Reflexiones sobre el autocompromiso
Comprometerse a algo es difícil, entre otras cosas, porque vas a acabar reevaluando si vale la pena justo cuando te toque llevar a cabo las acciones a las que te habías comprometido. Esto ocurre sobre todo en el caso de los compromisos que haces contigo mismo.
He estado pensando en esto en el contexto de estudiar mates. Cuando estudio, soy excesivamente consciente de lo grande que es el compromiso en términos de tiempo. Y a veces, cuando miro a una sesión de estudio de manera individual, parece una pérdida de tiempo. Tipo: “Genial, ya sé resolver este tipo de ecuaciones diferenciales ordinarias que nunca van a aparecer en la vida real, y aunque aparecieran, seguramente podría simularlas, o quizá usar una calculadora simbólica, o preguntarle a una IA. Nice :)))))!” Pero a largo plazo, estas sesiones aparentemente inútiles sí se acumulan y me hacen parecerme más a la persona que quiero ser. La cosa es que, cuando llega por fin el momento de hacer el esfuerzo, ya no parece tan claro eso de que valga la pena (por lo que sea).
El resultado es que, cuando estoy en la biblioteca, estoy haciendo dos cosas: problemas de matemáticas (o leyendo teoría de forma activa), por un lado; y reevaluando si merece la pena, por otro. Es agotador y hace que estudiar mates sea mucho más costoso de lo que ya es de por sí.
Entonces, ¿cómo conseguimos callar esas vocecitas? Al parecer, el consejo desde la Terapia Metacognitiva / Terapia de Aceptación y Compromiso es reconocer estos pensamientos, pero “defusionarlos” (tremendo palabro). Simplemente, contestas: “Ahora no, estúpido cerebro, el momento acordado para pensar en esto es al final de la semana. Pensaremos en ello, pero ahora no”.
Puede que se te hayan ocurrido un par de alternativas como: “Ahora no, estúpido cerebro, punto”. O: “Sí, estúpido cerebro, estudiar esto es absolutamente imprescindible; de hecho, tengo todas las razones que demuestran por qué aquí apuntadas y las voy a leer ahora mismo para recordártelas”. Ninguna de esas dos cosas (suprimir el pensamiento o reabrir el caso a debate, respectivamente) va a funcionar. Por qué?
Suprimir el pensamiento falla porque te obliga a monitorizar si el pensamiento ha desaparecido, lo que mantiene el pensamiento activo: “¿estoy pensando en ello?” ya es pensar en ello. “No pienses en un oso polar”, y va y se te aparece un oso polar en la cabeza, a que sí? Y esto a pesar de mi orden directa de no pensarlo, ya te vale.
Por otro lado, discutir con ese pensamiento intrusivo también falla porque trata esa interrupción como si fuera una demanda legítima atención; cada vez que paras para debatirla, refuerzas la idea de que merecía la pena perseguir ese pensamiento, de que ahí hay una preocupación real que necesita ser atendida. Así que tu cerebrito/voces te lo volverán a preguntar más tarde, para ver si estás seguro. Ugh.
Lo que tiene algún viso de funcionar, como digo, es la defusión, pero solo si se hace bien. Para que funcione, el plan de compromiso tiene que ser creíble, incluidas las fechas de reevaluación. Si simplemente dijeras: “Ahora no, estúpido cerebro, evaluaremos si vale la pena el esfuerzo… pero el 1 de enero de 2070”, ¿crees que eso te convencería a ti? Recuerda que el “estúpido cerebro” en realidad eres tú, y no va a colar.
Así que tiene que ser más bien un: “¿Durante cuánto tiempo estoy seguro de que puedo comprometerme plenamente a hacer esto (salvo pasase algo muy extraño)?”. No confundiendo tus deseos con la realidad, sino en serio: en el fondo, cuánto tiempo crees que puedes dedicarle? Cuánta energía tienes realmente? Etcétera. Hay otros objetivos que previsiblemente van a estar compitiendo por tu tiempo/atención? Si es así, quizá deberías rebajar la ambición de tu plan a algo que encaje con esos otros objetivos, o pensar seriamente si de verdad quieres priorizar aquello a lo que quieres comprometerte y dejar lo demás de lado. Si solo puedes comprometerte a estudiar la asignatura X durante un mes porque después estarás presionado para hacer otra cosa, tu compromiso debería durar un mes, y quizá una posible fecha de reevaluación podría ser después de dos semanas. Eso sí es un plan creíble, y es fácil mantenerte convencido de que tu fecha de reevaluación de si vale la pena es real. Simplemente ponte un recordatorio en el móvil en la fecha en la que toca reevaluar y tus vocecillas interiores deberían callarse. Esperemos.
Al final del día, gran parte de tener éxito en este tipo de compromiso consiste en formar un hábito, pero es difícil. Lo dicho arriba es una herramienta para ayudarte a establecer dicho hábito, o eso creo que debería ser.
Para serte sincero, esta es la primera vez que pienso en ello de esta manera, a pesar de llevar años teniendo problemas con esto. Así que ya escribiré de nuevo para contar qué tal ha ido una vez que lo haya probado de verdad. Mi plan de hoy es formular un plan creíble de este tipo y a ver qué tal.
Tengo otro proyecto que, aunque es interesante en sí mismo, también tiene una probabilidad decente de ayudarme a cumplir mis objetivos. Es el otro palo que voy a tocar a ver si funciona. Pero aún no he terminado de escribir el post sobre ello porque va a ser largo. Quizá lo tenga publicado aquí este fin de semana. Debería, porque la idea es empezar este proyecto el lunes y tener escrito exactamente cómo va a funcionar algo antes. Ya veremos!
Ojalá esto te ayude a ti también, ni que sea a tener otra perspectiva sobre cómo abordar estos problemas.
Bye