Capítulo 33: Problemas de coordinación, parte 1
Simplemente me lo recito a mí mismo, una y otra vez, hasta que puedo elegir dormir: todo acaba sumando J. K. Rowling.
La versión de la teoría de la decisión usada en este capítulo no es la dominante académicamente. Se basa en algo llamado «teoría de la decisión atemporal», que están desarrollando, entre otros, Gary Drescher, Wei Dai, Vladimir Nesov y, bueno… (tose varias veces) yo.
Lo aterrador era lo rápido que todo se había descontrolado.
—Albus —dijo Minerva, sin intentar siquiera ocultar la preocupación en la voz mientras los dos entraban en el Gran Comedor—, hay que hacer algo.
El ambiente en Hogwarts antes de Navidad solía ser alegre y luminoso. El Gran Comedor ya había sido decorado en verde y rojo, en honor a una Slytherin y un Gryffindor cuya boda de Yule se había convertido en símbolo de amistad por encima de Casas y lealtades, una tradición casi tan antigua como el propio Hogwarts y que incluso se había extendido a países muggles.
Ahora los estudiantes que cenaban miraban nerviosos por encima del hombro, o lanzaban miradas asesinas a otras mesas, o discutían acaloradamente en algunas de ellas. Podría haberse descrito el ambiente como tenso, quizá, pero la frase que acudía a la mente de Minerva era alerta de quinto grado.
Coge una escuela, dividida en cuatro Casas…
Ahora añade a cada curso tres ejércitos en guerra.
Y el partidismo de Dragón, Luz del Sol y Caos se había extendido más allá de los de primero; se habían convertido en los ejércitos de quienes no tenían ejércitos. Los estudiantes llevaban brazaletes con insignias de fuego, sonrisas o manos alzadas, y se lanzaban maleficios en los pasillos. Los tres generales de primero les habían dicho que parasen —incluso Draco Malfoy la había escuchado y luego había asentido con gesto sombrío—, pero sus supuestos seguidores no habían hecho caso.
Dumbledore contempló las mesas con una mirada distante.
—«En toda ciudad —citó suavemente el anciano mago—, la población se halla desde hace largo tiempo dividida en las facciones Azul y Verde… Y combaten contra sus adversarios sin saber con qué fin ponen en peligro sus vidas… Así nace en ellos contra sus semejantes una hostilidad que no tiene causa, y en ningún momento cesa ni desaparece, pues no cede ni ante los lazos de matrimonio, ni de parentesco, ni de amistad, y sucede lo mismo aunque quienes difieren en cuanto a esos colores sean hermanos o cualquier otra clase de parientes. Por mi parte, soy incapaz de llamar a esto otra cosa que una enfermedad del alma…».
—Lo siento —dijo Minerva—, no…
—Procopio —dijo Dumbledore—. Se tomaban muy en serio las carreras de carros en el Imperio romano. Sí, Minerva, estoy de acuerdo en que hay que hacer algo.
—Pronto —dijo Minerva, bajando aún más la voz—. Albus, creo que hay que hacerlo antes del sábado.
El domingo, la mayoría de estudiantes se marcharía de Hogwarts para pasar las vacaciones con sus familias; el sábado, por tanto, sería la batalla final de los tres ejércitos de primero, la que determinaría la concesión del tres veces maldito deseo de Navidad del profesor Quirrell.
Dumbledore volvió la vista hacia ella, estudiándola gravemente.
—Temes que la explosión llegue entonces, y que alguien salga herido.
Minerva asintió.
—Y que culpen al profesor Quirrell.
Minerva volvió a asentir, con el rostro tenso. Hacía ya mucho tiempo que se había vuelto sabia en los caminos por los que despedían a los profesores de Defensa.
—Albus —dijo Minerva—, no podemos perder ahora al profesor Quirrell, ¡no podemos! Si se queda hasta enero, nuestros alumnos de quinto aprobarán los TIMOs; si se queda hasta marzo, nuestros alumnos de séptimo aprobarán los ÉXTASIS. Está reparando en meses años de abandono. Toda una generación crecerá capaz de defenderse a pesar de la maldición del Señor Tenebroso… ¡Tienes que detener la batalla, Albus! ¡Prohíbe los ejércitos ahora!
—No estoy seguro de que el profesor de Defensa se lo tomase bien —dijo Dumbledore, mirando hacia la mesa de profesores, donde Quirrell babeaba sobre su sopa—. Parecía muy encariñado con sus ejércitos, aunque cuando accedí pensé que habría cuatro en cada curso. —El anciano mago suspiró—. Un hombre inteligente, probablemente con las mejores intenciones; pero quizá no lo bastante inteligente, me temo. Y prohibir los ejércitos también podría desencadenar la explosión.
—Pero entonces, Albus, ¿qué harás?
El anciano mago le dedicó una sonrisa benigna.
—Pues conspirar, por supuesto. Es la nueva moda en Hogwarts.
Y ya se habían acercado demasiado a la mesa de profesores para que Minerva pudiese decir nada más.
Lo aterrador era lo rápido que todo se había descontrolado.
La primera batalla de diciembre había sido… desordenada, o eso había oído Draco.
La segunda batalla había sido demencial.
Y la siguiente sería peor, a menos que los tres juntos tuvieran éxito en su último intento desesperado de detenerla.
—Profesor Quirrell, esto es una locura —dijo Draco con tono seco—. Esto ya ni siquiera es Slytherin, es simplemente… —Draco se quedó sin palabras. Agitó las manos con impotencia—. No se pueden hacer intrigas de verdad con todo esto pasando. En la última batalla, uno de mis soldados fingió su propio suicidio. Tenemos Hufflepuffs intentando conspirar, y creen que pueden hacerlo, pero no pueden. Ahora las cosas pasan al azar, ya no tiene nada que ver con quién es más listo, ni con qué ejército lucha mejor, es… —Ni siquiera podía describirlo.
—Estoy de acuerdo con el señor Malfoy —dijo Granger con el tono de alguien que jamás había esperado oírse decir esas palabras—. Permitir traidores no está funcionando, profesor Quirrell.
Draco había intentado prohibir que cualquiera de su ejército conspirase excepto él, y aquello solo había hecho que las conspiraciones pasaran a la clandestinidad; nadie quería quedarse fuera cuando los soldados de otros ejércitos sí podían conspirar. Después de perder miserablemente su última batalla, al final había cedido y revocado su decreto; pero para entonces sus soldados ya habían empezado a poner en marcha sus propios planes personales, sin ninguna clase de coordinación central.
Después de que le contaran todos los planes, o lo que sus soldados afirmaban que eran sus planes, Draco había intentado esbozar una intriga para ganar la batalla final. Había requerido que salieran bien considerablemente más de tres cosas distintas, y Draco había usado Incendio sobre el papel y Everto para hacer desaparecer las cenizas, porque si Padre lo hubiera visto, lo habría desheredado.
Los párpados del profesor Quirrell estaban medio cerrados, la barbilla apoyada en las manos mientras se inclinaba sobre su escritorio.
—¿Y usted, señor Potter? —dijo el profesor de Defensa—. ¿También está de acuerdo?
—Solo tendríamos que disparar a Franz Ferdinand y podríamos empezar la Primera Guerra Mundial —dijo Harry—. Se ha convertido en un caos total. Estoy totalmente a favor.
—¡Harry! —dijo Draco con absoluto escándalo.
No se dio cuenta hasta un segundo después de que lo había dicho exactamente al mismo tiempo, y con exactamente el mismo tono de indignación, que Granger.
Granger le lanzó una mirada sobresaltada, y Draco mantuvo cuidadosamente el rostro neutral. Ups.
—¡Exacto! —dijo Harry—. ¡Os estoy traicionando! ¡A los dos! ¡Otra vez! ¡Ja, ja!
El profesor Quirrell sonreía apenas, aunque sus ojos seguían medio cerrados.
—¿Y por qué, señor Potter?
—Porque creo que puedo lidiar con el caos mejor que la señorita Granger o el señor Malfoy —dijo el traidor—. Nuestra guerra es un juego de suma cero, y no importa si es fácil o difícil en términos absolutos, solo quién lo hace mejor o peor.
Harry Potter estaba aprendiendo demasiado deprisa.
Los ojos del profesor Quirrell se movieron bajo los párpados para mirar a Draco, y luego a Granger.
—En verdad, señor Malfoy, señorita Granger, sencillamente no podría vivir conmigo mismo si cerrase el gran desastre antes de su clímax. Uno de sus soldados incluso se ha convertido en agente cuádruple.
—¿Cuádruple? —dijo Granger—. ¡Pero si solo hay tres bandos en la guerra!
—Sí —dijo el profesor Quirrell—, uno pensaría eso, ¿verdad? No estoy seguro de que haya existido jamás en la historia un agente cuádruple, ni un ejército con una fracción tan alta de traidores reales y fingidos. Estamos explorando nuevos reinos, señorita Granger, y no podemos volver atrás ahora.
Draco salió del despacho del profesor de Defensa apretando los dientes con fuerza, con Granger a su lado pareciendo aún más molesta.
—¡No puedo creer que hayas hecho eso, Harry! —dijo Granger.
—Lo siento —dijo Harry, sin sonar en absoluto arrepentido, con los labios curvados en una alegre sonrisa malvada—. Recuerda, Hermione, solo es un juego, ¿y por qué generales como nosotros iban a ser los únicos que pueden conspirar? Y además, ¿qué vais a hacer vosotros dos al respecto? ¿Aliaros contra mí?
Draco intercambió una mirada con Granger, sabiendo que su propia cara estaba tan tensa como la de ella. Harry llevaba tiempo apoyándose, cada vez de forma más abierta y regodeada, en la negativa de Draco a hacer causa común con una niña sangre sucia; y Draco empezaba a hartarse de que usaran eso contra él. Si esto seguía mucho más, se aliaría con Granger solo para aplastar a Harry Potter, y ya vería cuánto le gustaba al hijo de una sangre sucia.
Lo aterrador era lo rápido que todo se había descontrolado.
Hermione miraba fijamente el pergamino que Zabini le había dado, sintiéndose absoluta y completamente impotente.
Había nombres, y líneas que conectaban los nombres con otros nombres, y algunas de las líneas eran de distintos colores, y…
—Dime —dijo la general Granger—, ¿hay alguien en mi ejército que no sea espía?
Los dos no estaban en el despacho, sino en otra aula abandonada, y estaban solos; porque, según había dicho el coronel Zabini, ya era casi seguro que al menos uno de los capitanes era un traidor. Probablemente el capitán Goldstein, pero Zabini no lo sabía con certeza.
Su pregunta había provocado una sonrisa irónica en el rostro del joven Slytherin. Blaise Zabini siempre parecía un poco desdeñoso con ella, pero no parecía detestarla activamente; nada parecido al desprecio que sentía por Draco Malfoy, o al resentimiento que había desarrollado hacia Harry Potter.
Al principio le había preocupado que Zabini la traicionara, pero el chico parecía desesperado por demostrar que los otros dos generales no eran mejores que él; y Hermione pensaba que, aunque Zabini probablemente estaría encantado de venderla a cualquiera, jamás permitiría que ganaran Malfoy o Harry.
—La mayoría de tus soldados siguen siendo leales a ti, estoy bastante seguro —dijo Zabini—. Es solo que nadie quiere quedarse fuera de la diversión. —La expresión desdeñosa del Slytherin dejaba claro lo que pensaba de la gente que no se tomaba en serio las conspiraciones—. Así que creen que pueden ser agentes dobles y trabajar en secreto para nuestro bando mientras fingen traicionarnos.
—Y eso también valdría para cualquiera de los otros ejércitos que diga querer ser nuestro espía —dijo Hermione con cuidado.
El joven Slytherin se encogió de hombros.
—Creo que hice un buen trabajo distinguiendo cuáles quieren de verdad vender a Malfoy; no estoy seguro de que nadie quiera de verdad venderte a Potter. Pero Nott es apuesta segura para traicionar a Potter en favor de Malfoy, y como hice que Entwhistle se acercara a él supuestamente en nombre de Malfoy, y Entwhistle en realidad nos informa a nosotros, eso es casi igual de bueno…
Hermione cerró los ojos un momento.
—Vamos a perder, ¿verdad?
—Mira —dijo Zabini pacientemente—. Ahora mismo vas por delante en puntos Quirrell. Solo tenemos que no perder por completo esta última batalla y tendrás suficientes puntos Quirrell para ganar el deseo de Navidad.
El profesor Quirrell había anunciado que la batalla final funcionaría con un sistema formal de puntuación, cosa que le habían pedido para evitar recriminaciones posteriores. Cada vez que disparabas a alguien, el general de tu ejército recibía dos puntos Quirrell. Un gong sonaría por toda la zona de batalla —aún no sabían dónde combatirían, aunque Hermione esperaba que fuera otra vez el bosque, donde Luz del Sol funcionaba bien— y su tono indicaría qué ejército había ganado los puntos.
Y si alguien fingía que le habían dado, el gong sonaría igualmente, y luego sonaría un gong doble más tarde, después de un tiempo no fijado, para anunciar la retractación. Y si llamabas el nombre de un ejército, si gritabas «¡Por Luz del Sol!» o «¡Por el Caos!» o «¡Por Dragón!», cambiabas tu lealtad a ese ejército…
Incluso Hermione había sido capaz de ver el defecto en ese conjunto de reglas. Pero el profesor Quirrell había seguido anunciando que, si originalmente te habían asignado a Luz del Sol, nadie podía dispararte en nombre de Luz del Sol; o más bien, podían, pero entonces Luz del Sol perdía un único punto Quirrell, simbolizado por un gong triple. Eso impedía disparar a tus propios soldados para ganar puntos, y desincentivaba suicidarse antes de que te alcanzara el enemigo, pero aún podías disparar a espías si tenías que hacerlo.
Ahora mismo, Hermione tenía doscientos cuarenta y cuatro puntos Quirrell, Malfoy tenía doscientos diecinueve y Harry tenía doscientos veintiuno; y había veinticuatro soldados en cada ejército.
—Así que luchamos con cuidado —dijo Hermione—, e intentamos simplemente no perder demasiado mal.
—No —dijo Zabini. El rostro del joven Slytherin se había vuelto serio—. El problema es que Malfoy y Potter saben que su única forma de ganar es unirse y aplastarnos, y luego pelear entre ellos. Así que esto es lo que creo que deberíamos hacer…
Hermione salió del aula un poco aturdida. El plan de Zabini no había sido el obvio; había sido extraño, complicado, con varias capas, de la clase que habría esperado que se le ocurriera a Harry, no a Zabini. Le parecía mal solo ser capaz de entender un plan así. Las niñas pequeñas no deberían poder entender planes así. El Sombrero Seleccionador la habría mandado a Slytherin, si hubiera visto que podía entender planes así…
Lo impresionante era lo rápido que había podido escalar el caos en cuanto empezó a hacerlo deliberadamente.
Harry estaba sentado en su despacho; le habían dado autoridad para pedir muebles a los elfos domésticos, así que había pedido un trono, y cortinas con un patrón negro y carmesí. Una luz escarlata como la sangre, mezclada con sombra, se derramaba sobre el suelo.
Algo dentro de Harry sentía como si por fin hubiera llegado a casa.
Ante él estaban los cuatro tenientes del Caos, sus secuaces más fiables, uno de los cuales era un traidor.
Esto. Así era como debería ser la vida.
—Estamos reunidos —dijo Harry.
—Que reine el Caos —corearon sus cuatro tenientes.
—Mi aerodeslizador está lleno de anguilas —dijo Harry.
—No compraré este disco, está rayado —corearon sus cuatro tenientes.
—Todos mimosos estaban los borogoves.
—¡Y los momios raths exgrababan!
Con eso concluyeron las formalidades.
—¿Cómo va la confusión? —dijo Harry en un susurro seco como el del emperador Palpatine.
—Va bien, general Caos —dijo Neville con el tono que siempre usaba para asuntos militares, una voz tan grave que el chico a menudo tenía que detenerse y toser. El teniente caótico iba pulcramente vestido con su túnica escolar negra, ribeteada con el amarillo de la Casa Hufflepuff, y llevaba el pelo con raya y peinado con el aspecto habitual de niño formal. A Harry le había gustado la incongruencia más que cualquiera de las capas que habían probado—. Nuestros legionarios han empezado cinco conspiraciones nuevas desde ayer por la tarde.
Harry sonrió con maldad.
—¿Alguna tiene posibilidades de funcionar?
—No lo creo —dijo Neville del Caos—. Aquí está el informe.
—Excelente —dijo Harry, y rió escalofriantemente mientras tomaba el pergamino de la mano de Neville, esforzándose al máximo por hacer que sonara como si se estuviera atragantando con polvo. Eso elevaba el total a sesenta.
Que Draco intentase manejar eso. Que lo intentara.
Y en cuanto a Blaise Zabini…
Harry volvió a reír, y esta vez ni siquiera tuvo que esforzarse para sonar malvado. De verdad necesitaba pedir prestado el kneazle mascota de alguien para sus reuniones de personal, para tener un gato al que acariciar mientras hacía esto.
—¿Puede la Legión dejar de hacer conspiraciones ya? —dijo Finnigan del Caos—. Quiero decir, ¿no tenemos suficientes ya…?
—No —dijo Harry tajantemente—. Nunca podemos tener suficientes conspiraciones.
El profesor Quirrell lo había expresado perfectamente. Estaban empujando los límites más allá, quizá, de lo que jamás se habían empujado; y Harry no habría podido vivir consigo mismo si se hubiese echado atrás ahora.
Llamaron a la puerta.
—Ese será el general Dragón —dijo Harry, sonriendo con malvada presciencia—. Llega exactamente como esperaba. Hacedlo pasar, y salid vosotros.
Y los cuatro tenientes del Caos salieron arrastrando los pies, lanzando miradas oscuras a Draco mientras el general enemigo entraba en la guarida secreta de Harry.
Si no le permitían hacer esto de mayor, Harry sencillamente se quedaría con once años para siempre.
El sol goteaba a través de las cortinas rojas, enviando rayos de sangre que bailaban sobre el suelo desde detrás de la silla acolchada de tamaño adulto de Harry Potter, que él había cubierto de purpurina dorada y plateada y en la que insistía en referirse como su trono.
(Draco empezaba a sentirse mucho más seguro de haber hecho lo correcto al decidir derrocar a Harry Potter antes de que pudiera conquistar el mundo. Draco ni siquiera podía imaginar cómo sería vivir bajo su gobierno.)
—Buenas noches, general Dragón —dijo Harry Potter en un susurro helado—. Has llegado justo como esperaba.
Esto no era sorprendente, considerando que Draco y Harry habían acordado de antemano la hora de la reunión.
Y tampoco era de noche, pero para entonces Draco ya sabía que era mejor no decir nada.
—General Potter —dijo Draco con toda la dignidad que pudo reunir—, sabes que nuestros dos ejércitos tienen que trabajar juntos para que cualquiera de los dos gane el deseo del profesor Quirrell, ¿verdad?
—Sssí —siseó Harry, como si el chico se creyera hablante de pársel—. Debemos cooperar para destruir a Luz del Sol, y solo entonces enfrentarnos entre nosotros. Pero si uno de nosotros traiciona antes al otro, podría obtener una ventaja en el combate posterior. Y la general Luz del Sol, que sabe todo esto, intentará engañarnos a cada uno para que pensemos que el otro lo ha traicionado. Y tú y yo, que sabemos eso, estaremos tentados de traicionar al otro y fingir que ha sido un engaño de Granger. Y Granger también sabe eso.
Draco asintió. Hasta ahí era obvio.
—Y… los dos solo queremos ganar, y no hay nadie más que vaya a castigar a ninguno si desertamos…
—Precisamente —dijo Harry Potter, con el rostro volviéndose ahora serio—. Nos enfrentamos a un verdadero Dilema del Prisionero.
El Dilema del Prisionero, según las enseñanzas de Harry, funcionaba así: dos prisioneros habían sido encerrados en celdas separadas. Había pruebas contra cada prisionero, pero solo pruebas menores, suficientes para una condena de dos años cada uno. Cada prisionero podía optar por desertar, traicionar al otro, testificar contra él en el juicio; y eso restaría un año a su propia condena, pero añadiría dos a la del otro. O un prisionero podía cooperar, guardando silencio.
Así que si ambos prisioneros desertaban, cada uno testificando contra el otro, cumplirían tres años cada uno; si ambos cooperaban, o guardaban silencio, cumplirían dos años cada uno; pero si uno desertaba y el otro cooperaba, el desertor cumpliría un solo año, y el cooperador cuatro.
Y ambos prisioneros tenían que tomar su decisión sin conocer la elección del otro, y a ninguno se le daría oportunidad de cambiar de decisión después.
Draco había observado que, si los dos prisioneros hubiesen sido mortífagos durante la guerra mágica, el Señor Tenebroso habría matado a cualquier traidor.
Harry había asentido y dicho que esa era una forma de resolver el Dilema del Prisionero; y que, de hecho, ambos mortífagos querrían que hubiera un Señor Tenebroso exactamente por esa razón.
(Draco le había pedido a Harry que parase y le dejara pensar en esto un rato antes de continuar. Había explicado muchas cosas sobre por qué Padre y sus amigos habían aceptado servir bajo un Señor Tenebroso que a menudo no era amable con ellos…)
De hecho, había dicho Harry, esa era más o menos la razón por la que la gente tenía gobiernos: podrías estar mejor si robases a otra persona, igual que cada prisionero estaría individualmente mejor si desertase en el Dilema del Prisionero. Pero si todo el mundo pensara así, el país caería en el caos y todos estarían peor, como ocurriría si ambos prisioneros desertaban.
Así que la gente se dejaba gobernar por gobiernos, igual que los mortífagos se habían dejado gobernar por el Señor Tenebroso.
(Draco le había pedido a Harry que parase otra vez. Draco siempre había dado por hecho que los magos ambiciosos se ponían en el poder porque querían gobernar, y que la gente se dejaba gobernar porque eran pequeños Hufflepuffs asustados. Y esto, pensándolo bien, seguía pareciendo cierto; pero la perspectiva de Harry era fascinante aunque estuviera equivocada.)
Pero, había continuado Harry después, el miedo a que una tercera parte te castigara no era la única razón posible para cooperar en el Dilema del Prisionero.
Supón, había dicho Harry, que estuvieses jugando contra una copia idéntica de ti producida mágicamente.
Draco había dicho que, si hubiese dos Dracos, por supuesto ningún Draco querría que le pasase nada malo al otro, por no mencionar que ningún Malfoy permitiría que se le conociera como traidor.
Harry había vuelto a asentir, y había dicho que esa era otra solución al Dilema del Prisionero: la gente podía cooperar porque se importaban unos a otros, o porque tenían sentido del honor, o porque querían preservar su reputación. De hecho, había dicho Harry, era bastante difícil construir un verdadero Dilema del Prisionero: en la vida real, normalmente la gente se preocupaba por la otra persona, o por su honor, o por su reputación, o por el castigo de un Señor Tenebroso, o por algo más además de las condenas de prisión.
Pero supón que la copia fuese de alguien completamente egoísta…
(Pansy Parkinson había sido el ejemplo que habían usado.)
…de modo que a cada Pansy solo le importase lo que le pasara a ella, y no a la otra Pansy.
Dado que eso era todo lo que le importaba a Pansy… y que no había Señor Tenebroso… y que Pansy no estaba preocupada por su reputación… y que Pansy o bien no tenía sentido del honor o no se consideraba obligada hacia la otra prisionera… entonces, ¿lo racional sería que Pansy cooperase, o que desertase?
Algunas personas, había dicho Harry, afirmaban que lo racional sería que Pansy desertase contra su copia, pero Harry, más alguien llamado Douglas Hofstadter, pensaban que esas personas estaban equivocadas. Porque, había dicho Harry, si Pansy desertaba —no al azar, sino por lo que a ella le parecían razones racionales— entonces la otra Pansy pensaría exactamente igual. Dos copias idénticas no decidirían cosas distintas.
Así que Pansy tenía que elegir entre un mundo en el que ambas Pansys cooperaban, o un mundo en el que ambas Pansys desertaban, y estaría mejor si ambas copias cooperaban. Y si Harry hubiese pensado que las personas «racionales» sí desertaban en el Dilema del Prisionero, entonces no habría hecho nada por difundir esa clase de «racionalidad», porque un país o una conspiración llena de personas «racionales» se disolvería en el caos. Le contarías la «racionalidad» a tus enemigos.
Todo lo cual había sonado razonable en aquel momento, pero ahora a Draco se le estaba ocurriendo que…
—Tú dijiste —dijo Draco— que la solución racional al Dilema del Prisionero es cooperar. Pero claro, querrías que yo creyese eso, ¿verdad? —Y si engañaban a Draco para que cooperase, Harry se limitaría a decir: Ja, ja, te he traicionado otra vez, y luego se reiría de él.
—No falsearía tus lecciones —dijo Harry seriamente—. Pero tengo que recordarte, Draco, que no dije que debas cooperar automáticamente. No en un verdadero Dilema del Prisionero como este. Lo que dije fue que, cuando eliges, no deberías pensar como si estuvieses eligiendo solo por ti, ni como si estuvieses eligiendo por todo el mundo. Deberías pensar como si estuvieses eligiendo por todas las personas lo bastante parecidas a ti como para que probablemente hagan lo mismo que tú por las mismas razones. Y también eligiendo las predicciones hechas por cualquiera que te conozca lo bastante bien como para predecirte con precisión, para que nunca tengas que lamentar ser racional por culpa de las predicciones correctas que hacen otras personas sobre ti; recuérdame que te explique el problema de Newcomb en algún momento. Así que la pregunta que tú y yo tenemos que hacernos, Draco, es esta: ¿somos lo bastante parecidos como para que probablemente hagamos lo mismo sea lo que sea, tomando nuestras decisiones de formas básicamente iguales? ¿O nos conocemos lo bastante bien para predecirnos mutuamente, de modo que yo pueda predecir si cooperarás o desertarás, y tú puedas predecir que he decidido hacer lo mismo que predigo que harás tú, porque sé que tú puedes predecirme decidiendo eso?
…y Draco no pudo evitar pensar que, puesto que tenía que esforzarse solo para entender la mitad de aquello, la respuesta era obviamente «No».
—Sí —dijo Draco.
Hubo una pausa.
—Ya veo —dijo Harry, sonando decepcionado—. Ah, bueno. Supongo que tendremos que pensar en alguna otra manera, entonces.
Draco no había pensado que eso fuera a funcionar.
Draco y Harry hablaron sobre ello un buen rato. Ambos habían acordado mucho antes que lo que hicieran en el campo de batalla no contaría como promesas rotas en la vida real; aunque Draco estaba un poco enfadado por lo que Harry había hecho en el despacho del profesor Quirrell, y así lo dijo.
Pero si los dos no podían confiar en el honor o la amistad, eso dejaba la cuestión de cómo conseguir que sus ejércitos trabajasen juntos para derrotar a Luz del Sol, pese a todo lo que Granger pudiera intentar para separarlos.
Las reglas del profesor Quirrell no hacían tentador dejar que Luz del Sol matara a los soldados del otro ejército —eso solo aumentaba el listón que tú mismo tenías que superar—, pero sí tentaban a cada bando a robar bajas en lugar de actuar como lo haría un solo ejército, o a disparar a algunos soldados del otro bando durante la confusión de la batalla…
Hermione volvía andando hacia Ravenclaw sin mirar realmente por dónde iba, con la mente ocupada en la guerra, la traición y otros conceptos impropios de su edad, cuando dobló una esquina y chocó directamente con un adulto.
—Lo siento —dijo automáticamente, y luego, completamente sin pensar—: ¡Aaaaaah!
—No se preocupe, señorita Granger —dijo la alegre sonrisa, situada bajo los ojos chispeantes, y por encima de la barba plateada, del DIRECTOR DE HOGWARTS—. Está usted completamente perdonada.
Su mirada quedó impotentemente fija en el rostro bondadoso del mago más poderoso del mundo, que también era el Jefe de Magos del Wizengamot, que también era el Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos, que se había vuelto loco años atrás por el estrés de luchar contra el Señor Tenebroso, y otros numerosos hechos que fueron apareciendo en su mente uno tras otro mientras su garganta seguía emitiendo pequeños grititos embarazosos.
—De hecho, señorita Granger —dijo Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore—, es una suerte que nos hayamos encontrado. Justo ahora me preguntaba con curiosidad qué estaríais pensando pedir los tres con vuestros deseos…
El sábado amaneció claro y brillante, con los estudiantes hablando en voz baja, como si el primero que gritase pudiera desencadenar la explosión.
Draco había esperado que volvieran a luchar en los niveles superiores de Hogwarts. El profesor Quirrell había dicho que las peleas reales tenían más probabilidades de ocurrir en ciudades que en bosques, y que luchar dentro de aulas y pasillos supuestamente simulaba eso, con cintas para marcar las zonas permitidas. Al Ejército Dragón le había ido bien en esas luchas.
En cambio, justo como Draco había temido, al profesor Quirrell se le había ocurrido algo especial para esta batalla.
El campo de batalla era el lago de Hogwarts.
Y ni siquiera en barcas.
Iban a luchar bajo el agua.
El calamar gigante había sido paralizado temporalmente; se habían colocado hechizos para mantener alejados a los grindylows; el profesor Quirrell había ido a hablar con la gente del agua; y a todos los soldados se les habían entregado pociones de acción subacuática que les permitían respirar, ver con claridad, hablar entre ellos y nadar, usando las piernas, no del todo tan rápido como una caminata veloz.
Una enorme esfera plateada colgaba en el centro del campo de batalla, brillando como una pequeña luna submarina. Ayudaría a proporcionar un sentido de la orientación… al principio. La luna iría entrando lentamente en eclipse a medida que avanzara la batalla, y cuando se hubiera oscurecido por completo, la batalla terminaría si no había terminado ya.
Guerra en el agua. No podías defender un perímetro, los atacantes podían venir desde cualquier dirección, e incluso con la poción no podías ver muy lejos en la oscuridad del lago.
Y si nadabas demasiado lejos de la acción, empezarías a brillar pasado un rato, y sería fácil cazarte; normalmente, si un ejército se dispersaba y huía en lugar de luchar, el profesor Quirrell simplemente lo declaraba derrotado, pero hoy estaban trabajando con un sistema de puntos. Por supuesto, aún tenías algo de tiempo antes de empezar a brillar, si querías jugar al asesino.
El Ejército Dragón había sido colocado bajo en el agua al inicio del juego; arriba y a lo lejos, la distante luna submarina brillaba. El agua turbia estaba iluminada sobre todo por hechizos Lumos, aunque sus soldados apagarían las luces en cuanto empezaran las maniobras. No tenía sentido dejar que el enemigo te viera antes de que tú lo vieras a él.
Draco pateó el agua unas cuantas veces, propulsándose hasta una posición más alta desde la que podía mirar hacia abajo, donde sus soldados flotaban en el agua.
Las conversaciones se apagaron casi de inmediato bajo la mirada helada de Draco, y sus soldados alzaron la vista hacia él con gratificantes expresiones de miedo y preocupación.
—Escuchadme con mucho cuidado —dijo el general Malfoy. Su voz salió un poco más grave, un poco burbujeante, eschuchadme con musho cuidado, pero el sonido viajaba con claridad—. Solo hay una manera de que podamos ganar esto. Tenemos que avanzar sobre Luz del Sol junto con el Caos y derrotar a Luz del Sol. Luego peleamos contra Potter y ganamos. Eso tiene que ocurrir, ¿entendido? Pase lo que pase, esa parte tiene que ocurrir así…
Y Draco explicó el plan que Harry y él habían ideado.
Los soldados intercambiaron miradas asombradas.
—…y si alguna de vuestras conspiraciones se interpone en eso —terminó Draco—, cuando salgamos del agua os prenderé fuego.
Hubo un nervioso coro de síseñores.
—Y todos los que tengáis órdenes secretas, aseguraos de cumplirlas al pie de la letra —dijo Draco.
Alrededor de la mitad de sus soldados asintieron abiertamente, y Draco los marcó para la muerte después de alcanzar el poder.
Por supuesto, todas las órdenes privadas eran falsas, como que a un Dragón se le dijera que ofreciera una falsa comisión de traidor a otro Dragón, y al segundo Dragón se le dijera en voz baja y confidencial que informara de cualquier cosa que dijera el primero. Draco le había dicho a cada Dragón que toda la guerra podía depender de aquella única cosa, y que esperaba que entendieran que era más importante que los planes que habían hecho previamente.
Con suerte, eso mantendría contentos a todos los idiotas, y quizá incluso haría salir a algunos espías, si los informes no coincidían con las instrucciones.
El verdadero plan de Draco para ganar contra el Caos… bueno, era más simple que el que había quemado, pero a Padre aun así no le habría gustado. Sin embargo, a pesar de intentarlo, Draco no había sido capaz de pensar en nada mejor. Era una intriga que no habría podido funcionar contra nadie excepto Harry Potter. De hecho, según el traidor, originalmente había sido el plan de Harry, aunque Draco lo había adivinado sin que se lo dijeran. Draco y el traidor simplemente lo habían modificado un poco…
Harry respiró hondo, sintiendo cómo el agua borboteaba inofensivamente en sus pulmones.
Habían luchado en el bosque, y no había tenido oportunidad de decirlo.
Habían luchado en los pasillos de Hogwarts, y no había tenido oportunidad de decirlo.
Habían luchado en el aire, con escobas entregadas a todos los soldados, y aun así no había tenido sentido decirlo.
Harry había pensado que nunca llegaría a decir aquellas palabras, no mientras siguiera siendo lo bastante joven para que fueran reales…
Los legionarios del Caos miraban a Harry desconcertados, mientras su general nadaba con los pies apuntando hacia la luz distante de la superficie, y la cabeza apuntando hacia las profundidades turbias.
—¿Por qué estáis boca abajo? —gritó el joven comandante a su ejército, y empezó a explicar cómo luchar después de abandonar la orientación privilegiada de la gravedad.
Una campana hueca y retumbante resonó por el agua, y en ese mismo instante Zabini, Anthony y otros cinco soldados se lanzaron hacia abajo, hacia las turbias profundidades del lago. Parvati Patil, la única Gryffindor del grupo, volvió la cabeza un momento y les hizo un alegre saludo con la mano mientras se zambullía; y después de un momento, Scott y Matt hicieron lo mismo. Los demás simplemente se hundieron y desaparecieron.
La general Granger tragó saliva mientras los veía marcharse. Lo estaba arriesgando todo en esto, dividiendo su ejército en lugar de simplemente intentar llevarse por delante a tantos soldados enemigos como fuera posible.
Lo que había que entender, le había dicho Zabini, era que ningún ejército se movería hasta tener un plan que le permitiera esperar la victoria. Luz del Sol no podía limitarse a planear ganar por sí misma; tenía que hacer que los otros dos ejércitos pensasen que ellos iban a ganar hasta que fuera demasiado tarde.
Ernie y Ron seguían pareciendo en estado de shock. Susan miraba a los soldados que desaparecían con expresión calculadora. Su ejército, lo que quedaba de él, simplemente parecía desconcertado, con trazos de luz moteando sus uniformes mientras todos flotaban justo bajo la superficie soleada del lago.
—¿Y ahora qué? —dijo Ron.
—Ahora esperamos —dijo Hermione, lo bastante alto como para que todos los soldados la oyeran. Resultaba raro hablar con la boca llena de agua; no dejaba de sentir como si estuviese cometiendo alguna clase de horrible grosería en la mesa y fuera a babear encima de sí misma—. Todos los que quedamos aquí vamos a caer, pero eso iba a pasar igualmente con Dragón y Caos aliándose contra nosotros. Solo tenemos que llevarnos a tantos como podamos.
—Tengo un plan —dijo una de sus soldados de Luz del Sol… Hannah; al principio su voz había sido un poco difícil de reconocer—. Es como muy complicado, pero sé cómo podemos hacer que Dragón y Caos empiecen a pelearse entre ellos…
—¡Yo también! —dijo Fay—. ¡Yo también tengo un plan! Mirad, Neville Longbottom está secretamente de nuestro lado…
—¿Tú estabas hablando con Neville? —dijo Ernie—. Eso no está bien, yo fui quien…
Daphne Greengrass y un par de Slytherins más que no se habían ido con Zabini se reían sin poder evitarlo mientras los gritos de «No, espera, fui yo quien consiguió a Longbottom» estallaban de un soldado tras otro.
Hermione se limitó a mirarlos a todos con cansancio.
—Vale —dijo Hermione cuando todo se calmó—, ¿lo entiende todo el mundo? Todas vuestras conspiraciones fueron falsificadas por la Legión del Caos, o quizá algunas por Dragón. Cualquiera que quisiera de verdad traicionar a Harry o a Malfoy fue directamente a mí o a Zabini, no a vosotros. Comparad notas sobre todas vuestras conspiraciones secretas y lo veréis por vosotros mismos. —Quizá no fuese tan buena conspirando como Zabini, pero siempre podía entender todo lo que le decían sus oficiales; por eso el profesor Quirrell la había convertido en general—. Así que no os molestéis en intentar conspirar cuando lleguen los otros ejércitos. Luchad, ¿vale? Por favor.
—Pero —dijo Ernie con el shock pintado en la cara—, ¡Neville es de Hufflepuff! ¿Estás diciendo que nos mintió?
Daphne se reía tan fuerte y tan impotentemente que las exhalaciones la habían puesto boca abajo en el agua.
—No estoy seguro de qué es Longbottom —dijo Ron sombríamente—, pero no creo que siga siendo un Hufflepuff. No ahora que Harry Potter le ha echado el guante.
—¿Sabes? —dijo Susan—. Yo le pregunté eso, y Neville me dijo que se había convertido en un Hufflepuff del Caos.
—En fin —dijo Hermione en voz alta—. Zabini se llevó a todos los que pensábamos que eran espías, así que en nuestro ejército podemos dejar de vigilarnos tanto unos a otros, espero.
—¿Anthony era espía? —gritó Ron.
—¿Parvati era espía? —jadeó Hannah.
—Parvati era totalmente espía —dijo Daphne—. Compraba en la zapatería de espías y llevaba pintalabios de espía, y algún día se casará con un buen marido espía y tendrá un montón de espiecitos.
Y entonces un sonido de gong resonó por el agua, indicando que Luz del Sol acababa de anotar dos puntos.
Poco después lo siguió el gong triple de Dragón perdiendo un único punto.
A los traidores no se les permitía matar generales, no después del desastre de la primera batalla de diciembre, cuando los tres generales habían sido derribados en el primer minuto. Pero con un poco de suerte…
—Oh —dijo Hermione—. Parece que el señor Crabbe está echándose una siestecita.
Como dos bancos de peces, los ejércitos nadaban.
Neville Longbottom movía los pies con patadas lentas y medidas. Zambullirse, zambullirse siempre en la dirección en la que te estuvieras moviendo. Querías mostrar al enemigo el perfil más pequeño, presentarle la cabeza o los pies. Así que siempre estabas zambulléndote, hacia abajo y de cabeza, y el enemigo siempre estaba abajo.
Como todos los legionarios del Caos del ejército, la cabeza de Neville giraba constantemente mientras nadaba, mirando arriba, abajo, alrededor, a todos lados. No solo vigilando a los soldados de Luz del Sol, sino también cualquier señal de que un legionario del Caos hubiera sacado su varita y estuviera a punto de traicionarlos. Normalmente los traidores esperaban hasta la confusión de la batalla para actuar, pero aquel primer gong los había puesto a todos en guardia.
…la verdad era que Neville se sentía triste por eso. En noviembre había sido soldado en un ejército unido, todos tirando juntos y ayudándose unos a otros, y ahora todos se vigilaban constantemente buscando los primeros signos de traición. Quizá fuera más divertido para el general Caos, pero para Neville no era ni de lejos tan divertido.
La dirección antes conocida como «arriba» se volvía cada vez más luminosa, a medida que se acercaban a la superficie y a Luz del Sol.
—Varitas fuera —dijo el general Caos.
El escuadrón de Neville sacó las varitas, apuntándolas rectas hacia delante, hacia el enemigo, mientras sus cabezas giraban con mayor rapidez. Si había traidores luminosos, se acercaba el momento de que atacasen.
El otro banco de peces, el Ejército Dragón, hacía lo mismo.
—¡Ahora! —gritó la voz distante del general Dragón.
—¡Ahora! —gritó el general Caos.
—¡Por Luz del Sol! —gritaron todos los soldados de ambos ejércitos, y cargaron hacia abajo.
—¿Qué? —dijo Minerva involuntariamente mientras observaba las pantallas desde junto al lago, un grito repetido en muchos otros lugares; todo Hogwarts estaba viendo esta batalla como había visto la primera.
El profesor Quirrell reía secamente.
—Se lo advertí, director. Es imposible tener reglas sin que el señor Potter las explote.
Durante largos y preciosos segundos, mientras los cuarenta y siete soldados cargaban contra sus diecisiete, la mente de Hermione se quedó en blanco.
¿Por qué…?
Luego todo encajó.
Cada vez que un soldado originalmente de Luz del Sol fuera alcanzado por alguien gritando el nombre de Luz del Sol, ella perdería un punto Quirrell. Cuando dos soldados de Luz del Sol eran alcanzados por cualquiera de los ejércitos, ambos ejércitos enemigos estarían dos puntos más cerca de alcanzarla; era la misma ganancia, solo compartida. Y si alguien disparaba a otro soldado sin hacerlo en nombre de Luz del Sol, aquel gong no se perdería en la confusión…
De pronto, Hermione se alegró mucho de que Zabini no hubiera optado por el plan obvio de iniciar problemas entre los otros dos ejércitos mientras atacaban a Luz del Sol.
Aun así, era desalentador, aquella sensación de que tus posibilidades se cerraban, de que te arrebataban la esperanza.
La mayoría de los soldados de Hermione seguían pareciendo confundidos, pero algunos tenían expresiones de horror naciente al entenderlo.
—Está bien —dijo Susan Bones con firmeza. Las cabezas se volvieron para mirar a la capitana de Luz del Sol—. Nuestro trabajo es el mismo: llevarnos con nosotros a tantos como podamos. ¡Y recordad, Zabini se llevó a todos los espías! ¡No tenemos que estar vigilando como ellos! —La chica sonreía con desafío, provocando sonrisas de respuesta en muchos de los otros soldados, incluso en la propia Hermione—. Puede ser como en noviembre. Solo tenemos que mantener la cabeza alta, luchar lo mejor que podamos, y confiar unos en otros…
Daphne le disparó.
—¡Sangre para el dios de la sangre! —chilló Neville del Caos, aunque como estaba bajo el agua salió más como «¡Blangre para el blios de la blangre!».
El capitán Weasley giró y alzó su varita hacia Neville y disparó. Pero Neville nadaba hacia abajo, en su dirección, con la varita apuntando recta hacia delante, y eso significaba que el Escudo Simple podía cubrir todo el perfil de Neville; si alguien le disparaba ahora, no iba a ser Ron Luz del Sol.
Una expresión de sombría determinación apareció en el rostro del capitán Weasley, y se lanzó en flecha hacia arriba, hacia Neville, articulando la palabra Contego, aunque el escudo no era visible en el agua.
Los dos campeones enemigos se dispararon el uno hacia el otro como flechas soltadas de arcos, cada uno apuntando a partir al otro por la mitad. Habían duelado muchas veces antes, pero esta vez pagaría por todas.
(Lejos, junto a la orilla del lago, cien respiraciones quedaron contenidas.)
—¡Arcoíris y unicornios! —rugió el capitán de Luz del Sol.
—¡La Cabra Negra de los Mil Retoños!
—¡Haz los deberes!
Cada vez más cerca, los dos campeones cargaron, ninguno dispuesto a desviarse. El primero que girase presentaría un flanco ancho y vulnerable y recibiría un disparo, aunque si ninguno perdía el valor chocarían directamente…
Cayendo recto hacia abajo mientras el enemigo subía recto para encontrarlo, martillo descendiendo para encontrarse con yunque en una trayectoria que ninguno estaba dispuesto a abandonar…
—¡Ataque especial, Giro Caótico!
Neville vio la expresión de horror en el rostro del capitán Weasley cuando el Encantamiento de Flotación lo atrapó. Lo habían probado antes de que empezara la batalla; y justo como Harry había sospechado, Wingardium Leviosa se convertía en un tipo de arma completamente nuevo cuando todos nadaban bajo el agua.
—¡Maldito seas, Longbottom! —chilló Ron Weasley—. ¿Nunca puedes luchar sin tus estúpidos ataques especiales…?
Y para entonces el capitán de Luz del Sol ya había sido girado de lado, y Neville le disparó en la pierna.
—No lucho limpio —dijo Neville a la figura dormida—. Lucho como Harry Potter.
Granger: 237 / Malfoy: 217 / Potter: 220
Seguía doliéndole cada vez que tenía que disparar a Hermione. Harry apenas podía soportar mirar la expresión de paz que había aparecido en su rostro dormido, con los brazos flotando ya sin rumbo mientras las curvas de luz solar se movían sobre su uniforme de camuflaje y la nube de su pelo castaño.
Y si Harry hubiese intentado escaquearse de ser quien le disparara… no solo Draco habría sabido lo que significaba, Hermione se habría ofendido.
No está muerta, le dijo Harry a su cerebro mientras sus pies pataleantes lo alejaban, solo está descansando. IDIOTA.
¿Estás seguro?, dijo su cerebro. ¿Y si es una ex-Hermione? ¿Podemos volver y comprobarlo?
Harry miró brevemente hacia atrás.
Ves, está bien, le salen burbujas de la boca.
Podría ser su último aliento escapándose.
Oh, cállate. ¿Por qué estás siendo tan paranoico-protector, de todos modos?
Eh, ¿primera amiga de verdad que hemos tenido en toda nuestra vida? Oye, ¿recuerdas lo que le pasó a nuestra piedra mascota?
¿Quieres CALLARTE con ese inútil pedrusco? Ni siquiera estaba vivo, mucho menos era sintiente; eso es como el trauma infantil más patético de la historia…
Los dos ejércitos se separaron rápidamente, convirtiéndose otra vez en dos bancos de peces.
La general Granger había bajado diecisiete puntos, y se había llevado con ella a tres caóticos y dos dragones; y un caótico y dos dragones habían sido derribados como traidores. Así que había perdido siete puntos netos, Harry había perdido uno, Draco había perdido dos; eso ponía a Luz del Sol veinte puntos por encima de Dragón, y diecisiete puntos por encima del Caos. El Caos aún podía ganar fácilmente si exterminaba a los veinte Dragones restantes. La carta salvaje, por supuesto, eran aquellos siete soldados de Luz del Sol restantes…
…si es que se les podía llamar así.
Los dos bancos nadaban inquietos uno junto al otro, los soldados de cada ejército esperando una orden para gritar sus verdaderas lealtades y atacar…
—Todos los que las hayáis recibido —dijo Harry en voz alta—, recordad las Órdenes Especiales Uno a Tres. Y no olvidéis que es Merlín Dice en tres. No acuséis recibo.
Los dos tercios fiables del ejército no asintieron, y el otro tercio simplemente pareció desconcertado.
Orden Especial Uno: no os molestéis en intentar gritar palabras clave en esta batalla; no gastéis esfuerzo en ninguna conspiración no aprobada especialmente por el comandante. Solo nadad, escudaos y disparad.
Hermione y Draco habían estado luchando contra sus soldados, intentando que dejaran de conspirar por su cuenta durante todo diciembre. Harry había animado a sus soldados y apoyado sus conspiraciones durante las dos últimas batallas… mientras también les decía que, en algún momento futuro, quizá les pidiese que dejaran en pausa una conspiración o dos, a lo que todos habían accedido de buena gana. Así que ahora, en esta batalla crítica, estaban encantados de obedecer.
Ni Hermione ni Draco podrían haber dado esa orden con éxito, Harry estaba seguro. Era la diferencia entre que tus soldados te vieran como un aliado en sus conspiraciones, y que te vieran como un viejo carca aguafiestas que no quería que nadie se divirtiera. La imposición de orden equivalía a la escalada del caos, y también funcionaba a la inversa…
—¡Ahí están! —gritó alguien, y señaló.
Desde las profundidades del lago emergieron los olvidados, los que habían abandonado la última batalla, los siete soldados perdidos de Luz del Sol, brillando con el aura luminosa de los cobardes, ahora desvaneciéndose mientras regresaban a la batalla.
Los dos bancos de peces vacilaron, apuntando varitas con inquietud.
—¡Alto el fuego! —gritó Harry, y un grito parecido llegó del general Malfoy.
Hubo un momento de respiraciones contenidas.
Entonces los siete soldados de Luz del Sol nadaron hasta unirse al Ejército Dragón.
Hubo un grito triunfal del Ejército Dragón.
Hubo gritos de consternación de un tercio de la Legión del Caos.
Algunos de los otros dos tercios sonrieron, aunque no deberían haberlo hecho.
Harry no sonreía.
Oh, esto no va a funcionar ni de broma…
Pero Harry no había sido capaz de pensar en nada mejor.
—¡Las Órdenes Especiales Dos y Tres siguen vigentes! —gritó Harry—. ¡Luchad!
—¡Por la Legión del Caos! —rugieron veinte legionarios caóticos.
—¡Por el Ejército Dragón! —rugieron veinte guerreros Dragón y siete soldados de Luz del Sol.
Y los caóticos se zambulleron rectos hacia abajo, mientras todos los traidores se preparaban para atacar.
Granger: 237 / Malfoy: 220 / Potter: 226
La cabeza de Draco se movía frenéticamente de un lado a otro, intentando sopesar lo que estaba ocurriendo; de algún modo, pese a sus fuerzas superiores, había perdido la iniciativa. Cuatro pequeñas fuerzas caóticas estaban siendo perseguidas por cuatro fuerzas Dragón más grandes, pero como las fuerzas de Draco eran las que intentaban forzar un enfrentamiento, eso significaba que tenían que seguir al Caos allí donde huyera, y de algún modo eso estaba produciendo concentraciones de fuerza caótica que disparaban contra los flancos expuestos de Dragón…
¡Estaba ocurriendo otra vez!
—¡Prismatis! —gritó Draco, alzando su varita, y aquel escudo sí se podía ver incluso a través del agua, una pared plana y reluciente de varios colores lo bastante ancha para proteger a Draco y a los otros cinco Dragones con él de la fuerza caótica que acababa de empezar a dispararles mientras nadaban de largo, y que permitió a los otros cinco Dragones volver su atención a la fuerza caótica que habían estado persiguiendo…
Hubo un momento tenso mientras maleficio del sueño tras maleficio del sueño chocaba contra el Muro Prismático de Draco, y Draco esperaba por Merlín que ninguno de aquellos cuatro caóticos hubiera aprendido el maleficio Taladro Rompedor…
Entonces sonó la campana de una victoria de Dragón, y la fuerza caótica giró de cabeza a pies y empezó a alejarse nadando; y Draco, con las manos ya temblando ligeramente, dejó caer el Muro Prismático y bajó la varita.
Luchar en el agua era más agotador incluso que luchar en escobas.
—¡No persigáis! —gritó Draco a sus soldados cuando empezaron a seguirlos, y luego—: ¡Sonorus! ¡REAGRUPAOS CONMIGO!
Las fuerzas Dragón empezaron a converger sobre Draco, y las fuerzas caóticas giraron y empezaron a perseguir a los Dragones al instante —Draco soltó una palabrota al oír la campana de una victoria caótica; alguien no había orientado bien su Escudo Simple—, y entonces las fuerzas Dragón estuvieron a distancia de apoyo mutuo y los caóticos volvieron a internarse en la distancia turbia.
De algún modo, pese a su superioridad numérica, los Dragones habían anotado tres veces contra los caóticos y los caóticos habían anotado cuatro veces a cambio, y él había oído que un espía Dragón era ejecutado. O Harry Potter había pensado muchas ideas muy buenas muy deprisa, o por alguna razón inimaginable ya había pasado mucho tiempo estudiando cómo luchar bajo el agua. Aquello no estaba funcionando, y Draco necesitaba replanteárselo.
Parecía que todo el mundo tenía problemas para apuntar mientras nadaba también; la batalla podría durar lo bastante como para que se agotara el tiempo… la lejana luna submarina ya estaba solo medio llena, eso no era bueno… tenía que replanteárselo deprisa…
—¿Qué ocurre? —dijo Padma Patil, mientras ella y su fuerza nadaban hacia Draco.
Padma era su segunda al mando; era lista y poderosa, y mejor aún, odiaba a Granger y veía a Harry como un rival, lo que la hacía digna de confianza. Trabajar con Padma le estaba haciendo comprender la verdad del viejo dicho de que Ravenclaw era hermana de Slytherin; Draco se había sorprendido cuando su padre le había dicho que era una Casa aceptable para su futura esposa, pero ahora veía el sentido.
—Esperad a que estemos todos —dijo Draco. La verdad era que necesitaba recuperar el aliento. Ese era el problema de ser el general y el mago más poderoso: tenías que usar magia constantemente.
Zabini llegó después, comandando una fuerza de dos Luminosos y cuatro Dragones, uno de los cuales era Gregory vigilando a Zabini. Draco no confiaba en Zabini.
Y ni Draco ni Zabini confiaban lo bastante en los Luminosos para convertirlos en mayoría en ninguna unidad; se suponía que eran leales o bien a Draco directamente, o bien a Granger, a quien habían engañado con la promesa de que los Dragones serían traicionados al final, después de que ambas fuerzas se hubieran agotado, igual que los caóticos más fiables de Harry deberían haber sido engañados para no disparar a los Luminosos mediante la promesa de que estos lanzarían maleficios del sueño falsos y cambiarían para apoyar al Caos más tarde; pero era posible que algunos de los Luminosos fueran leales al Caos y no estuvieran lanzando verdaderos maleficios del sueño, y que por eso Dragón no estuviera ganando como su ventaja numérica debería haberle permitido…
La siguiente unidad que se acercó estaba mermada: tres soldados apuntaban con sus varitas a otros dos soldados, que nadaban con las manos vacías.
Draco apretó los dientes. Más problemas de traidores. Tenía que hablar con el profesor Quirrell sobre tener alguna manera al menos de castigar a los traidores; condiciones como estas eran irreales, en la vida real torturabas a tus traidores hasta la muerte.
—¡General Malfoy! —gritó el comandante de la unidad problemática mientras nadaba hacia él, un chico de Ravenclaw llamado Terry—. No sabemos qué hacer… Cesi disparó a Bogdan, pero Cesi dice que Kellah le dijo que Bogdan disparó a Specter…
—¡Yo no! —dijo Kellah.
—¡Sí lo hiciste! —chilló Cesi—. General Malfoy, ella es la espía, yo debería haber…
—Somnium —dijo Draco.
Sonó la campana triple de una pérdida de un punto para Dragón, y luego el cuerpo flácido de Kellah empezó a flotar en el agua.
Draco ya había oído la palabra «recursión», y conocía una trama de Harry Potter cuando la veía.
(Desafortunadamente, Draco no había oído hablar de los trastornos autoinmunes, y no se le ocurrió fácilmente que un virus inteligente empezaría su ataque creando síntomas de un trastorno autoinmune para conseguir que el cuerpo desconfiase de su propio sistema inmunitario…)
—¡Orden general! —dijo Draco, alzando la voz—. Nadie puede disparar a espías excepto yo, Gregory, Padma y Terry. Si alguien ve algo sospechoso, viene a uno de nosotros.
Y entonces…
Sonó la campana de Luz del Sol anotando dos puntos.
—¿Qué? —dijeron Draco y Zabini más o menos al mismo tiempo; sus cabezas giraron. Nadie parecía haber sido alcanzado, y todos los soldados de Luz del Sol estaban presentes y contabilizados. (Excepto Parvati, a quien algún traidor aún desconocido del escuadrón de Padma había disparado; y por supuesto Padma había vuelto a disparar a Parvati por si lo estaba fingiendo, así que no era ella…)
—¿Un traidor Luminoso en el Caos? —dijo Zabini, sonando desconcertado—. Pero todos los que yo conocía debían atacar durante el ataque del Caos a Luz del Sol…
—¡No! —dijo Padma con tono de súbita comprensión—. ¡Eso ha sido el Caos ejecutando a un espía!
—¿Qué? —dijo Zabini—. Pero por qué…
Y Draco lo entendió. ¡Maldita sea!
—¡Porque Potter cree que está a salvo respecto a cuánto supera a Luz del Sol, pero no respecto a cuánto nos supera a nosotros! ¡Así que no quiere perder ni un solo punto cuando ejecuta a un traidor! ¡Orden general! Si tenéis que ejecutar a un traidor, ¡gritad primero Luz del Sol! Y no olvidéis volver a cambiar a Dragón después…
Granger: 253 / Malfoy: 252 / Potter: 252
El cuerpo de Longbottom flotaba caóticamente por el agua, brazos y piernas desordenados. Después de que Draco por fin consiguiera acertarle, todos le habían disparado otra vez solo para asegurarse.
Cerca estaba Harry Potter, ahora protegido por una Esfera Prismática, mirándolos a todos con gesto sombrío mientras el último fragmento de luna creciente disminuía lentamente, en algún lugar lejano. Si Longbottom hubiera conseguido disparar a un soldado más —Draco sabía que Harry estaba pensando—, si los dos caóticos hubieran conseguido aguantar un poco más, podrían haber ganado…
Después de que Draco reagrupara sus fuerzas y volviera a atacar, la batalla subsiguiente y la ejecución de espías en nombre de Luz del Sol habían dejado a Luz del Sol exactamente un punto por delante tanto de Dragón como del Caos. Una vez Harry empezó a hacerlo, Draco no tuvo más remedio que seguirlo.
Pero ahora tenían al general Caos superado tres a uno: los supervivientes del Ejército Dragón y el último traidor Luminoso restante: Draco, Padma y Zabini.
Y Draco, que no era tonto, había ordenado a Padma quitarle la varita a Zabini después de que Longbottom disparara a Gregory y cayera a su vez ante Draco. El chico le había lanzado una mirada ofendida, le había dicho a Draco que le debía una por esto, y se la había entregado.
Eso dejaba a Draco y Padma para derrotar al general Caos.
—No supongo que te apetezca rendirte, ¿verdad? —dijo Draco, sonriendo con una maldad comparable a cualquier sonrisa que jamás hubiese dirigido a Harry Potter.
—¡Dormir antes que rendirse! —gritó el general Caos.
—Para que lo sepas —dijo Draco—, Zabini en realidad no tiene una hermana mayor para que la rescates de matones de Gryffindor. Pero Zabini sí tiene una madre que no aprueba a los nacidos de muggles como Granger, y le escribí unas cuantas notas, y le ofrecí unos cuantos favores a Zabini; nada que implique a mi padre, solo cosas que puedo hacer en el colegio. Y, por cierto, la madre de Zabini tampoco aprueba al Niño que Vivió. Por si todavía pensabas que Zabini estaba realmente de tu lado.
El rostro de Harry se volvió aún más sombrío.
Draco alzó la varita y empezó a respirar rítmicamente, acumulando fuerza para un maleficio Taladro Rompedor. La Esfera Prismática de Granger ya era casi tan fuerte como la de Draco, y la de Harry no era mucho más débil. ¿De dónde sacaban tiempo esos dos?
—¡Lagann! —pronunció Draco, poniendo todo lo que tenía en ello, y la espiral verde ardió y el escudo de Harry se hizo añicos, y casi al mismo tiempo…
—¡Somnium! —dijo Padma.
Granger: 253 / Malfoy: 252 / Potter: 254
Harry soltó un largo suspiro de alivio, y no solo porque ya no tenía que sostener la Esfera Prismática. Le temblaba la mano mientras bajaba la varita.
—Sabéis —dijo Harry—, estuve bastante preocupado ahí un momento.
Orden Especial Dos: si un traidor Luminoso no parece estar disparándote de verdad, finge que te han dado de vez en cuando. Preferiblemente apunta a Dragones antes que a Luminosos, pero dispara a Luminosos si no puedes disparar a Dragones.
Orden Especial Tres: Merlín dice que no dispares a Blaise Zabini ni a ninguna de las gemelas Patil.
Con una amplia sonrisa, Parvati Patil arrancó el parche transfigurado de la insignia de su uniforme, y lo dejó flotar en el agua.
—Los Gryffindor con el Caos —dijo, y devolvió la varita a Zabini.
—Muchísimas gracias —dijo Harry, e hizo una reverencia amplia ante la chica de Gryffindor—. Y gracias también a ti —inclinándose ante Zabini—. Sabes, cuando viniste a mí con ese plan, me pregunté si eras brillante o estabas loco, y he decidido que ambas cosas. Y por cierto —dijo Harry, girándose ahora como para dirigirse al cuerpo de Draco—, Zabini sí tiene una prima…
—Somnium —dijo la voz de Zabini.
Granger: 255 / Malfoy: 252 / Potter: 254
Y el cuerpo de Harry Potter flotó alejándose, su expresión de conmoción y horror relajándose rápidamente en sueño.
—Pensándolo mejor —dijo Parvati alegremente—, dejémoslo en Gryffindor con Luz del Sol.
Empezó a reír, más eufórica de lo que había estado en toda su vida; por fin había conseguido asesinar y reemplazar a su hermana gemela, cosa que quería hacer desde siempre, y aquello había sido perfecto, todo había sido perfecto…
…y entonces su varita giró con un movimiento relampagueante justo cuando la varita de Zabini se volvía para apuntarla.
—¡Espera! —dijo Zabini—. No dispares, no te resistas. Es una orden.
—¿Qué? —dijo Parvati.
—Lo siento —dijo Zabini, con aspecto no del todo sinceramente apologético—, pero no puedo estar totalmente seguro de que estés con Luz del Sol. Así que te ordeno que me dejes dispararte.
—¡Un momento! —dijo Parvati—. ¡Solo vamos un punto por delante del Caos! Si me disparas ahora…
—Te dispararé en nombre de Dragón, obviamente —dijo Zabini, ahora sonando un poco superior—. Solo porque los engañáramos para que lo hicieran, no significa que no vaya a funcionarnos a nosotros.
Parvati lo miró fijamente, entornando los ojos.
—El general Malfoy dijo que a tu madre no le gusta Hermione.
—Supongo —dijo Zabini, aún con aquella sonrisita superior—. Pero algunos estamos más dispuestos que Draco Malfoy a fastidiar a un progenitor.
—Y Harry Potter dijo que tienes una prima…
—Nope —dijo Zabini.
Parvati lo miró fijamente, intentando pensar, pero no era muy buena conspirando; Zabini había dicho que el plan era mantener en secreto las puntuaciones de Caos y Dragón tan igualadas como fuera posible para que usaran el nombre de Luz del Sol al ejecutar a sus traidores en lugar de perder ni un solo punto, y eso había funcionado… pero… tenía la sensación de que se le escapaba algo, ella no era Slytherin…
—¿Por qué no te disparo yo a ti en nombre de Dragón? —dijo Parvati.
—Porque tengo más rango que tú —dijo Zabini.
Parvati tenía un mal presentimiento sobre esto.
Lo miró fijamente durante un largo momento.
Y entonces…
—Somni… —empezó a decir, y entonces se dio cuenta de que no había dicho por Dragón, y se cortó frenéticamente…
Granger: 255 / Malfoy: 254 / Potter: 254
—Hola a todos —dijo el rostro de Blaise Zabini en las pantallas, pareciendo bastante divertido—. Supongo que todo depende de mí.
Por toda la orilla del lago, la gente contenía la respiración.
Luz del Sol iba exactamente un punto por delante de Dragón y del Caos.
Blaise Zabini podía dispararse a sí mismo en nombre de Dragón o del Caos, o simplemente dejar las cosas como estaban.
Una serie de campanadas indicó que se estaba agotando el último minuto.
Y el Slytherin sonreía con una sonrisa extraña y retorcida, y jugaba despreocupadamente con su varita, la madera oscura apenas visible en el agua oscura.
—Sabéis —dijo la voz de Blaise Zabini, con el tono de alguien que llevaba un rato ensayando las palabras—, en realidad solo es un juego. Y se supone que los juegos son divertidos. Así que ¿qué tal si hago simplemente lo que me dé la gana?