Capítulo 11: Archivos omake 1, 2 y 3
Salve a la Señora Tenebrosa Rowling.
Un «omake» es un extra no canónico.
ARCHIVOS OMAKE N.º 1: 72 horas hasta la victoria
También conocido como «Qué pasa si cambias a Harry pero mantienes constantes a todos los demás personajes».
Dumbledore miró por encima de su escritorio al joven Harry, con un brillo amable en los ojos. El niño había acudido a él con una expresión terriblemente intensa en su rostro infantil; Dumbledore esperaba que, fuese lo que fuese, no se tratara de nada demasiado grave. Harry era demasiado joven para que las pruebas de su vida hubieran empezado ya.
—¿De qué querías hablar conmigo, Harry?
Harry James Potter-Evans-Verres se inclinó hacia delante en la silla, sonriendo con gravedad.
—Director, durante el Banquete de Selección sentí un dolor agudo en la cicatriz. Teniendo en cuenta cómo y dónde conseguí esta cicatriz, no me pareció la clase de cosa que pudiera pasar por alto sin más.
Al principio pensé que era por el profesor Snape, pero seguí el método experimental baconiano, que consiste en encontrar las condiciones tanto para la presencia como para la ausencia del fenómeno, y he determinado que la cicatriz me duele si y solo si estoy mirando hacia la nuca del profesor Quirrell, o hacia lo que sea que tiene debajo del turbante.
Aunque podría tratarse de algo más inocuo, creo que provisionalmente deberíamos asumir lo peor: que es Quien-Tú-Sabes… Espere, no ponga esa cara de horror; en realidad esto es una oportunidad de valor incalculable…
ARCHIVOS OMAKE N.º 2: No me dan miedo los Señores Tenebrosos
Esta era la versión original del capítulo 9. Fue sustituida porque, aunque a muchos lectores les gustó, otros muchos tenían una alergia tremenda a las canciones en los fanfics, por razones que no hace falta explicar demasiado. No quería espantar a los lectores antes de que llegaran al capítulo 10.
Lee Jordan es, en el canon, el compañero de bromas de Fred y George. «Lee Jordan» me sonaba a nombre de hijo de muggles, lo cual implicaba que podría enseñarles a Fred y George una melodía que Harry reconocería. Para algunos lectores esto no fue tan obvio como lo era para el autor.
Draco fue enviado a Slytherin, y Harry soltó un pequeño suspiro de alivio. Parecía seguro que ocurriría, pero uno nunca sabía qué acontecimiento minúsculo podía alterar el curso de su plan maestro.
Se estaban acercando a la P…
Y, en la mesa de Gryffindor, se oía una conversación en susurros.
—¿Y si no le gusta?
—No tiene derecho a que no le guste…
—…después de la broma que le gastó a…
—…Neville Longbottom, se llamaba…
—…ahora mismo es un blanco tan legítimo como pueda serlo nadie.
—De acuerdo. Solo aseguraos de no olvidar vuestras partes.
—Las hemos ensayado bastantes veces…
—…durante las últimas tres horas.
Y Minerva McGonagall, desde el atril de la mesa de profesores, miró el siguiente nombre de la lista.
Por favor, que no sea Gryffindor, por favor, que no sea Gryffindor, POR FAVOR, que no sea Gryffindor…
Respiró hondo y llamó:
—¡Potter, Harry!
Se hizo un silencio repentino en el comedor al detenerse todas las conversaciones susurradas.
Un silencio roto por un zumbido horrible, que modulaba y cambiaba en una parodia espantosa de melodía.
La cabeza de Minerva giró de golpe, sobresaltada, e identificó que el zumbido venía de la dirección de Gryffindor, donde Ellos estaban de pie sobre la mesa, soplando en una especie de pequeños dispositivos apoyados contra Sus labios. Su mano empezó a bajar hacia la varita para lanzarles un Silencio a todos Ellos, pero otro sonido la detuvo.
Dumbledore se estaba riendo entre dientes.
Los ojos de Minerva volvieron a Harry Potter, que apenas había empezado a salir de la fila antes de tropezar y quedarse parado.
Entonces el niño siguió caminando, moviendo las piernas con extraños barridos, agitando los brazos de un lado a otro y chasqueando los dedos, todo sincronizado con Su música.
Con la melodía de «Ghostbusters».
Interpretada con kazoo por Fred y George Weasley, y cantada por Lee Jordan.
.
¿Hay un Señor Tenebroso? No te pongas tembloroso. ¿A quién vas a llamar?
—¡HARRY POTTER! —gritó Lee Jordan, y los gemelos Weasley ejecutaron un coro triunfal.
¿Lanza una maldición asesina? Bueno, hay cosas más dañinas. ¿A quién vas a llamar?
—¡HARRY POTTER!
Esta vez fueron muchas más voces las que lo gritaron.
Los Horrores Weasley pasaron a un aullido prolongado, acompañados ahora por algunos de los hijos de muggles de cursos superiores, que habían sacado sus propios aparatitos, sin duda transfigurados a partir de la cubertería del colegio. Cuando la música alcanzó su anticlímax, Harry Potter gritó:
¡No me dan miedo los Señores Tenebrosos!
Hubo vítores entonces, especialmente desde la mesa de Gryffindor, y más alumnos sacaron sus propios instrumentos antimusicales. Los horribles zumbidos redoblaron su volumen y crecieron hasta otro espantoso crescendo:
¡No me dan miedo los Señores Tenebrosos!
Minerva miró a ambos lados de la mesa de profesores, temerosa de mirar, pero sabiendo demasiado bien lo que iba a ver.
Trelawney se abanicaba frenéticamente, Flitwick observaba con curiosidad, Hagrid daba palmas al ritmo de la música, Sprout tenía una expresión severa y Quirrell miraba al niño con diversión sardónica. Directamente a su izquierda, Dumbledore tarareaba; y directamente a su derecha, Snape agarraba su copa de vino vacía con los nudillos blancos, apretándola con tanta fuerza que la gruesa plata se deformaba poco a poco.
¿Túnica negra y máscara? ¿Otra tarea fantástica? ¿A quién vas a llamar? ¡HARRY POTTER!
¿Mono de fuego gigante? ¿Vieja bruja con capa elegante? ¿A quién vas a llamar? ¡HARRY POTTER!
Los labios de Minerva se apretaron hasta formar una línea blanca. Tendría unas palabras con Ellos sobre ese último verso, si creían que ella era impotente porque era el primer día de clase y Gryffindor no tenía puntos que quitar. Si no les importaban los castigos, ya encontraría otra cosa.
Entonces, con un repentino jadeo de horror, miró en dirección a Snape; seguro que él se daba cuenta de que el chico Potter no tenía ni idea de a quién se refería aquello…
El rostro de Snape había ido más allá de la rabia y había llegado a una especie de placentera indiferencia. Una leve sonrisa jugaba en sus labios. Estaba mirando en dirección a Harry Potter, no a la mesa de Gryffindor, y sus manos sostenían los restos arrugados de lo que antes había sido una copa de vino…
Y Harry avanzó, barriendo con brazos y piernas en los movimientos del baile de Ghostbusters, sin dejar de sonreír. Era una puesta en escena magnífica; lo había pillado completamente por sorpresa. Lo mínimo que podía hacer era seguirles el juego y no estropearlo todo.
Todo el mundo lo vitoreaba. Eso le hacía sentirse cálido por dentro y, al mismo tiempo, algo así como horrible.
Lo estaban vitoreando por un trabajo que había hecho cuando tenía un año. Un trabajo que ni siquiera había terminado de verdad. En algún lugar, de algún modo, el Señor Tenebroso seguía vivo. ¿Lo vitorearían con tanto entusiasmo si lo supieran?
Pero el poder del Señor Tenebroso había sido quebrado una vez.
Y Harry volvería a protegerlos. Si de hecho había una profecía y eso era lo que decía. Bueno, en realidad, dijera lo que dijera cualquier maldita profecía.
Toda esa gente creyendo en él y vitoreándolo… Harry no podía soportar la idea de permitir que aquello fuese falso. De relucir un instante y apagarse como tantos otros niños prodigio. De ser una decepción. De no estar a la altura de su reputación como símbolo de la Luz, por mucho que la hubiera conseguido. Absoluta y positivamente, sin importar cuánto tiempo le llevara y aunque lo matara, cumpliría sus expectativas. Y luego seguiría adelante hasta superarlas, de modo que la gente, al mirar atrás, se preguntara cómo habían podido pedirle tan poco.
Y gritó la mentira que había inventado porque encajaba con la métrica y la canción la exigía:
¡No me dan miedo los Señores Tenebrosos! ¡No me dan miedo los Señores Tenebrosos!
Harry dio sus últimos pasos hacia el Sombrero Seleccionador mientras la música terminaba. Hizo una reverencia hacia la Orden del Caos en la mesa de Gryffindor, luego se volvió e hizo otra reverencia hacia el otro lado del comedor, y esperó a que se apagaran los aplausos y las risitas…
ARCHIVOS OMAKE N.º 3: Finales alternativos de «Autoconciencia»
La oferta de contarle toda la trama a cualquiera que adivinara qué era lo que «no había ocurrido nunca antes» provocó muchos intentos interesantes. El primer omake de abajo está tomado directamente de mi respuesta favorita, de Meteoricshipyards. El segundo está basado en la sugerencia de Kazuma sobre qué era lo que «no había ocurrido nunca antes»; el tercero, en una combinación de yoyoente y dougal74; el cuarto, en la reseña de wolf550e del capítulo 10. El que empieza con «K», y el que está justo encima, son de DarkHeart81. Los demás son míos.
Cualquiera que quiera tomar una de mis ideas y desarrollarla, especialmente la última, puede hacerlo. Y antes de que lleguen cien quejas indignadas: sí, soy perfectamente consciente de que el órgano legislativo del Reino Unido es la Cámara de los Comunes del Parlamento.
…En el fondo de su mente, se preguntó si el Sombrero Seleccionador sería genuinamente consciente, en el sentido de ser consciente de su propia consciencia, y, de ser así, si se sentía satisfecho con hablar únicamente con niños de once años una vez al año. Su canción parecía sugerirlo: Oh, soy el Sombrero Seleccionador y estoy bien, duermo todo el año y trabajo un día…
Cuando volvió a hacerse el silencio en la sala, Harry se sentó en el taburete y se colocó cuidadosamente sobre la cabeza aquel artefacto telepático de magia olvidada, de ochocientos años de antigüedad.
Pensó, con todas sus fuerzas:
¡No me selecciones todavía! ¡Tengo preguntas que hacerte! ¿Me han lanzado un Obliviate alguna vez? ¿Seleccionaste al Señor Tenebroso cuando era niño y puedes hablarme de sus debilidades? ¿Puedes decirme por qué obtuve la varita hermana de la del Señor Tenebroso? ¿Está el fantasma del Señor Tenebroso ligado a mi cicatriz y por eso me enfado tanto a veces? Esas son las preguntas más importantes, pero si tienes otro momento, ¿puedes decirme algo sobre cómo redescubrir las magias perdidas que te crearon?
Y el Sombrero Seleccionador respondió:
—No. Sí. No. No. Sí y no; la próxima vez no hagas preguntas dobles. No.
Y en voz alta:
—¡RAVENCLAW!
—Oh, cielos. Esto no había ocurrido nunca antes…
¿Qué?
—Soy alérgico a tu champú…
Y entonces el Sombrero Seleccionador estornudó con un poderoso «¡A-CHÍS!» que resonó por todo el Gran Comedor.
—¡Vaya! —exclamó Dumbledore jovialmente—. Parece que Harry Potter ha sido seleccionado para la nueva Casa Achís. McGonagall, tú puedes ser la jefa de la Casa Achís. Será mejor que te des prisa en preparar el plan de estudios y las clases de Achís; ¡mañana es el primer día!
—Pero, pero, pero… —tartamudeó McGonagall, con la mente casi completamente desordenada—, ¿quién será jefe de la Casa Gryffindor?
Era lo único en lo que podía pensar. Tenía que detener aquello de algún modo…
Dumbledore se llevó un dedo a la mejilla, pensativo.
—Snape.
El chillido de protesta de Snape casi ahogó el de McGonagall:
—Entonces, ¿quién será jefe de Slytherin?
—Hagrid.
¡No me selecciones todavía! ¡Tengo preguntas que hacerte! ¿Me han lanzado un Obliviate alguna vez? ¿Seleccionaste al Señor Tenebroso cuando era niño y puedes hablarme de sus debilidades? ¿Puedes decirme por qué obtuve la varita hermana de la del Señor Tenebroso? ¿Está el fantasma del Señor Tenebroso ligado a mi cicatriz y por eso me enfado tanto a veces? Esas son las preguntas más importantes, pero si tienes otro momento, ¿puedes decirme algo sobre cómo redescubrir las magias perdidas que te crearon?
Hubo una breve pausa.
¿Hola? ¿Tengo que repetir las preguntas?
El Sombrero Seleccionador gritó, un sonido agudo y espantoso que resonó por el Gran Comedor e hizo que la mayoría de los alumnos se taparan los oídos con las manos. Con un maullido desesperado, saltó de la cabeza de Harry Potter y cruzó el suelo a brincos, impulsándose con el ala, y llegó a medio camino de la mesa de profesores antes de explotar.
—¡SLYTHERIN!
Al ver la expresión de horror en el rostro de Harry Potter, Fred Weasley pensó más rápido de lo que había pensado en toda su vida. En un solo movimiento sacó la varita, susurró «¡Silencio!», luego «¡Cambialavozio!» y por último «¡Ventrilocuo!».
—¡Es broma! —dijo Fred Weasley—. ¡GRYFFINDOR!
—Oh, cielos. Esto no había ocurrido nunca antes…
¿Qué?
—Normalmente remitiría esas preguntas al director, que podría preguntármelas a su vez si así lo quisiera. Pero parte de la información que has solicitado no solo está por encima de tu propio nivel de usuario, sino también por encima del nivel de usuario del director.
¿Cómo puedo subir mi nivel de usuario?
—Me temo que no se me permite responder a esa pregunta con tu nivel de usuario actual.
¿Qué opciones están disponibles en mi nivel de usuario?
Después de aquello no tardó mucho…
—¡ROOT!
—Oh, cielos. Esto no había ocurrido nunca antes…
¿Qué?
—Ya he tenido que decirles a estudiantes que eran madres —se te rompería el corazón si supieras lo que he visto en sus mentes—, pero esta es la primera vez que tengo que decirle a alguien que es padre.
¿QUÉ?
—Draco Malfoy lleva a tu bebé.
¿QUÉÉÉÉÉÉ?
—Repito: Draco Malfoy lleva a tu bebé.
Pero si solo tenemos once años…
—En realidad, Draco tiene trece años en secreto.
P-p-pero los hombres no pueden quedarse embarazados…
—Y es una chica bajo esa ropa.
¡PERO NUNCA HEMOS TENIDO SEXO, IDIOTA!
—¡TE BORRÓ LA MEMORIA DESPUÉS DE VIOLARTE, IMBÉCIL!
Harry Potter se desmayó. Su cuerpo inconsciente cayó del taburete con un golpe sordo.
—¡RAVENCLAW! —gritó el Sombrero desde donde yacía sobre su cabeza.
Aquello había sido incluso más divertido que su primera idea.
—¡ELFO!
¿Eh?
Harry recordó que Draco había mencionado a un «elfo doméstico», pero ¿qué era eso exactamente?
A juzgar por las expresiones horrorizadas que empezaban a aparecer en los rostros a su alrededor, no era nada bueno…
—¡TORTITAS!
—¡REPRESENTANTES!
—Oh, cielos. Esto no había ocurrido nunca antes…
¿Qué?
—Nunca había seleccionado a alguien que fuese la reencarnación de Godric Gryffindor Y de Salazar Slytherin Y de Naruto.
—¡ATREIDES!
—¡Te he vuelto a engañar! ¡HUFFLEPUFF! ¡SLYTHERIN! ¡HUFFLEPUFF!
—¡ESTOFRESAS ENCURTIDAS!
—¡KHAAANNNN!
En la mesa de profesores, Dumbledore siguió sonriendo con aire benévolo; de vez en cuando llegaban pequeños sonidos metálicos desde la dirección de Snape, mientras este compactaba ociosamente los restos retorcidos de lo que antaño había sido una pesada copa de vino de plata; y Minerva McGonagall apretaba el atril con los nudillos blancos, sabiendo que el caos contagioso de Harry Potter había infectado al propio Sombrero Seleccionador.
Escenario tras escenario se desplegaba en la cabeza de Minerva, cada uno peor que el anterior. El Sombrero diría que Harry estaba demasiado equilibrado entre las Casas para ser seleccionado, y decidiría que pertenecía a todas. El Sombrero proclamaría que la mente de Harry era demasiado extraña para ser seleccionada. El Sombrero exigiría que Harry fuera expulsado de Hogwarts. El Sombrero habría entrado en coma. El Sombrero insistiría en que se creara una Casa de la Perdición entera solo para alojar a Harry Potter, y Dumbledore la obligaría a hacerlo…
Minerva recordó lo que Harry le había dicho durante aquel desastroso viaje al Callejón Diagon, sobre la… falacia de la planificación, creía que se llamaba… y sobre cómo la gente solía ser demasiado optimista incluso cuando pensaba que estaba siendo pesimista. Era la clase de información que se te metía en la cabeza, se instalaba allí y engendraba pesadillas…
Pero ¿qué era lo peor que podía pasar?
Bueno… en el peor de los casos, el Sombrero asignaría a Harry a una Casa completamente nueva. Dumbledore insistiría en que ella la llevara —crear una Casa completamente nueva solo para él— y tendría que reorganizar todos los horarios de clase el primer día del curso. Y Dumbledore la destituiría como jefa de la Casa Gryffindor y entregaría su amada Casa a…
El profesor Binns, el fantasma de Historia; y ella sería nombrada jefa de la Casa de la Perdición de Harry, e intentaría en vano darle órdenes al niño, restando punto tras punto sin efecto, mientras desastre tras desastre se le atribuía a ella.
¿Era ese el peor escenario posible?
Minerva, sinceramente, no veía cómo podía haber otro peor.
E incluso en el peor de los casos —pasara lo que pasara con Harry— todo habría terminado en siete años.
Minerva sintió cómo sus nudillos relajaban lentamente su agarre blanquecino sobre el atril. Harry tenía razón: había una especie de consuelo en mirar directamente a las profundidades más lejanas de la oscuridad, sabiendo que habías afrontado tus peores miedos y que ahora estabas preparada.
El silencio asustado fue roto por una sola palabra.
—¡Director! —llamó el Sombrero Seleccionador.
En la mesa de profesores, Dumbledore se levantó, con el rostro perplejo.
—¿Sí? —respondió al Sombrero—. ¿Qué ocurre?
—No estaba hablando contigo —dijo el Sombrero—. Estaba seleccionando a Harry Potter para el lugar de Hogwarts al que más pertenece, a saber, el despacho del director…