Consecuencias:


Harry caminaba de un lado a otro en su despacho de general, que era una sala maravillosa para caminar de un lado a otro; no parecía tener ningún otro uso, que él supiera.

¿Cómo?

¿Cómo?

¡Hermione no debería haber ganado aquella batalla! No en su primer intento, no cuando no tenía una naturaleza violenta en absoluto; ser automáticamente una gran comandante militar además de todo lo demás era demasiado incluso para ella.

¿Había leído aquella táctica en algún libro de historia militar? Pero no había sido solo aquella táctica: había colocado sus fuerzas perfectamente para bloquear cualquier retirada, sus tropas habían estado mejor coordinadas que las de Harry o Draco…

¿Había incumplido el profesor Quirrell su promesa de no ayudarla? ¿Le había dado el diario del general Tacticus o algo así?

A Harry se le estaba escapando algo, algo muy importante, y su mente daba vueltas y vueltas en círculos, y aun así no conseguía averiguarlo.

Al final Harry suspiró. No estaba llegando a ninguna parte con eso, y tenía que ir a aprender de Hermione o de alguien el maleficio Taladro Rompedor antes de la siguiente batalla: el profesor Quirrell le había explicado a Harry, con voz divertida pero con un agudo matiz de advertencia, que «ningún objeto mágico excepto los que yo os dé» incluía la tecnología muggle por muy no mágica que esta fuera. Además, Harry también tenía que averiguar cómo derribar al señor Goyle la próxima vez…

Las batallas contaban mucho en puntos Quirrell si eras general, y Harry tenía que ponerse las pilas si quería ganar el deseo de Navidad del profesor Quirrell.


En su habitación privada en Slytherin, Draco Malfoy miraba al vacío, como si la pared frente a su escritorio fuera la superficie más fascinante del mundo.

¿Cómo?

¿Cómo?

En retrospectiva, había sido una idea obvia como plan astuto, pero ¡se suponía que Granger no era astuta! ¡Había sido demasiado Hufflepuff incluso para usar un maleficio de Golpe Simple! ¿La había estado asesorando el profesor Quirrell pese a su promesa, o…?

Y entonces Draco hizo por fin lo que debería haber hecho mucho antes.

Lo que debería haber hecho después de reunirse con Granger por primera vez.

Lo que Harry Potter le había dicho que hiciera, lo que le había entrenado para hacer, y aun así Harry también había advertido a Draco de que haría falta tiempo para que su cerebro se diera cuenta de que los métodos se aplicaban a la vida real, y Draco no lo había entendido hasta aquel día. Podría haber evitado todos y cada uno de sus errores si solo hubiera aplicado las cosas que Harry ya le había dicho…

Draco dijo en voz alta:

—Me doy cuenta de que estoy confundido.

Tu fuerza como racionalista es tu capacidad para que la ficción te confunda más que la realidad…

Draco estaba confundido.

Por tanto, algo que creía era ficción.

Granger no debería haber sido capaz de hacer todo aquello.

Por tanto, probablemente no lo había hecho.

Prometo no ayudar a la general Granger de ninguna forma que vosotros dos no sepáis.

Con una súbita comprensión horrorizada, Draco apartó papeles de un manotazo, rebuscando entre el desorden de su escritorio, hasta que lo encontró.

Y allí estaba.

Justo en la lista de personas y equipamiento asignados a cada uno de los tres ejércitos.

¡Maldito profesor Quirrell!

Draco lo había leído y aun así no lo había visto…


La luz de la tarde entraba a raudales en el despacho del Regimiento Luz del Sol, iluminando a la general Granger en su silla como si resplandeciera con un aura dorada.

—¿Cuánto creéis que tardará Malfoy en darse cuenta? —dijo la general Granger.

—No mucho —dijo el coronel Blaise Zabini—. Puede que ya lo haya hecho. ¿Cuánto tardará Potter en darse cuenta?

—Una eternidad —dijo la general Granger—, a menos que Malfoy se lo diga o que uno de sus propios soldados caiga en ello. Harry Potter sencillamente no piensa así.

—¿En serio? —dijo el capitán Ernie Macmillan, levantando la vista desde una de las mesas de la esquina donde el capitán Ron Weasley le estaba machacando al ajedrez. (Habían vuelto a traer todas las demás sillas después de que Malfoy se marchara, por supuesto.)—. Quiero decir, a mí me parece bastante obvio. ¿Quién intentaría pensar todas las ideas él solo?

—Harry —dijo Hermione, exactamente al mismo tiempo que Zabini decía:

—Malfoy.

—Malfoy cree que es muchísimo mejor que todos los demás —dijo Zabini.

—Y Harry… en realidad no ve así a la mayoría de la gente —dijo Hermione.

En realidad era un poco triste. Harry había crecido muy, muy solo. No era que fuera por ahí pensando con palabras que solo los genios tenían derecho a existir. Simplemente no se le ocurriría que alguien del ejército de Hermione, aparte de Hermione, pudiera tener buenas ideas.

—En cualquier caso —dijo Hermione—. Capitanes Goldstein y Weasley, estáis de servicio para pensar ideas estratégicas para nuestra próxima batalla. Capitanes Macmillan y Susan… perdón, quiero decir Macmillan y Bones: intentad pensar algunas tácticas que podamos usar, y también cualquier entrenamiento que creáis que deberíamos probar. Ah, y enhorabuena por vuestra canción de marcha, capitán Goldstein; creo que fue un gran plus para el esprit de corps.

—¿Qué vas a hacer tú? —dijo Susan—. ¿Y el coronel Zabini?

Hermione se levantó de la silla y se estiró.

—Yo intentaré averiguar qué está pensando Harry Potter, y el coronel Zabini intentará averiguar qué podría hacer Draco Malfoy, y los dos volveremos con vosotros cuando se nos ocurra algo. Voy a caminar mientras pienso. Zabini, ¿quieres venir?

—Sí, general —dijo Zabini con rigidez.

No había pretendido que fuera una orden. Hermione suspiró un poco para sus adentros. Costaría acostumbrarse a aquello; y aunque la primera idea de Zabini sin duda había funcionado, no estaba del todo segura de que la mezcla, abre comillas, de incentivos positivos y negativos, cierra comillas, del profesor Quirrell fuera suficiente para mantener al Slytherin plenamente de su lado hasta diciembre, cuando se permitirían traidores por primera vez…

Tampoco tenía todavía ni idea de qué iba a hacer con el deseo de Navidad del profesor Quirrell. Quizá simplemente le preguntaría a Mandy si quería algo, cuando llegara el momento.