave de la felicidad, quizá puedas acceder al recuerdo de otro modo. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con alguien sobre el Encantamiento Patronus?

Harry tampoco parecía poder recordar eso.

Una ola aplastante de desesperación lo barrió, y fue descartada por la parte lógica de sí mismo como indigna de confianza, externa, no-Harry. El peso sordo seguía presionándolo, pero su mente continuó pensando; no hacía falta mucho esfuerzo para pensar…

¿Cuándo fue la última vez que hablaste con alguien sobre dementores?

El profesor Quirrell había dicho que él ya era capaz de sentir la presencia de los dementores, y Harry le había dicho al profesor Quirrell… le había dicho al profesor Quirrell…

…que se aferrara al recuerdo de las estrellas, de caer sin cuerpo a través del espacio, como una barrera de Oclumancia alrededor de toda su mente.

Su segunda clase de Defensa del año, el viernes; allí fue cuando el profesor Quirrell le había mostrado las estrellas, y de nuevo en Navidad.

No requería mucho esfuerzo recordarlas, los puntos blancos abrasadores contra una negrura perfecta.

Harry recordó el gran lavado nuboso de la Vía Láctea.

Harry recordó la paz.

Algo del frío en los bordes de sus extremidades pareció retroceder.

Había palabras que había pronunciado en voz alta el día que lanzó por primera vez el Encantamiento Patronus; su mente podía recordar los sonidos y el habla aunque los sentimientos parecieran lejanos…

…Pensé en mi rechazo absoluto de la muerte como orden natural.

Lanzas el Encantamiento Patronus Verdadero pensando en el valor de la vida humana.

…Pero hay otras vidas que siguen vivas y por las que luchar. Tu vida, y mi vida, y la vida de Hermione Granger, todas las vidas de la Tierra, y todas las vidas más allá, para defenderlas y protegerlas.

Entonces la idea de matar a todos… aquella no había sido su verdadero yo, aquello había sido la dementación hablando…

La desesperación era influencia de los dementores.

Mientras hay vida, hay esperanza. El auror sigue vivo. El profesor Quirrell sigue vivo. Bellatrix sigue viva. Yo sigo vivo. En realidad nadie ha muerto todavía…

Harry pudo imaginar la Tierra, ahora, en medio del campo de estrellas, el orbe azul y blanco.

…¡y no dejaré que mueran!

—¡Expecto Patronum!

Las palabras salieron un poco titubeantes, y cuando la forma humana volvió a estallar en la existencia al principio fue tenue, luz de luna en vez de luz solar, blanca en vez de plateada.

Pero se fortaleció, lentamente, mientras Harry respiraba con ritmo deliberado, recuperándose. Dejando que la luz expulsara la oscuridad de su mente. Recordando las cosas que casi había olvidado, y canalizándolas de nuevo al Encantamiento Patronus.

Incluso cuando la luz volvió a arder plena y plateada, iluminando el corredor con más brillo que las lámparas de gas y desterrando por completo el frío, las extremidades de Harry seguían temblando. Había estado demasiado cerca.

Harry respiró hondo. Muy bien. Era hora de reconsiderar la situación ahora que sus pensamientos ya no estaban siendo oscurecidos artificialmente por los dementores.

Harry revisó la situación.

…en realidad seguía pareciendo bastante desesperada.

No era la desesperación aplastante de antes, pero Harry seguía tambaleante, por decirlo suavemente. No se atrevía a volverse oscuro, y era su lado oscuro el que tenía la capacidad de afrontar este nivel de problema con serenidad. Era su lado oscuro el que habría reído con desprecio ante el concepto mismo de rendirse solo porque había perdido al profesor Quirrell y estaba varado en las profundidades de Azkaban y había sido visto por un agente de policía. El Harry ordinario no era capaz de afrontar semejante cosa con serenidad.

Pero no había otra opción que seguir avanzando de todos modos. Nada podía ser más inútil que rendirse antes de haber perdido de verdad.

Harry miró alrededor.

Tenues lámparas de gas iluminaban un corredor de metal gris, cuyos lados, suelo y techo estaban cortados en algunos lugares, mellados y fundidos, diciéndole a cualquiera que se molestara en mirar que allí había habido una batalla.

El profesor Quirrell podría haberlo reparado con bastante facilidad, si hubiera…

La sensación de traición golpeó entonces a Harry con toda su fuerza.

¿Por qué… por qué hizo… por qué…?

Porque es malvado, dijeron Gryffindor y Hufflepuff, en voz baja y triste. Te lo dijimos.

¡No!, pensó Harry desesperadamente. No, no tiene sentido; íbamos a cometer el crimen perfecto, el auror podría haber sido Obliviado, el corredor reparado, no era demasiado tarde, ¡pero SÍ habría sido demasiado tarde si él hubiera muerto!

Pero el profesor Quirrell nunca estaba planeando realmente cometer el crimen perfecto, dijo la voz sombría de Slytherin. Quería que el crimen se notara. Quería que todo el mundo supiera que alguien había matado a un auror y había sacado a Bellatrix Black de Azkaban. Habría preparado algún tipo de prueba, alguna evidencia que pudiera revelar de tu implicación, para usarla como chantaje contra ti; y quedarías unido a él para siempre.

El Patronus de Harry casi se apagó entonces.

No…, pensó Harry.

Sí, dijeron tristemente las otras tres partes de él.

No. Sigue sin tener sentido. El profesor Quirrell tenía que saber que me volvería contra él en cuanto lo viera matar a un auror. Que muy bien podría ir a confesarlo todo a Dumbledore, esperando alegar el hecho cierto de que me engañaron. Y…

En términos de chantaje, ¿matar él a un auror contra mi voluntad añade realmente tanto a sacar a Bellatrix de Azkaban con mi ayuda voluntaria? Habría sido más astuto conservar la prueba de mi implicación en el crimen básico, pero seguir fingiendo ser mi aliado tanto como pudiera, guardándose el chantaje para usarlo solo si llegaba a ser necesario…

Racionalización, dijo Slytherin. Entonces, ¿por qué lo hizo el profesor Quirrell?

Y Harry pensó con un matiz de desesperación —sabiendo, incluso mientras lo pensaba, que en parte lo motivaba un deseo de rechazar la realidad, y que no era así como debía usarse la técnica—: Noto que estoy confuso.

Hubo silencio interno. Ninguna de las partes de sí mismo pareció tener nada que añadir a eso.

Y Harry continuó haciendo inventario de la situación, que parecía moderadamente desesperada.

¿Necesitaba Harry reevaluar la probabilidad de que Bellatrix fuera malvada?

…no en ningún sentido relevante para la misión. Era un hecho dado que Bellatrix era malvada ahora mismo. Que fuera una inocente a la que habían convertido en eso mediante tortura y Legeremancia y rituales inenarrables, o que lo hubiera escogido por voluntad propia, no tenía mucha incidencia en la situación actual. El hecho clave era que, mientras Bellatrix creyera que Harry era el Señor Tenebroso, lo obedecería.

Eso era un recurso, entonces. Pero Bellatrix estaba muerta de hambre y nueve décimas partes muerta…

«Ah, ahora me siento un poco mejor, qué extraño…»

Bellatrix lo había dicho, con su voz hecha pedazos, después de que el Patronus de Harry ardiera fuera de control.

Harry pensó, y no podría haber dicho del todo por qué lo pensó; quizá solo era su propia mente inventándose cosas, pero… parecía probable que lo que los dementores te habían quitado hacía mucho tiempo estuviera perdido para siempre. Pero lo que los dementores te habían quitado recientemente, el Encantamiento Patronus Verdadero quizá podía devolvértelo. Como la diferencia entre vaciar una copa, y que la copa sin usar se vaya desvaneciendo. Bellatrix, entonces, quizá había recuperado lo que había perdido solo durante la última semana más o menos.

No recuerdos felices; esos se los habrían comido años atrás. Pero cualquier fuerza y magia que le hubieran drenado solo en la última semana, quizá la había recuperado. Como el equivalente de haber tenido una semana de descanso, una semana para reconstruir su magia…

Harry miró la forma de serpiente del profesor Quirrell.

…quizá suficiente para un Innervate.

Si despertar al profesor Quirrell era, de hecho, algo inteligente.

Parte de la desesperación volvió entonces a Harry. No podía confiar en el profesor Quirrell, no podía confiar en que revivirlo fuera sensato, no después de lo que acababa de ocurrir.

Firme, pensó Harry para sí, y miró la forma desplomada del auror.

Bellatrix quizá también podría hacer un Encantamiento de Memoria.

Eso podría ser el primer paso, al menos. No era exactamente sacar a todo el mundo sano y salvo de Azkaban, y después los aurores sabrían que había ocurrido algo extraño; podrían sospechar del cuerpo de Bellatrix y hacerle una autopsia. Pero era un paso.

…¿y sería tan difícil salir de Azkaban? Si podían llegar a la cima de Azkaban lo bastante deprisa, antes de que se supusiera que el auror debía reportarse, antes de que nadie advirtiera que faltaba, entonces podían simplemente salir volando por el agujero que había hecho el profesor Quirrell, y alejarse lo bastante de Azkaban para activar el traslador que Harry ya tenía en su posesión. (Tanto el profesor Quirrell como Harry tenían trasladores, y ambos eran lo bastante poderosos para transportar a dos humanos, más o menos una serpiente. Igual que con su salida doblemente oculta de la Habitación de Mary, el profesor Quirrell había puesto en sus planes suficiente margen de seguridad como para impresionar incluso a Harry.)

Bellatrix podría llevar la forma de serpiente del profesor Quirrell, a quien Harry no se atrevía a tocar ni a levitar.

Harry se volvió y caminó deprisa hacia donde Bellatrix esperaba en las escaleras. Podía sentir que su ánimo revivía un poco. Empezaba a parecer un buen plan, y no había tiempo que perder en ponerlo en marcha.

Qué hacer con el profesor Quirrell, o ya puestos con Bellatrix, después de que el traslador los llevara a donde se suponía que debían entregar a Bellatrix al sanador psiquiátrico… bueno, Harry podría resolverlo por el camino. Probablemente Harry tendría que embaucar al sanador para que hiciera algo —lo cual iba a requerir un embaucamiento de mil demonios, y Harry ni siquiera estaba seguro de qué quería que se hiciera—, pero él y Bellatrix tenían que moverse ahora.

El principal problema que Harry vio, mientras recorría rápidamente todo el proceso en su imaginación, llegaría cuando alcanzaran la azotea. Se suponía que el profesor Quirrell se escabulliría invisible y Confundiría los monitores que detectarían visitantes en los alrededores aéreos de Azkaban, haciéndoles ver un bucle repetido del paisaje durante unos minutos.

El profesor Quirrell había dicho que no podía Desilusionar el Patronus de Harry; y si apagaban el Patronus, los dementores advertirían que Bellatrix faltaba y alertarían a los aurores…

El hilo de pensamiento de Harry tropezó.

Había veces en que «Ay, mierda» sencillamente no parecía cubrirlo.


Las manos de Li estaban firmes pese a la adrenalina, mientras quitaba los cerrojos de las barras del Armario Evanescente que conectaba Azkaban con una sala bien vigilada en el interior del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. (Un Armario Evanescente de un solo sentido, por supuesto. Las salvaguardas permitían unas pocas vías rápidas para entrar en Azkaban, todas ellas muy restringidas, y ninguna vía rápida para salir.)

Li retrocedió bien, apuntó con la varita al Armario, pronunció el encantamiento «Harmonia Nectere Passus», y ni un segundo después…

La puerta del Armario se abrió de golpe con un estruendo, y en la habitación entró a grandes zancadas una bruja corpulenta, de mandíbula cuadrada, con el pelo entrecano cortado muy cerca de la cabeza.

No llevaba insignias de rango, igual que no llevaba joyas ni otros adornos; solo eran túnicas ordinarias de auror las que consideraba dignas de engalanarla: la directora Amelia Bones, jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, de quien se decía que era la única bruja del Departamento capaz de derrotar a Ojoloco Moody en un combate justo (aunque ninguno de los dos era de los que combatían justamente).

Li había oído rumores de que Amelia podía Aparecerse dentro de los límites del Departamento, y aquello era la clase de cosa que daba origen a rumores como ese; él había dado la alarma hacía menos de cincuenta segundos.

—¡Al aire, ahora! —ladró Amelia por encima del hombro al trío femenino de aurores que la seguía con escobas policiales; debían haber estado todas apretujadas allí dentro, esperando a que Li activara el Armario—. ¡Quiero más cobertura aérea sobre este sitio! ¡Y aseguraos de mantener vuestros Encantamientos antidesilusión! —Entonces volvió la cabeza hacia él—. ¡Informe, auror Li! ¿Sabemos ya cómo han entrado?

Otro trío de aurores con escobas se materializó en el Armario Evanescente y salió a grandes pasos detrás de ellas incluso mientras Li empezaba a hablar.

Los siguió un trío de Magos de Choque con equipo completo de batalla.

Luego otro trío de Magos de Choque.

Luego otro equipo de escobas.


La forma demacrada que era Bellatrix Black descansaba inmóvil en las escaleras cuando Harry llegó hasta allí, con los ojos cerrados, y cuando Harry preguntó en un susurro frío y agudo si estaba despierta, no obtuvo respuesta.

Una breve sacudida de pánico fue contrarrestada por el pensamiento de que el profesor Quirrell la había dejado inconsciente para impedir que oyera cómo el sirviente encogido del Señor Tenebroso se convertía de pronto en un criminal endurecido y luego en un experto mago de combate. Lo cual era bueno, porque no habría oído la voz de Harry diciendo «Expecto Patronum».

Harry apartó la capucha de la Capa, apuntó con la varita a Bellatrix y susurró tan suavemente como pudo:

—Innervate.

Por cómo el cuerpo de Bellatrix dio una pequeña sacudida, Harry no creyó haber logrado hacerlo con suficiente suavidad.

Los ojos hundidos y oscuros se abrieron.

—Querida Bella —dijo Harry con su voz fría y aguda—, me temo que nos hemos encontrado con un pequeño problema. ¿Te has recuperado lo bastante para hacer magias menores?

Hubo una pausa, y entonces la pálida cabeza de Bellatrix asintió.

—Muy bien —dijo Harry secamente—. No te pediré que camines sin ayuda, querida Bella, pero me temo que debes caminar. —Le apuntó con la varita—. Wingardium Leviosa.

Harry mantuvo el flujo de fuerza en un nivel que pudiera sostener durante un rato, y aun así probablemente estaba levantando dos tercios del peso actual de su cuerpo. Estaba… delgada.

Lentamente, como si fuera la primera vez en años, Bellatrix Black se puso en pie.


Amelia entró a grandes zancadas en la sala de mando, con el auror Li y su tejón plateado siguiéndola. Había girado su Giratiempo en cuanto oyó la alarma, y luego había pasado una hora tensa preparando a sus fuerzas para la entrada. No se podía hacer un bucle temporal dentro de la propia Azkaban; el futuro de Azkaban no podía interactuar con su pasado, así que no había podido llegar antes de que el Departamento recibiera el mensaje, pero debería haber llegado a tiempo…

Sus ojos fueron directos al cadáver, sin capa y con aspecto muy muerto, flotando más allá de la ventana de observación.

—¿Dónde está Bellatrix Black? —exigió Amelia, sin mostrar miedo ante la criatura del miedo.

Incluso su propia sangre se heló durante un instante cuando el cadáver separó los labios y gorgoteó:

—No saber.


Harry observó, ahora completamente invisible una vez más, cómo Bellatrix se inclinaba despacio, tomaba la varita del profesor Quirrell (que Harry no se atrevía a tocar) y volvía a enderezarse lentamente.

Entonces Bellatrix apuntó la varita a la serpiente y dijo, con la voz precisa aunque todavía era un susurro:

—Innervate.

La serpiente no se movió.

—¿Debo intentarlo de nuevo, mi Lord? —susurró ella.

—No —dijo Harry. Tragó la sensación de náusea. Harry había decidido mandar todo al cuerno e intentar revivir al profesor Quirrell después de darse cuenta de que los dementores probablemente ya habían alertado a los aurores. Su voz alta y fría continuó, imperturbable—: ¿Crees que eres capaz de realizar un Encantamiento de Memoria, querida Bella?

Bellatrix hizo una pausa y luego dijo, vacilante:

—Creo que sí, mi Lord.

—Elimina la última media hora de memoria de ese auror —ordenó Harry. Había pensado un poco en si quería dar alguna justificación para eso, qué diría si Bellatrix preguntaba por qué no lo mataban sin más, en cuyo caso Harry explicaría que fingían ser otro grupo de poder y luego le diría que cerrara la boca…

Pero Bellatrix simplemente apuntó la varita al auror, permaneció en silencio durante un rato y finalmente susurró:

—Obliviate.

Se tambaleó entonces, pero no cayó.

—Muy bien, mi querida Bella —dijo Harry, y soltó una risita fina—. Y te pediré que lleves esa serpiente.

De nuevo, la mujer no dijo nada, no exigió explicaciones, no preguntó por qué Harry o el aparentemente invisible lanzador del Patronus no podían hacerlo. Solo trastabilló hasta donde yacía la larga serpiente, se inclinó despacio, la levantó y se la colgó sobre el hombro.

(Una diminuta parte de Harry observó que era muy relajante tener una secuaz que simplemente siguiera órdenes con tan pocas preguntas, e incluso llegó a pensar que podría acostumbrarse del todo a tener una secuaz como Bellatrix, antes de que el resto de sí, mortalmente ofendido, gritara hasta silenciar aquella fracción mental.)

—Sígueme —ordenó el niño a su secuaz, y empezó a caminar.


La sala de mando empezaba a estar abarrotada, casi demasiado llena para respirar, aunque seguía habiendo espacio alrededor de la propia Amelia; si necesitar respirar implicaba que tenías que apretujarte contra la directora Bones, era mejor no respirar.

Amelia miró hacia donde Ora trasteaba con el espejo del auror McCusker.

—Especialista Weinbach —ladró, haciendo que la joven bruja diera un respingo—. ¿Alguna respuesta del espejo de Una Mano?

—Ninguna —dijo Ora nerviosa—, es… quiero decir, tiene que estar bloqueado, no muerto, bloqueado cuidadosamente porque no disparó las alarmas, pero la línea está tan en blanco que el espejo bien podría estar roto…

Amelia no dejó que su expresión cambiara, aunque la parte de ella que ya estaba llorando a Una Mano se volvió un poco más triste y mucho más furiosa. Siete meses, le quedaban siete meses para jubilarse después de un siglo completo de servicio. Lo recordaba como un joven auror entusiasta, hacía muchísimo tiempo, y durante toda su carrera había servido al Departamento con perfecta lealtad, al menos cuando se trataba de cualquier cosa realmente importante…

Alguien ardería por esto.

El dementor seguía flotando fuera de la ventana, proyectando su inútil sombra de pavor sobre sus operaciones; todo lo que la criatura podía hacer era gorgotear su falta de conocimiento o no responder en absoluto cuando se le hacían preguntas como «¿Ha escapado Bellatrix Black?» y «¿Por qué no puedes encontrarla?» y «¿Cómo la están ocultando?». Amelia empezaba a preocuparse de que los criminales ya se hubieran ido, cuando…

—¡Hemos encontrado un agujero en el techo sobre la espiral C! —gritó alguien desde la puerta—. ¡Sigue abierto, las elusiones de las salvaguardas siguen activas!

Los labios de Amelia se separaron en una sonrisa como la de un lobo abriendo las fauces para comer.

Bellatrix Black seguía en Azkaban.

Y en Azkaban Bellatrix Black permanecería para siempre.

Dio una zancada hacia la ventana, ignorando ahora al dementor, y miró hacia el cielo de arriba para comprobar con sus propios ojos las escobas patrulleras. No podía ver todo el cielo desde allí, pero vio diez escobas pasar en patrón de patrulla, y eso ya debería bastar para atrapar a cualquiera, aunque tenía toda la intención de poner en el aire a cada escoba de que dispusiera. Sus aurores estaban equipados con la escoba de carreras más rápida disponible actualmente en el mercado, la Nimbus 2000; para su gente no habría persecuciones fallidas.

Amelia se volvió desde la ventana y frunció el ceño. La habitación se estaba llenando de forma ridícula, y dos tercios de aquella gente no necesitaban estar allí, solo querían estar cerca del centro de la acción. Si había algo que Amelia no podía tolerar, era la gente que hacía lo que quería en vez de lo que hacía falta.

—¡Muy bien, todos vosotros! —les bramó—. ¡Dejad de quedaros por aquí y empezad a asegurar el nivel superior de cada espiral! Así es —dijo ante las miradas de sorpresa—, ¡las tres! Pueden abrirse paso a través de un suelo o un techo para moverse entre ellas, por si no se os había ocurrido. Vamos a bajar nivel por nivel hasta atraparlos. Yo llevaré la espiral C, Scrimgeour, tú la B… —Se detuvo entonces, recordando que Ojoloco se había jubilado el año anterior; a quién podía…

—Shacklebolt, tú llevarás la espiral A, ¡llévate a los otros combatientes más fuertes! ¡Comprobad cada conjunto de celdas por el que paséis, mirad debajo de las mantas, haced la serie completa de Encantamientos de detección en cada corredor! Nadie sale de Azkaban hasta que los criminales estén atrapados, ¡nadie! Y… —La gente miró a Amelia con sorpresa cuando su voz se apagó.

Los criminales habían inventado alguna forma de impedir que los dementores encontraran a Bellatrix Black.

Eso debería haber sido imposible.

Le heló la sangre contemplarlo. Era como…

Amelia respiró hondo y volvió a hablar, con voz de mando de acero.

—Y cuando los atrapeis, aseguraos malditamente bien de que son los criminales reales y no los nuestros obligados a tomar multijugos. Si alguien se comporta de forma extraña, comprobad si está bajo la Maldición Imperius. Manteneos a la vista unos de otros en todo momento. No asumáis que un uniforme de auror es amistoso si no reconocéis la cara. —Se volvió hacia la especialista de comunicaciones—. Díselo a las escobas. Si una de las escobas se separa sin motivo, la mitad debe perseguirla mientras el resto sigue patrullando. Y cambiad las armónicas de todo lo cambiable; puede que nos hayan robado las llaves. —Luego volvió a mirar al resto de la sala—. Ningún auror está por encima de toda sospecha a menos que no le quede familia a la que amenazar.

Lo vio, las miradas frías que aparecieron en los rostros más viejos, vio cómo algunos de los aurores más jóvenes se encogían, y supo que habían entendido.

Pero lo dijo en voz alta, solo para asegurarse.

—Hoy estamos combatiendo la vieja Guerra Mágica, todos. Que Quien-Vosotros-Sabéis esté muerto no significa que los mortífagos hayan olvidado sus trucos. ¡Ahora id!


Harry caminaba en silencio por el corredor gris iluminado con gas, invisible junto a Bellatrix y la forma plateada que los seguía, intentando pensar en un plan mejor.

Al principio, cuando se había dado cuenta de que los aurores probablemente ya lo sabían, y de que además el profesor Quirrell no se despertaba…

Sus pensamientos se habían congelado ahí, durante un segundo.

Y luego habían seguido congelados, incluso mientras lograba que él y Bellatrix se dirigieran hacia abajo, para ganar tanto tiempo como fuera posible; los aurores, pensaba Harry, empezarían desde arriba y bajarían nivel por nivel. Los aurores podían permitirse avanzar despacio y con seguridad; sabían que su presa no tenía salida.

Harry no había sido capaz de pensar en ninguna salida.

Hasta que Harry se dijo: bueno, si esto fuera solo un juego de guerra, ¿qué haría el general Caos?

De lo cual había surgido al instante una respuesta.

Y entonces Harry había pensado: pero si es tan fácil, ¿por qué nadie ha escapado de Azkaban antes?

Y después de darse cuenta del posible problema: Bien, ¿qué haría el general Caos con eso?

A lo cual el general Caos había propuesto una enmienda a su primer plan.

Era…

Era lo más absurdamente Gryffindor que Harry había visto jamás…

Así que ahora estaba intentando pensar en un plan mejor, y no estaba teniendo mucho éxito.

Exigente, exigente, exigente, dijo Gryffindor. ¿Quién se quejaba de no tener ningún plan hace un minuto? Deberías alegrarte de que se nos ocurriera algo, señor Ahora-Estamos-Condenados.

—Mi Lord —susurró Bellatrix con voz vacilante, mientras bajaba el siguiente tramo de escaleras—, ¿vuelvo a mi celda, mi Lord?

El cerebro de Harry estaba distraído, así que tardó todo ese tiempo en procesar las palabras, y luego otro momento en procesar el horror, mientras Bellatrix continuaba hablando.

—Yo… por favor, mi Lord, preferiría mucho más morir —dijo su voz. Y luego, con una voz más pequeña, un susurro que apenas estaba allí—: Pero volveré si me lo pedís, mi Lord…

—No vamos a volver a tu celda —siseó la voz de Harry, en automático. Nada de lo que sentía pudo llegar a su cara.

Eh…, dijo Hufflepuff. ¿De verdad acabas de pensar: «Deberías trabajar para mí, yo sí te apreciaría»?

Una piedra respondería a esa clase de lealtad, pensó Harry. Aunque solo la esté recibiendo por error, no puedo evitar…

Es la asesina y torturadora leal del Señor Tenebroso, y la supuesta razón de que sea leal es que una muchacha inocente fue rota en pedazos y usada como materia prima para fabricarla, dijo Hufflepuff. ¿Lo has olvidado?

Si alguien me muestra tanta lealtad, incluso por error, hay una parte de mí que no puede evitar sentir algo. El Señor Tenebroso tuvo que ser… malvado no parece una palabra lo bastante fuerte, tuvo que estar vacío… para no apreciar su lealtad, artificial o no.

Las mejores partes de Harry no tuvieron mucho que decir a eso.

Y entonces fue cuando Harry lo oyó.

Era débil, y se hacía más fuerte con cada paso que daban hacia adelante.

Una voz de mujer, distante, indistinta.

Sus oídos, automáticamente, se esforzaron por distinguir las palabras.

—…por favor, no…

—…no quería…

—…no mueras…

Entonces su cerebro supo a quién estaba oyendo, y casi en el mismo instante averiguó qué estaba oyendo.

Porque el profesor Quirrell ya no estaba allí para mantener el silencio, y Azkaban no estaba, de hecho, en silencio.

Débil, la voz de la mujer, repitiendo:

—¡No, no quería hacerlo, por favor no mueras!

—¡No, no quería hacerlo, por favor no mueras!

Se hacía más fuerte con cada paso que daba Harry; ya podía oír la emoción en las palabras, el horror, el remordimiento, la desesperación de…

—¡No, no quería hacerlo, por favor no mueras!

…el peor recuerdo de la mujer, ensayándose una y otra vez…

—¡No, no quería hacerlo, por favor no mueras!

…el asesinato que la había enviado a Azkaban…

—¡No, no quería hacerlo, por favor no mueras!

…donde había sido sentenciada por los dementores a ver a quien hubiera matado morir y morir y morir en un bucle infinito repetido. Aunque debían haberla puesto en Azkaban hacía poco, por la cantidad de vida que aún quedaba en su voz.

Entonces se le ocurrió a Harry que el profesor Quirrell había pasado ante aquellas puertas, había oído aquellos sonidos y no había mostrado el menor signo de perturbación; y Harry lo habría llamado una prueba positiva de maldad si sus propios labios no hubieran permanecido en silencio en presencia de Bellatrix, su respiración regular, mientras algo dentro de él gritaba y gritaba y gritaba.

El Patronus se iluminó más, no fuera de control, pero se iluminó más con cada paso que Harry daba hacia adelante.

Se iluminó aún más mientras Harry y Bellatrix descendían las escaleras; ella tropezó y Harry le ofreció el brazo izquierdo, sacándolo de la Capa y afrontando la sensación de fatalidad por estar tan cerca de la serpiente que llevaba colgada del cuello. Hubo una mirada de sorpresa en su cara, pero lo aceptó y no dijo nada.

A Harry le ayudaba poder ayudar a Bellatrix, pero no era suficiente.

No cuando vio la enorme puerta metálica en el centro del corredor de aquel nivel.

No cuando se acercaron más, y la voz de la mujer cayó en silencio, porque ahora había un Patronus cerca de ella y ya no estaba reviviendo su peor recuerdo.

Bien, dijo una voz dentro de él. Ese era el primer paso.

Los pasos de Harry lo llevaron inevitablemente hacia la puerta de metal.

Y…

Ahora abre la puerta…

…Harry siguió caminando…

¿Qué crees que estás haciendo? ¡Vuelve y sácala de ahí!

…siguió caminando…

¡Sálvala! ¿Qué haces? Está sufriendo, ¡TIENES QUE SALVARLA!

El traslador que Harry llevaba podía transportar a dos humanos, solo a dos, más o menos una serpiente. Si hubieran tenido también el traslador del profesor Quirrell… pero no lo tenían, la forma humana del profesor Quirrell llevaba ese, no había manera de conseguirlo… Harry solo podía salvar a una persona hoy, y solo había una persona en el nivel más bajo de Azkaban, en la necesidad más desesperada…

—¡NO TE VAYAS! —La voz llegó en un grito desde detrás de la puerta de metal—. ¡No, no, no, no te vayas, no te lo lleves, no, no, no…!

Había una luz en el corredor y se hizo más brillante.

—Por favor —sollozó la voz de la mujer—, por favor, ya no puedo recordar los nombres de mis hijos…

—Siéntate, Bella —dijo la voz de Harry. De algún modo mantuvo la voz en un susurro frío—. Debo ocuparme de esto. —El Encantamiento de Levitación disminuyó y se apagó incluso mientras Bella, obediente, se sentaba, su forma esquelética oscura contra el aire que se iluminaba.

Voy a morir, pensó Harry.

El aire siguió iluminándose.

Al fin y al cabo, no era seguro que Harry fuera a morir.

Solo era una probabilidad de muerte, ¿y no había cosas por las que merecía la pena aceptar una probabilidad de morir?

El aire siguió iluminándose; el Patronus mayor empezaba a formarse a su alrededor, la brillante figura humana se volvía indistinta dentro del aire ardiente, mientras la vida de Harry se iba para alimentar el fuego.

Si elimino a los dementores, entonces aunque viva sabrán que fui yo, que fui yo quien hizo esto… perderé mi apoyo, perderé la guerra…

¿Ah, sí?, dijo la voz interior que lo urgía a seguir. ¿Después de que destruyas a todos los dementores de Azkaban? Yo diría que eso tendería a demostrar tus credenciales como Lord de la Luz, en realidad, así que SÁLVALA, SÁLVALA, TIENES QUE SALVARLA…

La forma humanoide ya no podía verse como una entidad separada.

El corredor no podía verse.

El propio cuerpo de Harry era invisible bajo la Capa.

Solo había un punto de vista sin cuerpo dentro de una extensión infinita de luz plateada.

Harry podía sentir cómo la vida lo abandonaba, alimentando el hechizo; a lo lejos, podía sentir que las sombras de la Muerte empezaban a deshilacharse.

Tenía intención de lograr más con mi vida que esto… Iba a luchar contra el Señor Tenebroso, iba a fusionar los mundos mágico y muggle…

Los objetivos elevados parecían muy distantes, muy abstractos, comparados con una mujer que le suplicaba ayuda; no era seguro que Harry fuera a hacer jamás algo más importante que esta única cosa, esta única cosa que podía hacer ahora y aquí.

Y con lo que podría haber sido su último aliento, Harry pensó:

Hay otros dementores, probablemente otros Azkabans… si voy a hacer esto, debería hacerlo cuando esté más cerca del pozo central; así consumirá menos de mi vida, lo cual aumenta la probabilidad de que sobreviva para destruir otros dementores… incluso suponiendo que esto sea lo óptimo, si hay un momento y un lugar correctos para hacerlo, no es ahora ni aquí, ¡NO ES AHORA NI AQUÍ!

¿Qué?, dijo la otra parte de él, indignada, mientras buscaba un contraargumento que no existía…

Lentamente, la luz volvió a disminuir, mientras Harry se concentraba en aquel único hecho indiscutible, aquella verdad obvia de que no estaban en el lugar óptimo, de que el momento no podía ser ahora…

Lentamente, la luz volvió a disminuir.

Parte de la vida de Harry volvió a fluir dentro de él.

Parte se había perdido como radiación.

Pero a Harry le quedaba suficiente para mantenerse en pie y conservar brillante la forma humana plateada; y cuando su brazo de la varita se alzó y su voz susurró «Wingardium Leviosa», la magia fluyó obediente fuera de él y ayudó a Bellatrix a ponerse de pie. (Porque no era su magia lo que había gastado; nunca había sido su magia lo que alimentaba el Encantamiento Patronus.)

Lo juro, pensó Harry, respirando con tanta regularidad como podía en presencia de Bellatrix, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas invisibles. Lo juro por mi vida y mi magia y mi arte como racionalista, lo juro por todo lo que considero sagrado y por todos mis recuerdos felices, doy mi juramento de que algún día acabaré con este lugar; por favor, por favor, que pueda ser perdonado…

Y los dos siguieron caminando, mientras la voz de una asesina gritaba y suplicaba que alguien volviera a salvarla.

Debería haber habido más tiempo, debería haber habido una ceremonia para el sacrificio de aquel pedazo de sí mismo de Harry, pero Bellatrix estaba junto a él y por eso Harry solo tuvo que seguir caminando sin pausa, sin decir nada, respirando de forma uniforme.

Así que Harry siguió caminando, dejando atrás un pedazo de sí mismo. Habitaría en ese lugar y ese tiempo para siempre, lo sabía. Incluso después de que Harry volviera algún día con una compañía de otros lanzadores del Patronus Verdadero y destruyeran allí a todos los dementores. Incluso si fundía el edificio triangular y quemaba la isla hasta dejarla tan baja que el mar pasara por encima, sin dejar rastro de que un lugar semejante hubiera existido alguna vez. Incluso entonces no lo recuperaría.


La bandada de criaturas luminosas dejó de mirar hacia abajo y empezó a patrullar el corredor metálico como si nada hubiera pasado.

—¿Igual que la última vez? —espetó la directora Bones en dirección al auror Li, y el joven auror respondió:

—Sí, señora.

La directora lanzó otra consulta para ver si los dementores podían encontrar ahora a su objetivo, y no pareció sorprendida al oír una respuesta negativa unos segundos más tarde.

Emmeline Vance se sentía dividida entre sus lealtades.

Emmeline ya no era miembro de la Orden del Fénix; se habían disuelto tras el final de la última guerra. Y durante la guerra había sabido, todos habían sabido, que el director Crouch había aprobado en silencio su batalla no oficial.

La directora Bones no era Crouch.

Pero ahora estaban cazando a Bellatrix Black, que había sido una mortífaga, y a quien sin duda estaban rescatando mortífagos. Sus Patronus se comportaban de forma extraña: todas las criaturas brillantes se habían detenido a mirar hacia abajo, antes de volver a seguir a sus amos. Y los dementores no podían encontrar a su objetivo.

A ella le parecía que aquel sería un momento extremadamente bueno para consultar a Albus Dumbledore.

¿Debería limitarse a sugerir a la directora Bones que contactaran con Dumbledore? Pero si la directora Bones no lo había contactado ya…

Emmeline vaciló durante un rato, probablemente demasiado, y finalmente decidió. Al cuerno, pensó. Todos estamos del mismo lado; tenemos que mantenernos unidos, le guste o no a la directora Bones.

Con un pensamiento, su gorrión plateado revoloteó hasta posarse en su hombro.

—Quédate atrás para guardar nuestra retaguardia —murmuró Emmeline suavemente, casi sin mover los labios—, espera hasta que nadie te esté mirando directamente, luego ve a Albus Dumbledore. Si no está ya a solas, espera hasta que lo esté. Y dile esto: Bellatrix Black está escapando de Azkaban, y los dementores no pueden encontrarla.