Llevo unos días leyendo a Aristóteles y lo estoy disfrutando. Vamos a plantear un caso hipotético. Lo de los nombres raros es porque así se sigue mejor, y salvo Diestro todos son nombres de verdad.

Coraje

Diestro lleva años practicando MMA. Confía en que, en la mayoría de los casos, puede con un agresor que amenace a sus amigos o a su familia. Sí teme salir herido (bastante, de hecho), pero sabe que a estas alturas es lo suficientemente competente como para que sea poco probable. Sin embargo, en caso de tener serias dudas, saldría corriendo, incluso si supone abandonar a los suyos.

Andrés, por su parte, nunca se ha visto envuelto en una pelea de verdad. No porque las evite, simplemente ha tenido un buen entorno y un poco de suerte. Nunca sintió la necesidad de aprender a dar un puñetazo o una patada, pero tampoco le teme mucho a pelear. Puede que lo sepa o puede que no, pero jamás huiría si tuviera que proteger a los suyos, aunque las probabilidades de perder, salir herido o incluso fracasar en el intento fueran altas.

Dos preguntas:

  1. ¿Quién es más valiente?
  2. ¿A quién preferirías tener cerca si hay problemas? (Asumiendo que sabes todo lo de arriba, tendencias a la huida incluidas).

Creo que Andrés es más valiente, pero en la mayoría de los escenarios preferirías tener a Diestro cerca.

La moraleja es que la habilidad puede sustituir a la virtud entendida en sentido estricto: si tuviéramos que elegir, muchas veces preferiríamos contar con alguien competente antes que con alguien “meramente” virtuoso. Claro que querríamos ambas cosas, pero ¿cuál es preferible? Y, ¿para qué queremos la virtud exactamente?

Para Aristóteles, la respuesta es bastante clara: quieres ser virtuoso porque eso forma parte de la buena vida (eudaimonía),1 que es el propósito (telos) del ser humano.

Al filósofo podríamos responderle más o menos así:

¿Cuán eudaimónica es una vida como la de Andrés? Si tus seres queridos salen heridos porque fuiste valiente pero incompetente, ¿eso es vivir bien? Que sí, hay cierto consuelo en haberlo intentado, en haber demostrado que te importaba, que eres una persona noble, etcétera. Pero, aun así, tu familia sufrió bajo tu cuidado.2

Obviamente, es un falso dilema: se puede tener tanto virtud como competencia. De hecho, el entrenamiento de MMA seguramente hizo a Diestro más valiente. Cualesquiera que fueran los miedos irracionales que tenía hacia pelear, seguramente ya han desaparecido. A estas alturas debe saber que recibir un puñetazo en la cara no es para tanto, y que aquello a lo que de verdad debería temer es a otra cosa, como quedar parapléjico y cosas así. Este último temor, Aristóteles lo aprobaría: parte de ser valiente consiste en temer las cosas en la proporción justa a lo malas que realmente son. Pero también lo es superar el dolor físico y psicológico y hacer lo que es noble a pesar de ello.3 Eso es lo que le falta a Diestro: la capacidad de vencer sus miedos por lo noble. Nosotros, en el siglo XXI, podríamos añadir que lo que le falta es un compromiso real con hacer lo que está moralmente obligado a hacer.4

¿Qué deberían hacer Diestro y Andrés?

Aunque Aristóteles sí señala a la gente por omisiones como ser ignorante cuando no debería serlo, no estoy seguro de que criticara a Andrés por su falta de competencia. Hagámoslo nosotros.

Si eres incapaz de cumplir un deber moral, y lo sabías, y era algo que se podía remediar, has sido negligente en términos morales. O, dicho de forma menos dura, al menos serías más virtuoso si arreglaras la situación que si no lo hicieras. Al decir esto, estamos ampliando el concepto de virtud para que incluya cierto grado de habilidad, para recoger un poco la necesidad de conseguir también buenos resultados.

Para verlo más claro, supongamos que eres padre y tienes XX horas que estás dispuesto a dedicar a mejorar la seguridad de tu familia. Estas son algunas de las cosas en las que podrías invertir ese tiempo si aún no las tienes:

  1. Ponerte en forma.
  2. Aprender artes marciales.
  3. Aprender a disparar, si tienes un arma o puedes conseguir una.
  4. Aprender a desescalar situaciones delicadas.
  5. Aprender primeros auxilios.
  6. Averiguar qué lugares son peligrosos (por ejemplo, si vas a viajar).
  7. Mejorar tu coraje, en el sentido de estar más dispuesto a soportar dolor por los demás.

Creo que lo virtuoso aquí es dedicar tu tiempo a aquello que más reduzca la probabilidad de que tu familia sufra algún daño. Pero fíjate que solo el último punto mejora el coraje en sentido estricto. Y ni siquiera está claro cómo hacerlo: necesitaríamos concretarlo más, y aun así no estoy seguro de que marcara una diferencia apreciable (aunque estoy encantado de escuchar ideas).

Volviendo a la pregunta inicial, Andrés probablemente debería dedicar algo de tiempo a varias de las cosas de la lista. Y quizá Diestro debería dedicar algo de tiempo a reflexionar sobre qué tipo de hombre quiere ser ¿Es su propia seguridad tan valiosa como para estar dispuesto a traicionar a quienes cuentan con él y no pueden protegerse a sí mismos? ¿Qué es exactamente lo que intenta proteger?

Ser lo bastante competente como para ayudar a otros

Hay personas muy dispuestas a ayudar a los demás, y todos lo apreciamos cuando es así. Nos conmueve especialmente cuando son los niños quienes lo hacen, porque reconocemos su buen carácter y sus ganas de crecer. Pero los niños en realidad no son de gran ayuda (por decirlo suavemente), más bien estorban. Lo aceptamos contentos porque nos gustan los niños y es bueno que aprendan a ser útiles. Los animamos y les damos tareas, y cruzamos los dedos para que no la líen demasiado.

Sin embargo, si de adulto tu ayuda resulta más una carga que una ayuda real, te está faltando una dimensión importante de la virtud, y los demás van a percibir tu situación de manera muy diferente a la de un niño. La gente seguirá apreciando la intención que hay detrás: que te importa y que quieres demostrar tu cariño ayudando. Pero, al final, si no eres un mínimo de competente, preferirán que no hagas nada.

Para mí, una persona virtuosa es alguien a quien, cuando ofrece ayuda, los demás la aceptan con gusto. Alguien que da tranquilidad a los otros porque saben que, si te encargas, el asunto está básicamente resuelto. En resumen, ser fiable es una virtud.5

No solo competencia

Ya lo insinué antes, pero la elección no es solo entre mejorar la virtud en sentido estricto o mejorar tu habilidad/competencia. También se puede aprender a evitar las situaciones peligrosas. La mejor prueba del carácter de uno, en estas cosas, es la que no llega a darse. Por ejemplo, muchos evitamos comprar comida basura porque sabemos que es más fácil resistir la tentación cuando esta ni siquiera existe. No estamos ejercitando la virtud de la templanza (¿como quizás querría Aristóteles?6) porque simplemente no hay comida basura en casa. Y sin embargo, está claro qué enfoque da mejores resultados.

Pintura de Ulises atado al mástil

Así se siente no traer galletas a casa

Otro ejemplo. Si sabes que es probable que engañes a tu pareja cuando bebes alcohol con cierta gente, lo virtuoso probablemente sea no beber, y no intentar convertirte mágicamente en el tipo de persona que no lo haría ni borracha. Es más, no está nada claro cómo podrías entrenarte para resistir esa tentación sin arriesgarte a caer en ella primero.

Sobre la generosidad y ganar dinero

Aristóteles tiene una visión bastante moderna de la generosidad. A la hora de dar, no le importa demasiado el tamaño de la donación en términos absolutos; más bien, su definición de generosidad tiene que ver con cuánto das en relación con cuánto tienes.7

Pero consideremos otros dos personajes:

A Prudencio (sí, Prudencio, qué pasa) siempre le importó conseguir un buen trabajo. Eligió una carrera con salida laboral y se esforzó por ser un buen candidato para las empresas. En buena medida su motivación era no convertirse en una carga para nadie y estar en posición incluso de ayudar a otros. Es generoso con sus amigos y familiares (en cuanto a cuánto reparte), aunque no le resulta fácil, pese a tener dinero. Prácticamente se obliga a hacerlo.

Imagen generada por IA de la fábula de la hormiga y la cigarra de Esopo

Un poco de AI slop, para que te deleites. ¿Se equivocó la hormiga al negar su ayuda?

A Generosa ( :) ) nunca le importó mucho el dinero, ni hacerse muy “contratable”. Siguió su pasión y ahora a duras penas puede mantenerse. No es una carga para nadie, pero tampoco le sobra mucho. Como su nombre indica, es generosa y le sale de forma natural, pero solo puede dar hasta cierto punto antes de quedarse sin poder pagar sus propias facturas, así que se contiene.

¿Quién es más generoso de los dos?

Según Aristóteles, la respuesta probablemente sea Generosa, porque es quien tiene el hábito de (o una fuerte inclinación a) dar, siempre y cuando no se quede sin lo que ella misma necesita para vivir.8

Como podrás imaginar, mi respuesta es Prudencio.9 ¿Por qué?

Cuando Generosa eligió un camino profesional con pocas probabilidades de darle una vida decente (en el sentido de tener un colchón de dinero razonable y cierta capacidad de ahorro), asumió un riesgo. Si alguna vez la despidieran y no encontrara otro trabajo rápido, podría necesitar la ayuda de otros. Parte de ese riesgo, por tanto, recae sobre su familia, sus amigos, o sobre el estado y, en última instancia, los que pagan impuestos. Son todos estos quienes iban a tener que cubrirla. Porque sí, a la gente la despiden todo el tiempo sin que sea su culpa, pero el hecho es que esto ocurre, se sabe que ocurre, y Generosa es quien se está colocando voluntariamente en esta posición frágil. Es ella la que se pone en una situación que puede acabar impidiéndole ejercer su generosidad, e incluso obligarla a recibir de otros. Además, le complica moralmente las cosas a los demás, que ahora tienen que decidir si ayudarla, hasta qué punto, si eso resolverá el problema, etc., decisiones que preferirían no tener que tomar.10 Esto no significa que sea una mala persona, obviamente, o que sus decisiones vitales estén mal. La gente tiene derecho a elegir carreras arriesgadas y aceptar fragilidad financiera. Pero externalizar ese riesgo hacia otros tiene un coste real, y yo no lo llamaría generosidad. Lo más generoso sería prepararse de antemano para reveses previsibles.

En resumen, la preparación de Prudencio es un acto de generosidad, y para mí sí cuenta.

Lo anterior se puede generalizar a la sociedad

Lo que hemos discutido hasta ahora no aplica solo a los individuos. No me voy a poner político, pero, sobre todo con el ejemplo de la generosidad, puedes imaginar un país pobre donde la gente ha aprendido, de alguna manera, a ser extremadamente generosa, y otro donde la gente simplemente es rica, tiene mucha menos necesidad de ser generosa y casi nunca se la pone a prueba en ese sentido. Es fácil ver que el segundo país es preferible, aunque sea menos generoso.

Así que lo que dijimos antes parece trasladarse también a las sociedades en su conjunto. De hecho, en nuestros propios países solemos diseñar las cosas precisamente para hacerlas menos propensas a poner a prueba a la gente: consideramos mejores los sistemas que no necesitan héroes para funcionar. No queremos que los bomberos o los pilotos tengan que ser héroes, queremos que todos los protocolos y herramientas estén en su sitio para que, en la medida de lo posible, sea simplemente un trabajo más. Por supuesto, ninguna cantidad de “ingeniería” eliminará del todo la necesidad de virtud, pero en la medida en que sea posible, podemos, debemos y de hecho diseñamos las cosas para que sean aburridas en este sentido.

Aristóteles también es interesante aquí porque le da importancia a las leyes y (me parece que) también a la cultura. Esto se acerca al pensamiento sistémico del que hablaba antes. Quiere que la gente interiorice las virtudes mediante una buena educación y buenos hábitos, en lo cual, según él, el estado puede ayudar.

Comentarios finales

Una persona moralmente buena es aquella que se preocupa por producir buenos resultados. Lo persigue cultivando un buen carácter, volviéndose competente y organizando las cosas de modo que las situaciones difíciles surjan pocas veces. Procura que la gente no se vea sometida a pruebas morales innecesarias, pero es de fiar cuando finalmente llegan.


  1. A veces se traduce como una vida “feliz”, pero el término se refiere a algo más cercano a florecer o vivir y actuar bien a lo largo de una vida completa. ↩︎

  2. Para Aristóteles, el coraje está, de hecho, en un punto medio entre la cobardía y la temeridad, así que se puede fallar en ambas direcciones. De hecho, muchas virtudes son una especie de punto medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto. ↩︎

  3. Curiosamente, la mayor parte de la discusión sobre el coraje en la Ética a Nicómaco tiene que ver con defender la ciudad-estado más que con defender específicamente a los seres queridos, así que supongo que estoy acotando su concepto de esta virtud en el ejemplo anterior. De hecho, la máxima expresión del coraje sería dar la vida, sobre todo cuando ya se está viviendo una vida eudaimónica, ya que en ese caso es cuando más se pierde al morir. ↩︎

  4. Una consecuencia interesante de este ejemplo es que el carácter de una persona (en este caso el coraje o su ausencia) es más fácil de medir en el caso de Andrés que en el de Diestro. Como Diestro es tan competente, es poco probable que se encuentre nunca en una situación que lo lleve al límite y revele un carácter defectuoso. Lo mismo le pasaría a Andrés si se volviera competente: puede que nadie llegue a saber lo bueno que realmente es. ↩︎

  5. Tengo un primo al que admiro mucho precisamente por ser extremo en esto. Siempre está aprendiendo a hacer cosas que de ayudan a los demás, y a estas alturas es tan competente que estamos encantados de contar con él para cualquier cosa. Un problema, de hecho, es que creo que hemos llegado a depender demasiado de él, y que los demás deberíamos mejorar para aliviarle la carga. No es que él se haya quejado nunca, pero bueno. ↩︎

  6. Aristóteles no te iba a decir que debas exponerte voluntariamente a situaciones tentadoras para aprender, pero: a) leyéndole se podría concluir que pequeñas pruebas como estas podrían ser buenas para la habituación o el crecimiento moral; y b) una persona verdaderamente virtuosa, según él, ni se preocuparía por tener esas tentaciones en casa, porque ni siquiera sentiría la tentación de comer comida basura en exceso. ↩︎

  7. Sí tiene una virtud aparte para los gastos “magníficos”, pero parece aplicarse sobre todo a la financiación de grandes proyectos públicos y religiosos. ↩︎

  8. Aun así, Aristóteles sí dice algunas cosas que favorecen el caso de Prudencio: “Tampoco descuidará sus propios bienes [el hombre generoso], puesto que desea, por medio de ellos, ayudar a otros.” (Ética a Nicómaco IV.1, 1120b1–5). Mi argumento aquí es que el propio acto de generar y conservar riqueza puede ser en sí mismo generoso cuando se hace, en parte, para poder seguir en posición de ayudar a otros. Dice algo de tu generosidad el que te preocupes específicamente por no ser una carga para los demás y te esfuerces en lograrlo, aunque eso implique renunciar a otras cosas en el proceso. ↩︎

  9. Aristóteles quizás también elogiaría la phronesis, la sabiduría práctica, de Prudencio, porque entendió que el dinero es un instrumento para hacer buenas acciones y orientó su vida en esa dirección. Pero no creo que lo llamara generoso específicamente. Vamos un poco tarde para preguntarle a Aristóteles. ↩︎

  10. Imagina que Generosa pide, digamos, un préstamo de 10.000 euros. Estas son algunas de las cosas que la otra persona podría pensar (y seguramente muchos pensarían): “Pero nadie la obligó a estudiar eso”, “¿De verdad ha intentado buscar otros trabajos en serio?”, “Entonces, ¿ha sido tan generosa hasta ahora solo por si pasaba esto? ¿Me ha estado pagando una especie de prima de seguro?”, “¿De verdad perdió el trabajo o hay algo más que no me esté contando?”, “¿Me lo devolverá?”, “¿Por qué no la ayuda su familia?”, “Alicia es mucho más amiga suya, ¿por qué no la ayuda? ¿Se lo ha pedido?”, “¿Por qué 10.000?”, “¿Y si tarda una eternidad en devolverlo y hay inflación de por medio? ¿Va a compensarme por eso? ¿Puedo pedírselo?”, “¿Estoy pensando todo esto porque en realidad no quiero prestarle el dinero?”, “¿Me sentiré mal si no le presto el dinero? ¿Me quedará cargo de conciencia toda la vida?”. Ya ves que este tipo de situaciones pueden llegar a ser incomodísimas para todos. ↩︎