Quiero abrir el blog con una crítica. El tema de hoy es un día cualquiera en la vida del hombre moderno. Está escrito desde el punto de vista de «el sistema», signifique lo que signifique. Viene a ser, sobre todo, el gobierno y la dirección de la empresa para la que trabajas, como si fueran una sola entidad. Obviamente no lo son, pero así es más divertido y, además, describe mejor cómo se siente mucha gente hoy en día.

Espero que este tema deprimente al menos te saque una sonrisa. La ironía va subiendo poco a poco.

Un día cualquiera en la vida del «hombre» moderno

Ya sabes cómo funciona esto. Empiezas el día y tienes que prepararte para ir a la oficina a hacer exactamente el mismo trabajo que hacías igual de bien cuando teletrabajabas todos los días. Te echábamos de menos, y además nos dio la impresión de que empezabas a ver que otra vida era posible, así que hubo que corregir el malentendido.

Pero pensemos un segundo. ¿Qué hace falta para que puedas siquiera llegar a la oficina?

No hablo de la cadena de suministro de la gasolina, de la infraestructura de carreteras ni de todas esas cosas objetivas. Hay otros requisitos, más humanos, para completar esta tarea monumental. Tu coche tiene que tener seguro, cosa que, vale, probablemente te parezca razonable. También tiene que haber pasado la ITV para demostrar que es seguro conducirlo (discutible, quizá) y que no contamina demasiado (discutible y discutido por prácticamente todo el mundo fuera de Bruselas). Además, si quieres conducirlo por tu propia ciudad, necesita una pegatina que diga que es ecológico, o algo así. Pero tranqui: puedes conseguir la pegatina siempre que tu coche no sea muy viejo. Si lo es, quiero decirte que estás siendo un niño muy malo que no piensa en el medioambiente. En vez de comprarte un vehículo de dos toneladas respetuoso con el planeta, eliges seguir usando un diésel muy eficiente de principios de los 2000. Necio.

Pero hay solución incluso para cochinos como tú. Puedes hacer papeleo para que el coche figure debidamente como residente en tu ciudad. Para eso necesitas que el otro ayuntamiento esté de acuerdo y renuncie al impuesto de circulación que cobra por él (buena suerte). Pero eh, si lo consigues, problema resuelto… salvo si la ciudad donde trabajas no es la misma en la que vives, claro está. Entonces toca cruzar los dedos para que exista una ruta válida desde tu casa hasta la oficina. Suponiendo que exista, ahora tienes que respetar unos límites de velocidad que nos hemos sacado del culo. Necesitamos que vayas más despacio para que tengas tiempo de arrepentirte de tus decisiones vitales. Además, hemos observado que muchos de vosotros os empeñáis en no superar nunca los límites de velocidad, y eso nos produce una gran satisfacción porque refuerza vuestra obediencia natural. Bien hecho: has apartado tu atención de la carretera para mirar obsesivamente el velocímetro. Priorizas nuestra satisfacción sobre tu seguridad, como debe ser.

Y hablando de seguridad, te vamos a grabar mientras conduces para asegurarnos de que llevas puesto el cinturón. Antes había gente que pensaba que su bienestar personal era asunto suyo y solo suyo, pero por suerte esa opinión está en claro retroceso. No queremos que te mueras y dejes de pagar impuestos. Aunque, para ser sinceros, incluso muerto seguirías pagando.

Como ves, hacen falta bastantes cosas para llevar tu cuerpo vacío y sin alma hasta la oficina. Pero lo has conseguido ¿Enhorabuena? Tu recompensa será un poquito más de vigilancia. “Un poquito” en TU opinión, ojo, no en la de todo el mundo. Para seres humanos dignos sería un nivel de control inaceptable, pero tú no naciste en el siglo XIX ni nada por el estilo, ¿verdad? Estás más domesticado que eso. Vamos a ver qué premio te llevas ahora que has llegado a la oficina.

Te esperan más cámaras al entrar en el edificio —razonable— y también dentro —no tan razonable, en opinión de algunos—. Ah, no, tranquilo, esas cámaras no te apuntan mientras trabajas. ¡Eso sería ilegal! Están ahí simplemente para, eh, vigilar los pasillos. Es importante vigilar los pasillos. ¿Que te parece sospechoso poner cámaras de 360 grados para vigilar un pasillo recto? Venga ya, no seas crío. Por supuesto que no te están grabando mientras trabajas. Eso sería ilegal.

Pero espera, que el portátil que te hemos dado también tiene cámara y micrófono. Qué despiste, casi se me olvida. Es una necesidad, ¿entiendes? Un micrófono que pudieras conectar y desconectar a voluntad te daría demasiada autonomía. Con un sistema así no tendrías que confiar en una cadena de suministro mundial, en un sistema operativo de código cerrado diseñado para espiarte, en tu empleador, etcétera. ¿Qué sociedad dirías que es mejor: una donde hay más confianza o una donde hay menos? La respuesta es obvia. Confiarás y serás feliz.

Hablando de confianza, quizá también leamos tus mensajes de Microsoft Teams. Quizá, recuerda; no necesitamos hacerlo de verdad. Solo necesitamos que sepas que podríamos estar mirando. Como en el panóptico. Si no sabes qué es ni cómo se supone que funcionaba, no te preocupes: sigue trabajando como siempre. Lo bonito es que realmente da igual si sabes lo que es o no, solo necesitamos que sepas que podríamos estar observándote ¡Ni siquiera necesitamos ser buenos espiándote! El mensaje que quiero que te lleves es este: al final, da un poco igual lo que digas o pienses, así que deja de protestar tanto, va? Gracias.

Pero espera, hemos pensado que quizá el portátil no baste. ¿Y si en algún sitio, en algún momento de toda tu vida laboral no puedes llevarlo encima? ¿Qué harás sin tu ángel de la guarda observándote? Mejor prevenir que curar: te daremos otro dispositivo de espionaje, más portátil, al que llamamos smartphone porque, seamos sinceros, alguien tiene que ser “smart”, y no vas a ser tú.

¿No estás de acuerdo? Pues a ver si me consigues explicar esto: si eres tan listo, ¿por qué vas por ahí con otro dispositivo igual, uno que además has pagado tú? ¿Te das cuenta de lo fácil que fue ponerte un móvil de empresa cuando yatenías uno personal? ¿Lo fácil de justificar que ha sido? No quiero ser grosero, pero a estas alturas hemos abusado tanto de tu privacidad, tienes el culo tan abierto, que ya ni sientes nada. Y te da igual.

Vale, lo siento. Veo que todo esto igual te está poniendo triste. Es comprensible, pero asegúrate de no exteriorizarlo de ninguna manera, porque recuerda: no eres el único que lleva encima el dispositivo de espionaje. Lo lleva todo el mundo. No cometas errores, porque te los van a grabar. Todos habéis recibido un fuerte condicionamiento para sacar el móvil y grabar al primer indicio de que ocurre algo mínimamente llamativo. Así que incluso si recuerdas una época en la que eras «libre», más te vale no actuar como si siguieras siéndolo, porque te van a joder. Repito: no cometas un solo error.

Está bastante claro que la vigilancia debería convertirte en un buen chico. Pero, por si acaso se te ocurriera actuar como si tuvieras opciones, nos hemos asegurado de que no sea posible. Nos hemos encargado de impedir que se construya vivienda nueva y, al mismo tiempo, hemos traído una enorme población inmigrante. Sí, eso empuja los precios al alza, pero piénsalo: tenemos varias propiedades, y nos viene bien que suba nuestro patrimonio. Aunque el beneficio más importante es este: no estás teniendo hijos. Ninguno de vosotros los tiene, porque no podéis permitíroslo y porque a toda una generación de mujeres le han lavado el cerebro para hacerle creer que tener hijos se parece bastante a morirse. Entonces, ¿cómo conseguimos que sigas motivado para trabajar? ¿Recuerdas eso de «hazlo por ella», lo de Maggie Simpson? Tú no tienes nada parecido, y algo habrá que hacer. Insistimos: necesitamos tus impuestos. Pagar un alquiler o una hipoteca enormes evitará que tengas pensamientos raros sobre vivir con independencia y te mantendrá pegado a tu puestito. Por todo eso hacen falta precios altos. Así de simple.

Por supuesto, no es una conspiración. Simplemente hemos ido convergiendo hacia este sistema. Pero tampoco tenemos muchas ganas de cambiarlo porque, como ves, tiene muchísimos beneficios. «Beneficios» es aquí un término relativo que no necesariamente te incluye a ti. De hecho, no te incluye en absoluto.

Ah, pero tú has encontrado la forma de ganar más de lo que gastas y estás ahorrando de verdad. Impresionante. Debes de haber dedicado muchísimo tiempo y esfuerzo a volverte útil para nosotros. Bueno, mucha suerte con tus fantasías de independencia financiera. Te llevará tiempo comprar tu libertad. Mientras tanto seguiremos cosechando tus impuestos, y pronto entenderás que, para conservar la promesa de una pensión pública cuando te jubiles, tendrás que seguir rindiendo. Ni sueñes con aceptar una bajada de sueldo a cambio de dedicarte a algo que te llene más: te estropeará el historial de cotización a la seguridad social. Te concederemos dos años como mucho; esos podemos ignorarlos. Los otros veintisiete esperamos que pagues.

¿Cómo? ¿No entiendes por qué contamos los años trabajados y no cantidades de dinero aportadas? Necio. Eso sería demasiado individualista y demasiado justo. Tienes que entender que no nos importa solo el dinero que te quitamos. También nos gusta verte en tu sitio. Lo mejor que podemos ofrecerte es que intentes subir por la escalera corporativa y hacerte más útil para nosotros. ¡Haz que nos sintamos orgullosos!

Comentario final

Llevo un tiempo sintiéndome así y supongo que necesitaba sacármelo de dentro. Sigo intentando averiguar cómo vivir una vida más decente, pero mientras tanto voy aguantando lo mejor que puedo, con la esperanza de que mi forma de verlo mejore de alguna manera o de que, al menos, encuentre más sentido a vivir así. Intento ser ese liberto, ya que estoy entre los afortunados que pueden ahorrar. Procuro recordarme que tengo muchísima suerte en muchos sentidos, pero hay días en los que simplemente no puedo.

En fin, si esto te ha resonado aunque sea un poco, te deseo lo mejor. Escríbeme si quieres comentar cualquier cosa; sería divertido.

Hasta la próxima.